La contaminación en la Antártida aún es ínfima, pero investigadores trabajan en proyectos para evitar que crezca y genere daños irreparables en el ecosistema más puro del planeta. La contaminación en la Antártida aún es ínfima, pero investigadores trabajan en proyectos para evitar que crezca y genere daños irreparables en el ecosistema más puro del planeta.SANTIAGO DE CHILE, 31 (ANSA) “La contaminación en la Antártida existe, así lo han determinado los proyectos que hemos apoyado y según los datos obtenidos sabemos que esta contaminación es mínima en relación a la que existe en otros lugares”, afirmó José Retalames, director del Instituto Chileno Antártico (Inach). 31/01/12 ANSA LATINA
Añadió que el continente antártico, al contrario de lo que se piensa, “no está aislado del resto del planeta, ya que influye y es influido por lo que pasa en el aire y en los océanos de toda la Tierra”.
“El mismo sistema de corrientes polares que enfría las aguas costeras de Chile puede traer de vuelta basura lanzada desde un buque pesquero o de turismo a miles de kilómetros de las gélidas playas de la isla Rey Jorge”, explicó.
En la actualidad, la actividad humana en la Antártida se restringe a pocos lugares que cuentan con asentamientos permanentes, todos ellos bajo el control del Sistema del Tratado Antártico y el cumplimiento de normas estrictas.
Pese a que por el momento la contaminación provocada es menor, un grupo de investigadores chilenos inició estudios para frenar un mayor grado de contaminación y minimizar eventuales efectos en el ecosistema.
Actualmente, cuatro proyectos del Programa Nacional de Ciencia Antártica se centran en la temática medioambiental desde distintos enfoques. Uno de ellos, denominado “Centro de Monitoreo Ambiental Antártico”, busca mejorar las capacidades existentes en las bases antárticas chilenas, formando a las dotaciones para que participen en índices de desempeño ambiental y accedan así a una especie de certificación de cumplimiento de monitoreo por medio del control de los afluentes. El proyecto, liderado por Claudio Gómez de la Universidad de Magallanes, midió, por ejemplo, la contaminación del suelo por hidrocarburos derivada de la faenas de carga y descarga de combustibles en la base chilena O’Higgins.
A partir de eso se determinó que la contaminación es puntual y puede ser resuelta mediante biorremediación.
También se realizaron mediciones cerca de los afluentes en la bahía Fildes de la isla Rey Jorge, donde sólo los coliformes fecales fueron indicadores de la presencia humana. Hoy en día todas las bases permanentes de Chile poseen plantas de tratamiento. Otros proyectos midieron la presencia de contaminantes orgánicos persistentes y de material particulado en la península Antártica, comparando los resultados con sectores densamente poblados como Santiago de Chile. Los estudios revelaron un aumento sostenido de este material en los últimos años, por lo que los investigadores sugirieron mantener el monitoreo.
