Si algo nuevo caracteriza este período preelectoral es la generalizada apatía de las campañas políticas de los partidos, frentes, alianzas, uniones y rejuntes que se presentan al veredicto de la ciudadanía el próximo 28 de octubre.
Si algo nuevo caracteriza este período preelectoral es la generalizada apatía de las campañas políticas de los partidos, frentes, alianzas, uniones y rejuntes que se presentan al veredicto de la ciudadanía el próximo 28 de octubre.
El fervor de militantes y simpatizantes reunidos en grandes actos de cierre de campaña transmitidos por la televisión hace tiempo que no integra el menú de los políticos, quizás por temor a no poder reunir un número significativo o porque la “pasión militante” fue poco a poco reemplazada por la reprobable práctica de “trabajo remunerado de militante”. Así fue que en lugar de las concentraciones públicas los asesores de imagen sugirieron el uso y hasta el abuso de los medios de comunicación, principalmente la televisión, para difundir las propuestas y planes de futuros gobiernos.
Pero la posibilidad de conocer a los candidatos a los distintos cargos también se fue limitando. “Mejor que solo hable el primero de la lista o el que aspira al más alto cargo, no vaya a ser que algún otro diga algo inconveniente que nos haga perder” y con ese consejo de consultores y especialistas de a poco los ciudadanos fuimos perdiendo el derecho de conocer a quienes tendrán la función de gobernarnos y representarnos.
Para poder satisfacer nuestro interés de conocer qué harán nuestros próximos mandatarios centramos nuestras expectativas en los que en otras latitudes son prácticas comunes, los debates públicos. Posibilidad frustrada, primero para los candidatos a la Presidencia de la Nación, después para sus vices y por último para los primeros de las listas a legisladores nacionales. Para estas elecciones ni siquiera podremos analizar el significado de una “silla vacía”.
No se trata de asignar culpas a candidatos o a asesores de campañas, se trata de advertir que si este escenario es posible, necesariamente debe existir una sociedad que no demanda más, que ha perdido interés por la “cosa pública” y que más que buscar a quienes la representen y controlar el ejercicio de esa representación busca delegar responsabilidades durante un tiempo.
Con tiempo más que suficiente Pesca & Puertos requirió a los candidatos a presidente conocer cuáles serían los principales ejes de su política pesquera en caso de ganar las próximas elecciones. Rápidamente respondieron Cristina Fernandez de Kirchner, Elisa Carrió y Ricardo Lopez Murphy mientras que hicieron silencio de radio Roberto Lavagna, Jorge Sobisch, Alberto Rodríguez Saá, Vilma Ripoll y Fernando Solanas. De las tres amables respuestas recibidas solo la doctora Carrió nos envió una propuesta de desarrollo pesquero que integra su Plan Productivo 2007-2011 elaborado por los equipos técnicos de la Coalición Cívica. De los otros seguimos esperando.
Por ello, a menos de una semana para que los ciudadanos ejerzamos el saludable hábito cívico de votar, parece improbable que a quienes nos importa e interesa el futuro de la actividad podamos decidir cuál de las propuestas pesqueras, suponiendo que existan varias, responde mejor a las expectativas que cada uno tiene.
Nuevamente no se trata de responsabilizar a los candidatos sino de llamar la atención de los actores públicos y privados de la pesca, que parecen haberse resignado a que los graves problemas que enfrenta el sector no se resuelvan.
¿El gobierno que asuma el próximo 10 de diciembre continuará sin cumplir con la totalidad de la ley de pesca? ¿Impulsará su modificación? ¿Se garantizará seguridad jurídica para planificar a corto, mediano y largo plazo? ¿Cuál será su política de investigación pesquera? ¿Se mejorarán los controles en los puertos? ¿Mantendrá el manejo político de la merluza? ¿Qué hará con las investigaciones de los permisos ilegales? ¿Seguirá siendo permisivo frente al trabajo en negro y clandestino en Mar del Plata? ¿Asignará recursos para mejorar la operatividad de los puertos? ¿Promoverá medidas para facilitar la renovación de la flota?¿Cuál será su política fiscal respecto de reintegros, reembolsos y retenciones? ¿Qué posición llevará nuestro país a los organismos internacionales y regionales para prevenir la pesca indiscriminada en la milla 201? ¿Se articularán políticas entre la Nación y las provincias para evitar los desiguales costos portuarios y de operación? ¿Se controlará el uso de artes selectivas de pesca para proteger los recursos pesqueros? ¿Qué medidas adoptará para que la sustentabilidad biológica, económica y social de la pesca deje de ser una expresión declamada?
Las preguntas pueden multiplicarse, las respuestas deberían conformar la futura “Política Pesquera” de la Argentina. ¿Habrá?
Editorial de Pesca & Puertos
22/10/07
PESCA & PUERTOS
