El esquema promueve el agregado de valor mediante exenciones fiscales, pero en la Argentina el árbol tapa el bosque y el sistema sólo se aprovecha para dilatar el pago de tributos.
El esquema promueve el agregado de valor mediante exenciones fiscales, pero en la Argentina el árbol tapa el bosque y el sistema sólo se aprovecha para dilatar el pago de tributos.
En el mundo, el 30% del comercio exterior pasa por zonas francas. En la Argentina, esta cifra apenas llega al 3%. "La Argentina no cuenta con una política de Estado para desarrollar las zonas francas, a pesar de que el marco normativo es muy bueno", dijo a LA NACION Héctor Vargas, presidente del Comité Internacional de Zonas Francas de las Américas (Cizfa).
La ley 24.331 de 1994 faculta a cada provincia a contar con una zona franca y, al Poder Ejecutivo, a instalar cuatro más. Conceptualmente, la zona franca es un espacio físico dentro del territorio político de un país, donde se desarrollan actividades que no están gravadas con impuestos. "Esta ventaja tiene por objeto crear polos de desarrollo sin el efecto distorsivo que los impuestos tienen sobre las empresas, permitiendo destinar los fondos excedentes a la creación de empleo, a la compra de tecnología y a crear valor agregado", dijo Juan Pablo Justo, director de Buenos Aires Zona Franca La Plata SA, concesionario de la Zona Franca de La Plata (ZFLP). Y explicó que, si bien en la ZFLP está permitido realizar actividades industriales, esto no sucede en la práctica ya que el 70% del tráfico se centra en la importación de máquinas y equipos para la construcción, materias primas y productos terminados para consumo. El resto corresponde a pequeñas transformaciones de los bienes importados para adaptarlos al mercado argentino, o a su fraccionamiento.
Según Justo, para que las zonas francas logren desarrollarse en la Argentina, resulta fundamental permitir el ingreso de lo que allí se fabrica en el territorio argentino o, por lo menos, de un porcentaje.
En igual sentido, Jorge Banchik, vicepresidente de Cozofra SA, el concesionario de la Zona Franca de Salta, aludió a la necesidad de que se permita el ingreso de la producción de ese área al territorio nacional.
Para Justo, las sucesivas modificaciones en el tipo de cambio de la Argentina no dan la previsibilidad necesaria para que un empresario se instale en una zona franca sin contar con la posibilidad de vender al mercado interno ante un cambio en la paridad cambiaria. "La zona franca de Manaos, en Brasil, tiene la posibilidad de ingresar en el territorio brasileño y al Mercosur todo lo que allí se produce", lamentó Justo.
La Zona Franca de La Plata es la mayor de la Argentina. Por allí pasa el 90% del comercio argentino de zonas francas. Ubicada dentro del Puerto de La Plata, cuenta con una superficie de 55 hectáreas, 100 galpones y 80 usuarios entre importadores, exportadores y operadores del comercio exterior. Allí trabajan 600 personas. En 2007, movió US$ 1400 millones, un 32% más que en 2006, cuando esa cifra llegó a los US$ 1060 millones. En medio del Amazonas y a cinco horas en barco hasta el puerto internacional más cercano, la Zona Franca de Manaos, en Brasil, cuenta con 600 empresas instaladas en sus 1700 hectáreas, y existen planes para desarrollar 5000 hectáreas más. Manaos registra un movimiento de US$ 6800 millones. Allí trabajan 87.000 personas en forma directa.
El concesionario de la ZFLP presentó un proyecto de ley para que se permita la venta de un porcentaje de lo que allí se produce en el territorio nacional. "Vamos a estudiar la propuesta porque, por alguna razón, las zonas francas se terminan convirtiendo en depósitos fiscales", dijo a LA NACION Ricardo del Valle, subsecretario de Actividades Portuarias de la provincia de Buenos Aires, pero resaltó: "En este momento, en lo que se refiere a zonas francas, estamos apuntando más al desarrollo de servicios que a la industrialización".
