El puerto de Buenos Aires se ha transformado notablemente en los últimos 20 años, pasó de ser un puerto con un movimiento moderado en los años 80 a uno con más de 1,2 millones de TEUS (unidades equivalentes a contenedores de 20 pies) por año.
El puerto de Buenos Aires se ha transformado notablemente en los últimos 20 años, pasó de ser un puerto con un movimiento moderado en los años 80 a uno con más de 1,2 millones de TEUS (unidades equivalentes a contenedores de 20 pies) por año.
No es poco el salto y lo que éste ha generado en términos de vida ciudadana. Hoy existen terminales de capitales internacionales con inversiones multimillonarias donde lo que se busca es eficiencia, velocidad y productividad. Como en tantas otras cosas, el Estado no debe estar ausente, en realidad, en los últimos años ha estado lento y se nota por ejemplo, en el calado del sistema portuario de los ríos de La Plata y Paraná, que no se han profundizado a la altura de las necesidades.
Las obras que están en ejecución ya son insuficientes y una vez terminadas (hasta 42 pies), deberíamos estar trabajando para llegar a 50 pies. Esto sería aún más problemático para la ciudad ya que un sistema portuario más grande, incluyendo al puerto de La Plata, que pudiera aportar 1 millón de teu adicionales traería aparejado un mayor movimiento de carga y un trastorno adicional a la zona urbana.
¿Cómo tratar de tener más carga sin que los habitantes del cinturón poblacional más importante del país no terminen odiando al puerto y a todo lo que este genere?
Hay varias soluciones, pero no todas son posibles en el corto plazo y mucho menos si pensamos en los costos. ¿Es insoluble la logística del puerto? ¿Tendremos que potenciar puertos más baratos y con menor área urbana como Zárate/Campana? Si entendemos a los puertos como enlaces logísticos dentro de una cadena origen / destino de la carga, una mayor oferta de puertos con buena infraestructura y calado serían siempre bienvenidos, la sana competencia estimula, baja costos, genera especialización y es un juego en el que todos ganan.
Creo que las posibilidades de operación en Buenos Aires están casi al límite y el sistema sólo podría expandirse hacia las zonas norte/sur lo que nos obliga a pensar nuevamente en inversiones e infraestructura con la misma o mayor necesidad y apuro que Bs. As.
Partiendo de la base de lo ya dicho es que puede proponerse: a) facilitar la movilidad de la carga; b) acortar los tiempos de verificación y controles; c) ampliar los horarios operativos de las terminales; d) revisar las tarifas de las terminales portuarias.
Si bien no podemos utilizar el FFCC para acceder o salir de las terminales, sí podemos fomentar que la movilidad de la carga se realice en camión por la noche (desde las 22hs hasta las 7hs), esto generaría mucha menos presión sobre el tránsito, incluso se podrían generar depósitos intermedios fuera del área de la CABA como apoyo logístico. Las demoras en las que se incurre hoy para verificar la carga no son compatibles con estos tiempos y esto va más allá de las necesidades actuales de control o limitación de importaciones vigentes. Si queremos una operación eficiente y barata no podemos entorpecer sin criterio ni necesidad, va contra los consumidores, los operadores y toda la cadena logística. Velocidad no es sinónimo de poco control, seguramente podremos diseñar un sistema que combine rapidez, eficiencia y eficacia con un Sistema María Inteligente.
Las terminales trabajan 24 hs los 365 días al año para los buques pero no para los importadores y exportadores, y eso debería cambiar, incluso la aduana debe estar involucrada en el cambio. La operación durante las 24 hs de lunes a lunes podría descomprimir los horarios de salida, dejar de pagar costos extras por habilitaciones y dejar de castigar a la carga con esos importes.
A mi entender con lo aquí expuesto, sin grandes inversiones ni largos tiempos de aplicación, mas allá de una lógica de negociación con las cámaras sectoriales y centrales empresarias, el sistema podría ganar en fluidez en muy poco tiempo y podría verse fácilmente la mejora en las zonas usualmente afectadas por la circulación de vehículos de carga. Creo que no estamos en un momento para invertir miles de millones de pesos en una autopista ribereña o en accesos de FFCC, tampoco en ampliaciones de instalaciones portuarias que no resuelven el problema del tránsito. Tal vez sea interesante profundizar el análisis, evaluar ventajas, desventajas y costos y sentar a todos los interesados a discutir el asunto, sin prisa, pero sin pausa.
Por Edgardo Bindelli
16/08/12
CRONISTA.COM
