Balance de dos marinos puntaltenses en Bolivia

Un contingente de 39 hombres de la Armada Argentina permaneció durante 40 días en el vecino país, realizando ayuda humanitaria tras las inundaciones. De vuelta en casa, Néstor Vera y Roberto Ibáñez relataron sus vivencias.

Un contingente de 39 hombres de la Armada Argentina permaneció durante 40 días en el vecino país, realizando ayuda humanitaria tras las inundaciones. De vuelta en casa, Néstor Vera y Roberto Ibáñez relataron sus vivencias.

El capitán de corbeta Néstor Vera y su par médico Roberto Ibáñez, oriundos de nuestra ciudad, son dos de los integrantes del contingente argentino que realizó labores humanitarias en las ciudades bolivianas afectadas por las inundaciones.

Desarrollaron sus tareas a lo largo de 40 días en un ambiente selvático y extremadamente hostil, con más de 40 grados de temperatura de día y de noche.

En diálogo con el periódico naval Gaceta Marinera, dejaron sus vivencias y experiencias.

"Estoy hondamente satisfecho por haber participado en una misión tan importante como ha sido la de brindar ayuda a nuestros hermanos bolivianos".

"La experiencia profesional fue invalorable. Brindamos el apoyo necesario para poder evacuar a aquellas personas que estaban en medio del agua; el río había desbordado totalmente y nuestra misión era ayudarlas", expresó el infante de Marina Vera.

Embarcaron hacia Bolivia a fines del mes de febrero pasado. "Nos alistamos en sólo dos días, pero ya en Bolivia nos dimos cuenta de que tanto el material como los recursos humanos que llevamos eran los adecuados", agregó.

En el contingente había un médico, dos enfermeros, camilleros, dos comandos anfibios y las dotaciones normales de los botes de asalto que fueron transportados al vecino país, en una aeronave de la Armada Argentina.

Este grupo formó parte del Contingente Conjunto Argentino que desde el 2 de marzo operó en el vecino país, integrado por un total 113 hombres de la Armada y del Ejército.

El departamento de Beni, que está ubicado al noreste de la república de Bolivia, fue el más afectado por las inundaciones con zonas aisladas, sin comida ni medicamentos.

"Nos presentábamos como integrantes de la Armada Argentina. A los pobladores les llamaba la atención que estuviéramos ahí porque no sabían mucho de nosotros. Pero, pese a ello hubo un buen recibimiento y ellos mismos colaboraron en todo", manifestó el capitán Vera.

"Vi a nuestros hombres como entregaron todo lo que tenían ante las necesidades de las familias. El trato con la población, los niños, la ayuda, el brindar sus propias raciones de combate y también de agua potable diaria a la gente era una actitud cotidiana", comentó el militar puntaltense.

Respecto a las situaciones que lo conmovieron, dijo que "fueron los chicos y las madres embarazadas que estaban faltos de una atención médica continua. Realmente ahí está la mano de Dios; viven en un estado muy marginal".

Ser médico en Bolivia

El capitán de corbeta médico Roberto Ibáñez, quien realizó cursos de perfeccionamiento en Medicina interna, Emergencias y Catástrofes, cumplió el rol de médico del contingente, aunque cuando arribó a Bolivia realizó también atención sanitaria a los habitantes.

"Bolivia representó para nosotros un desafío importante porque el medio es totalmente diferente a lo que, como hombres del Atlántico, estamos acostumbrados", expresó.

"Hay enfermedades como malaria, fiebre amarilla, lepra, tuberculosis y accidentes producidos por mordeduras de serpientes y arañas", comentó el facultativo naval.

Ibáñez señaló que "esta experiencia posibilitó que todas estas enfermedades que uno estudia y analiza en la universidad como casi una anécdota, pasaran a formar el marco de referencia de las patologías".

Según explicó el doctor Ibáñez, la accesibilidad a la asistencia sanitaria es escasa y las condiciones higiénicas muy lejanas a lo que uno está acostumbrado, porque la naturaleza se vuelve adversa al hombre.

"La selva amazónica nos sorprendía cada día con un hecho único. Cuando uno pensaba que la cuota de sorpresa estaba agotada, Bolivia renovaba nuestro asombro", afirmó.

Los medios

Para remontar el Río Mamoré, se emplearon botes de asalto, con capacidad para transportar diez personas o dos toneladas de carga aparte de su dotación. Estos botes llegaron a la zona de asistencia amadrinados al remolcador "Mamoré", de la Armada Boliviana.

Durante los dos primeros días de navegación, se iniciaron las actividades de evacuación y asistencia médica a las comunidades de Soberanía, San Antonio de Rivera, Dos Hermanas, San Miguel de Cuellar, Puerto de Caballos, Puerto México, San Mateo, 18 de Noviembre y varias poblaciones ribereñas.

Teniendo como punto de reabastecimiento logístico a la ciudad de Santa Ana, arribaron allí el día 10 de marzo, para cargar una gran cantidad de víveres destinados a satisfacer las necesidades del resto de las comunidades comprendidas en el plan de evacuación y asistencia. El 11 de marzo se reinició el viaje acudiendo con ayuda humanitaria a las localidades de 20 de Enero, Estancia Alianza, Exaltación, Nueva España, Bella Unión, Bocorondo y Trompillo.

"Las actividades se iniciaban apenas amanecía para aprovechar al máximo el tiempo de luz disponible, porque por la noche no era seguro navegar por el río. A medida que el remolcador de la Armada Boliviana avanzaba sobre el curso del río, nuestros botes se desprendían hacia la ribera para ofrecer la evacuación, transportando a las familias hacia el remolcador", explicó el capitán Vera.

"Ya a bordo, se los alojaba en una cubierta del buque preparada con elementos circunstanciales para cobijar a los damnificados. Allí el capitán Ibáñez y sus enfermeros asistían a los pobladores, en su mayoría niños, facilitándoles medicamentos y curaciones. Para ello, el personal de la Armada confeccionaba registros que luego fueron entregados a las autoridades gubernamentales en los cuales se detallaban los nombres y la situación sanitaria de cada poblador", explicó.
Por la salud

Vera también comentó que las localidades más comprometidas fueron las de Bocorondo y Trompillo. Si bien la creciente del río no había superado la cota máxima en esa zona, la cantidad de pobladores con necesidad de asistencia sanitaria hizo necesario el desembarco del personal.

"El panorama era realmente preocupante, los pobladores en su mayoría viven en condiciones muy precarias y en algunos casos marginales. No poseen agua corriente, luz eléctrica, gas, ocupan zonas selváticas donde sobreviven a través de la pesca, plantaciones de arroz, plátanos, mandioca y de la cría de ganado y animales de corral", dijo.

"Las afecciones más comunes que se atendieron fueron por bronquitis, otitis, infección urinaria y de la piel, diarrea, desnutrición y algunos casos de lesiones traumáticas".

Para este grupo de argentinos queda la satisfacción de haber acudido a un país hermano a brindar ayuda a las familias necesitadas y una experiencia de por vida: haber participado de una misión humanitaria en zona amazónica, con jornadas de calor agobiante, expuestos a lluvias, enfermedades endémicas y otras adversidades.
 
13/05/07
LA NUEVA PROVINCIA

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