Según Carlos Canta Yoy, profesor del Instituto de Capacitación Aduanera y asesor de la Asociación de Importadores y Exprotadores (Aiera), "la ley de zonas francas llegó tarde a la Argentina". El especialista explicó que el mismo año en que la Argentina sancionó la ley de zonas francas, el Mercosur emitió la decisión 8 del Consejo Mercado Común, que le quita origen y procedencia a las mercaderías elaboradas en las zonas francas. En consecuencia, cualquier mercadería que ingresa en el Mercosur proveniente de una zona franca, debe pagar el arancel externo común (AEC). Las únicas excepciones son la zona franca de Manaos, en Brasil, cuyas mercaderías pueden ingresar tanto a la Argentina como a Brasil con tratamiento de intrazona, y la zona aduanera especial y zona franca de Tierra del Fuego, que goza del mismo trato. "Además, existen acuerdos puntuales, como el llamado Pepsi Cola, entre la Argentina y Uruguay, porque su jarabe se fabrica en la zona franca de Colonia y puede ingresar a la Argentina con tratamiento de intrazona", señaló Canta Yoy.
En su opinión, la restricción del ingreso de las mercaderías en el territorio del Mercosur genera que las zonas francas de la Argentina se usen como meros depósitos fiscales. "Salvo en la zona franca de La Pampa, en las otras zonas francas de la Argentina no se procesan mercaderías", dijo y añadió: "Se tratan de depósitos fiscales con mayor plazo para almacenar los productos".
La mercadería que entra en un depósito fiscal puede ser almacenada libre de impuestos por un período de 90 días. "Pasado ese tiempo, los bienes quedan disponibles para la venta", explicó Paul Buenader, de la consultora B&B. En cambio, el uso de una zona franca es una decisión más estratégica que operativa. "La zona franca permite mayores tiempos de almacenaje -hasta 5 años- y ofrece la posibilidad de realizar despachos parciales a plaza de la mercadería, desarrollar actividades comerciales, de servicios e industriales", agregó Buenader. La importación, y el correspondiente pago de los derechos, sólo se realiza cuando el bien sale de la zona franca.
La excepción a la regla
La zona franca de General Pico, en La Pampa, marca una de las grandes excepciones al régimen, cuya ley señala que están "orientadas a impulsar el comercio exterior y las actividades industriales de exportación con destino a países no integrantes del Mercosur".
En 1995, bajo la gobernación de Rubén Marín, esta zona franca logró que el 100% de su producción pueda venderse al mercado argentino. "Se trata de una zona franca mediterránea, situada en una provincia con grandes asimetrías", explicó a LA NACION Alejandro Iannello, de la firma Aeropuertos Argentina 2000, a cargo del concesionario de la zona franca. Además, las empresas instaladas en la zona franca de General Pico están exentas del pago de contribuciones patronales, de las que se hace cargo el Estado nacional, y reciben el reintegro, por parte de la provincia de La Pampa, de los gastos de ART y obra social.
"En la Argentina, las zonas francas cumplen la función de un depósito fiscal. En cambio, la zona franca de General Pico, que tiene un carácter de polo industrial de desarrollo, creció al compás del progreso del país", dijo Iannello. De los 16 usuarios que tiene la zona franca de General Pico, 14 se incorporaron hace dos años y todos destinan su producción a los grandes centros de consumo de la Argentina. Las firmas van desde un frigorífico hasta una empresa de indumentaria, pasando por compañías de software, logística y embalaje.
Democratización
Según datos del Cizfa, en América latina existen más de 300 zonas francas, con más de 15.000 empresas instaladas, que generan un comercio de más de 36.000 millones de dólares anuales. "En pocas palabras, las zonas francas democratizan la economía de un país", dijo Vargas. En su opinión, esta herramienta del comercio exterior puede usarse para llevar desarrollo económico a zonas especiales y mitigar los efectos migratorios a los grandes centros económicos y políticos de un país.
