Exploraron en Brasil una corbeta hundida, probando nuevas técnicas de buceo.
Exploraron en Brasil una corbeta hundida, probando nuevas técnicas de buceo.
Un equipo de buzos platenses realizó recientemente un "buceo técnico" a 62 metros de profundidad para indagar los misterios de la corbeta Ipiranga V17, hundida en la isla de Fernando de Noronha, en Brasil. De la aventura participaron Leo Tournier, master instructor SSI; Osvaldo Traversa, master diver SSI; y Alejandro Dell Acqua, advanced diver SSI, a quienes acompañaron haciendo los buceos deportivos los también platenses Cecilia Dusan, Emilio Gallina, Osvaldo Traversa, Graciela Amor, Leandro Pereyra, Verónica Pérez Soria y Ricardo Galván.
"En el año 2004 -contaron los platenses a su regreso- habíamos realizado este mismo buceo utilizando aire, pero en esta oportunidad decidimos utilizar una mezcla de gases llamada Trimix, que consiste en 20% de oxigeno, 20% de helio, y 60% de nitrógeno, tratando de alargar el tiempo de fondo, disminuir la narcosis y aumentar la seguridad, y al ser una mezcla menos densa, disminuir el esfuerzo respiratorio".
LA CORBETA
La corbeta Ipiranga había iniciado sus servicios en la Marina de Brasil en el año 1955 como navío de patrulla y búsqueda de minas. Armada con un cañón de 3 pulgadas y 4 ametralladoras MK 10, también podía soltar cargas de profundidad, y en 1980 fue colocada al servicio del Tercer Distrito Naval como navío de apoyo y rescate.
Pero en octubre de 1983, en maniobra de aproximación a Fernando de Noronha, chocó con el llamado "Cabeço da Sapata", sufriendo daños en el casco y posiblemente en los ejes y hélices, que impidieron su movilización hacia un lugar seguro. Y fue ocho horas después del choque que la corveta naufragó sin dejar víctimas para hundirse posando en posición de navegación a 62 metros de profundidad.
Todo el armamento, con excepción del cañón de proa, fue retirado por los buzos de la marina, y la nave se convirtió en una de las mayores atracciones para los exploradores, tanto por la localización privilegiada como por su estado de conservación.
Esa atracción llevó a los buzos platenses a navegar en su búsqueda, lo que finalmente alcanzaron tras ejecutar un plan minuciosamente trazado. "Mientras viajábamos -describieron los platenses- cientos de delfines rotadores saludaban nuestro paso con saltos en diferentes direcciones. Pero ni el clima caluroso, el cielo despejado, el mar calmo y ni una sola gota de viento nos distraían de nuestra concentración en repasar unas cuantas veces nuestro plan de inmersión, ya que en un buceo técnico nada debe quedar librado al azar".
"El equipamiento que utilizamos -describió Leo Tournier- constaba de un tanque de acero de 15 litros con una válvula de doble salida cargado a 250 bares con trimix, dos primeras etapas conectadas de forma independiente y una segunda etapa en cada una, y además un tanque de aluminio (Stage) con Nitrox 50% que llevaríamos en forma pecto lumbar, para el largo retorno a la superficie".
"El primer preparativo -añadió- fue el análisis de la mezcla de los gases en cada tanque de trimix y de nitrox, para asegurarnos el porcentaje correcto de cada gas. Minuciosamente armamos el equipo, y al llegar al lugar estábamos listos para dar el salto".
El plan consistía en 20 minutos de fondo a 60 metros, con trimix como mezcla de viaje y de permanencia, calculado con computadoras y programas de descompresión como el Abyss y el Gap.
"Ni bien comenzamos el descenso, los 50 metros de visibilidad permitían ver la silueta de la corveta, y a los pocos metros y en menos de dos minutos nos encontrábamos al lado de la hélice tapizada de corales y rodeada de la mas variada fauna, como tiburones, meros gigantes, flotillas de rayas chita, mientras rayas rastreras, morenas verdes, e infinidad de peces de todos los tamaños y colores acompañaban nuestro paso".
Los platenses contaron que "recorrimos por el fondo la banda de babor, luego la cubierta, pasando por el puente de mando, penetramos en los camarotes donde todavía permanecen colgadas ropas en las perchas, pasamos por la cabina de mando, y así llegamos a la proa, donde el imponente cañón hace irresistible la mejor foto. Cuando llegamos a la torreta nuestros relojes y computadoras marcaban los 20 minutos planificados, por lo que empezamos el ascenso hasta los 30 metros, donde permanecimos un minuto quietos, y así cada tres metros de ascenso. Al llegar a los 21 metros dejamos de respirar Trimix, desplegamos el stage pasando a respirar Nitrox 50% para mejorar la descompresión, permaneciendo 2 minutos cada 3 metros de ascenso, hasta los 9 metros, donde el tiempo de permanencia fue de 5 minutos, y luego 10 minutos a 6 metros, y desde ahí muy lento hasta la superficie, mientras cuatro tiburones nos despedían de la inolvidable experiencia".
03/10/07
EL DIA

