Contemplar el mar es sumergirse en una tempestad de lucha continua entre agua y costa. Un duelo a muerte entre espuma durmiente, y afilada y salvaje roca.

Contemplar el mar es sumergirse en una tempestad de lucha continua entre agua y costa. Un duelo a muerte entre espuma durmiente, y afilada y salvaje roca.

Adentrarse en este flujo, es fundirse con la más absoluta inmensidad, es dejarse llevar por unos cálidos brazos que en ocasiones adormecen en brumosa calma, y en ocasiones agitan nuestro corazón en una impresionante demostración de fuerza, poder y soberbia. (www.santossaul.com)

Por Saúl Santos Díaz

17/07/08
CLARIN

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