La inversión extranjera busca sitios donde complementar procesos productivos y el desarrollo de regímenes especiales está, según Vargas, directamente relacionado con el flujo de la inversión a nivel mundial. Vargas cree que el régimen de zonas francas es un mecanismo que puede atraer la inversión extranjera y fomentar el comercio internacional con miras a la exportación. "Para ingresar mercadería en el mercado local están los depósitos fiscales", explicó y añadió: "En la Argentina no se entiende el verdadero espíritu de las zonas francas y, en consecuencia, no se usan para atraer inversiones hacia zonas poco desarrolladas".
Según el presidente del Cizfa, la Argentina tendría que crear un órgano nacional que administre, promocione, desarrolle y fomente la especialización de las zonas francas de todo el país. "Los otros países del Mercosur están felices de que en la Argentina no funcionen las zonas francas", dijo Vargas y agregó: "Brasil sigue llevándose las inversiones a Manaos a pesar de que allí se necesitan cinco días de barco para sacar la mercadería, y cuenta con planes para crear 17 zonas francas más".
Por María Martini
De la Redacción de LA NACION
Desarrollo
Meridian 100º, el ambicioso proyecto entre México y Estados Unidos
Uno de los proyectos de zonas francas más grandes de América latina, Meridian 100°, contará con una representación de la Argentina. “Queremos formar un hub de productos argentinos para un mercado de 450 millones de consumidores, como es el Nafta”, dijo a LA NACION Raúl Cheyllada, CEO de Integraciones de Mercados Internacionales SA (Imisa), una firma de planificación estratégica de negocios que firmó un acuerdo con el Comité Internacional de Zonas Francas de las Américas (Cizfa), para trabajar en conjunto dentro de una zona de gran desarrollo comercial como es la frontera entre los Estados Unidos y México.
“Meridien 100° es una zona franca ubicada en Colombia, Estado de Nuevo León, México, fronterizo con los Estados Unidos”, dijo a LA NACION Héctor Vargas, presidente del Cizfa y director del proyecto. “Se trata de un predio de 300 hectáreas cerca del límite por donde pasan 10.000 contenedores diarios, o 4000 camiones, que sólo tardan 8 minutos en cruzar la frontera”, explicó Vargas.
En la frontera entre ambos países existe un puente de ocho vías con dos carriles denominados FAST (comercio libre y seguro, según sus siglas en inglés), que agilizan los trámites limítrofes. “Es muy posible que en los próximos años los gobiernos de México y Estados Unidos construyan un segundo puente en la zona”, agregó Vargas.
Meridian 100°, que lleva el nombre del meridiano que pasa por ese punto, estará urbanizado en mayo y ya se están comercializando sus espacios. Por considerarla una zona estratégica como punto de acceso al mercado del Nafta, Imisa creará allí un centro de negocios para mostrar la oferta exportable argentina.
“Esta es una opción interesante para las empresas argentinas que hoy exportan a los países del Nafta que tendrán la oportunidad de ingresar al bloque económico a través de la zona franca”, dijo Cheyllada. Además, si las mercaderías incorporan entre un 30 y un 35% de valor agregado en sus productos, podrán entrar con arancel cero al Nafta, y aprovechar también los beneficios fiscales propios de una zona franca. “También se trata de una opción interesante para las empresas de logística, dado el gran volumen de carga que trafica la zona”, explicó Cheyllada. Y agregó: “Nuestra intención es que las compañías argentinas puedan tener la alternativa de posicionarse estratégicamente en lugares que le brinden un entorno de negocios competitivo y dinámico”.
Adicionalmente, Imisa desarrollará otros dos centros de distribución, uno ubicado en Guatemala y otro en Costa Rica, para cubrir todo el mercado centroamericano.
22/01/08
LA NACIÓN
