En 2011, al río Támesis llegarán las olas artificiales.
En 2011, al río Támesis llegarán las olas artificiales.
Olas de casi dos metros y cantidad de surfers que sólo pisan la arena para almorzar es lo que se verá en la mismísima ciudad de Londres dentro de tres años, cuando se inaugure Venture Xtreme (Aventura Extrema), un ambicioso proyecto de playa ciudadana que contará con el primer sistema que fabrica olas artificiales al aire libre, que competirá con las majestuosas ondas de Cornwall, lugar ideal para más de 500.000 surfers británicos.
Increíble pero real, el proyecto trasformará una zona alrededor de uno de los muelles del Támesis en una playa artificial con palmeras, tiendas, bares, restaurantes, amplias áreas para caminar y muchas olas para disfrutar.
Según cuenta la agencia italiana ANSA, la zona, llamada Silverton Quays, en el barrio de Tower Hamlets, inaugurará su versión playera en 2011.
Venture Xtreme ofrecerá a los surfers londinenses la posibilidad de utilizar sus tablas no sólo durante los fines de semana, sino antes o después del trabajo.
La idea es de Steve Jones (nada que ver con el ex guitarrista de los Sex Pistols, aunque se llame igual), un fanático deportista extremo y, obviamente, surfer. El que quiera practicar este deporte tendrá que pagar 45 euros por hora, tiempo suficiente para subirse a 10 olas, que, se garantiza, los llevarán a más de 100 metros de la costa.
Pero el placer no será sólo para los deportistas, sino también para los espectadores, que podrán disfrutar de las mejores imágenes en una pantalla gigante. Y, gracias a un sistema de iluminación nocturna, la playa británica además permitirá gozar de las olas bajo las estrellas.
Sin embargo, la idea de una playa en la ciudad no es una novedad. El calor y el sofocón insistieron para que París se animara, en 2002, a inaugurar Paris Plage, playa de 4 kilómetros al borde del río Sena que dura un mes, entre julio y agosto, y que transforma una zona central de la ciudad en un verdadero litoral, con 2000 toneladas de arena, palmeras, hamacas, sombrillas y reposeras, y una pileta de 200 metros. Sólo faltan las olas, un sueño que se hace cada vez más realizable.
15/01/08
LA NACIÓN

