Una sorpresa y varios motivos de preocupación

Sangre, sudor y lágrimas le costó ayer el gobierno brasileño lo que consideró “un éxito absoluto”: la licitación de los derechos de exploración del mayor yacimiento petrolero marino del país. Sin embargo, la subasta, en la que hubo apenas un oferente que pagó el mínimo requerido, distó mucho de ser un suceso y dejó en evidencia, una vez más, las fallas en el camino de desarrollo de Brasil.


Sangre, sudor y lágrimas le costó ayer el gobierno brasileño lo que consideró “un éxito absoluto”: la licitación de los derechos de exploración del mayor yacimiento petrolero marino del país. Sin embargo, la subasta, en la que hubo apenas un oferente que pagó el mínimo requerido, distó mucho de ser un suceso y dejó en evidencia, una vez más, las fallas en el camino de desarrollo de Brasil.

RÍO DE JANEIRO- Ni el ministro de Minas y Energía, Edison Lobão, ni la directora general de la Agencia Nacional de Petróleo, Magda Chambriard, dudaron en calificar como un éxito la licitación, que encima estuvo rodeada por violentas protestas de trabajadores de la estatal Petrobras, en huelga por el rechazo a la subasta, que dejaron al menos seis heridos. Intentaron de todas las maneras posibles mantener el “relato” del éxito del gobierno de Dilma Rousseff, que el año próximo se enfrenta a una reelección como candidata del Partido de los Trabajadores (PT). Pero una competencia en la que el ganador es el único jugador que se presenta no puede sino poner en duda las reglas de juego.

La mayoría de las grandes petroleras internacionales decidieron no presentarse a la licitación justamente por considerar que el marco regulatorio de la llamada capa presal reserva un control marcado a Petrobras, una empresa criticada por sus elevados costos de producción y constantes retrasos. El gobierno de Rousseff, que heredó de la administración de Luiz Inacio Lula da Silva esta subasta, deseaba que la entrada de otras compañías internacionales a la explotación petrolera acelerase el desarrollo de la industria y volviera más eficiente a la gigante estatal. Ahora, es más probable que la burocracia brasileña dominante retrase la actividad de sus socios.

“La capa del presal representa una excelente oportunidad, pero hay que lidiar con un elefante como Petrobras en esas aguas profundas y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo”, señaló a LA NACION un empresario que requirió el anonimato, mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos al entrar al hotel Windsor Barra, envuelto en una nube de gases lacrimógenos.

Fue una sorpresa que al final la angloholandesa Shell y la francesa Total, ambas privadas, integrasen el consorcio vencedor, junto a las chinas CNPC y Cnooc (estatales), pero significó una gran decepción que el grupo ofreciera apenas el mínimo de inversión establecida en el pliego y también el mínimo de petróleo excedente para el Estado brasileño (41,65%).

Ya al final de la noche, el propio ministro de Economía, Guido Mantega, osó reconocer que espera que en el futuro las subastas tengan más consorcios en competencia. Y prometió esforzarse y sudar en el esfuerzo de buscar modelos más atractivos para la inversión privada.

Mientras tanto, desde la oposición ya adelantaron que utilizarán el tema de la subasta para atacar la eficiencia del gobierno de Rousseff.

“El Estado dejó de ganar, ya que ni un centavo más allá del mínimo establecido será aportado a las arcas públicas”, dijo el legislador Carlos Sampaio, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB)

Por Alberto Armendariz  | LA NACION

22/10/13

LA NACION

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