En lo más crudo del invierno antártico, los expedicionarios en las bases de investigación de Australia bien podrían estar en la Luna, o en camino a Marte.
En lo más crudo del invierno antártico, los expedicionarios en las bases de investigación de Australia bien podrían estar en la Luna, o en camino a Marte.
SINGAPUR (Reuters) – "Cuando uno está en la Antártida sabe que no puede salir, no hay rescate durante el invierno. Y eso cambia la mentalidad", comentó Des Lugg, director de medicina polar de la División Antártica Australiana desde 1968 a 2001 y ahora un asesor de la NASA.
"Uno puede volver más rápido desde la estación espacial internacional que lo que se puede regresar de la Antártida en lo más crudo del invierno", añadió.
Es ese mismo aislamiento lo que hace que las bases antárticas australianas sean perfectas para el planeamiento de misiones espaciales de largo plazo, explicó Lugg.
Desde 1993, la Administración Nacional Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA, por su sigla en inglés) ha llevado a cabo un programa conjunto con la División Antártica Australiana (AAD) para estudiar la salud humana y cómo se adaptan pequeños grupos a muchos meses de aislamiento trabajando en el lugar más frío de la tierra.
"El programa antártico de Australia cuenta con algunas de las estaciones más aisladas en la Antártida donde disponemos de un aislamiento total de hasta nueve meses al año", dijo Jeff Ayton, el oficial médico a cargo de la división.
Ayton afirmó que las estaciones antárticas de Australia eran buenos análogos para los viajes espaciales y para determinar cómo se vinculan las personas en un entorno cerrado.
"Es un medio ambiente extremo y tenemos personas en situaciones peligrosas reales y su supervivencia depende de la tecnología y de complejos sistemas no muy disímiles a los de la supervivencia en el espacio", comentó.
"También contamos con una vasta experiencia sobre las condiciones médicas que pueden suscitarse en las estaciones antárticas y son de interés para las personas que planean misiones de largo plazo a Marte y otras aventuras exploratorias", agregó.
EMBARAZOS Y CIRUGIA DE CEREBRO
La NASA ha mostrado interés en las décadas de experiencia de la división en el uso de doctores súper generales en sus bases.
Algunos de estos han sido reclutados desde la Australia rural, hogar del tradicional doctor de campo quien se especializa en básicamente cualquier desafío médico.
Los doctores en el sur han realizado cirugías de cerebro, curado fracturas y ofrecido asesoramiento sobre problemas de salud mental.
"Hemos atendido embarazos en la Antártida. Ese es parte del espectro médico con el que tenemos que lidiar", dijo Ayton.
Tal experiencia será crucial en una misión a largo plazo a Marte o más allá.
Otras condiciones médicas también son un desafío.
Estudios mostraron que los expedicionarios antárticos sufren de deficiencias de vitamina D por la falta de luz solar, depresión y también de sistemas inmunológicos más débiles.
Ayton dijo que los estudios han mostrado la reactivación de virus latentes, como el Epstein-Barr y otros miembros de la familia de los virus de herpes.
"A la fecha no se sabe completamente qué es lo que causa la supresión inmunológica. Hemos considerado factores psicológicos en el sistema inmunológico. También los efectos de la vitamina D sobre el sistema inmunológico y el estrés en recintos pequeños y cerrados", señaló, agregando que en el espacio los estudios han mostrado cambios similares en el sistema inmunológico.
Lugg dijo que los virus tienden a permanecer inactivos en el cuerpo para luego entrar en actividad en el espacio o en la Antártida.
"Nadie ha mostrado ninguna afección clínica. Esta es la otra cosa interesante. Si bien se ha alterado su estatus inmunológico, no hay afección clínica que hayamos podido detectar en la Antártida que sirva como evidencia de una respuesta inmunológica alterada", explicó.
ESCUCHANDO VOCES
La salud mental es otro tema importante.
Estar confinado a una base pequeña con aproximadamente una docena de colegas durante meses alejados de la familia y los amigos puede constituir una gran fuente de estrés para algunos expedicionarios.
Lugg y Ayton dijeron que un gran número de personas se adaptó bien a la vida en la Antártida, con sólo unos pocos casos de expedicionarios que padecieron de crisis nerviosas.
Lugg realizó un estudio de 25 días sobre problemas documentados de salud conductual en Antártida y dijo que de todas las consultas primarias al médico de la base el índice de incidencia resultó ser del cuatro por ciento.
"Se dan problemas para dormir, pero lo que uno está buscando son los clásicos episodios de psicosis", dijo Lugg.
"Hubo un hombre un año que escuchaba a bebés llorar. Fue con el doctor y le dijo ‘Estoy escuchando voces’. Afortunadamente, pudo dejar la base", agregó.
Si bien tales casos son inusuales, vivir sólo un episodio en la Antártida o en el espacio podría ser desastroso.
Las revisaciones sanitarias y psicológicas previas a las expediciones, y posiblemente las evaluaciones genéticas en el futuro, fueron cruciales.
"No aceptamos a asmáticos, a nadie que sea epiléptico, que tome medicación cardíaca o haya tenido una afección cardíaca, hipertensión, se elimina a un gran número de personas", explicó Lugg, quien pasó cinco años trabajando en Washington para la Oficina del Director General de Salud y Medicina de NASA hasta 2006.
También resultaron cruciales las "sutilezas", dijo Lugg, como la comprensión de la naturaleza humana tanto como las diferencias culturales.
"Cuando se trata con humanos, hay que volver a las bases mismas, y eso es la capacidad de vivir en comunidad, trabajar en conjunto y el costado sanitario de eso", comentó.
Esto incluye el combate del aburrimiento mediante la provisión de una buena variedad alimenticia. También significó comprender que el sexo o un vaso de vino o dos con la cena eran deseos normales.
Ayton dijo que no había restricciones para los expedicionarios en materia de sexo. Las relaciones amorosas que llegasen a ocurrir entre los expedicionarios eran cosa de ellos durante los nueve meses o más que estaban alejados de sus familias.
"Las estaciones antárticas de Australia no son diferente a cualquier otra comunidad australiana", dijo Ayton, haciendo eco de la postura de Lugg sobre que era crucial mantener la vida en la base lo más normal posible.
(Editado en español por Patricia Avila)
13/10/08
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