Una pareja que no se arrepiente de la aventura, aunque su buque se haya hundido en las gélidas aguas antárticas

Una pareja que no se arrepiente de la aventura, aunque su buque se haya hundido en las gélidas aguas antárticas

La pareja, residente en Ottawa (Canadá), dijo que no hubo pánico durante las horas pasadas a bordo de las balsas en las gélidas aguas.

La pareja, residente en Ottawa (Canadá), dijo que no hubo pánico durante las horas pasadas a bordo de las balsas en las gélidas aguas.

Para John Cartwright, un viaje por la Antártida era la forma de satisfacer su pasión por la observación de aves. Para su mujer, Jean Mair, la oportunidad serviría como celebración por su reciente jubilación del Banco de Canadá.

Y aunque la reedición de un Titanic siglo XXI, la pérdida de sus cámaras y la atención de los medios internacionales, no estaban incluidos en el itinerario, la pareja oriunda de Ottawa no se arrepiente, aunque su buque haya naufragado en aguas heladas el mes pasado.

El Sr Cartwright, un profesor retirado de Ciencias Políticas, de 70 años de edad, ha practicado avistaje de aves en Perú, Colombia y Madagascar. Su esposa se había jubilado dos días antes de la partida de la pareja hacia la Argentina, y de su posterior viaje, uno de esos que se hacen una sola vez en la vida.

Los Cartwright gastaron alrededor de u$s 11.500 cada uno, por un crucero de aventura de 19 días a bordo del “EXPLORER”, buque de propietarios canadienses construido en 1969. Se unieron a otros 89 pasajeros de todas partes del mundo, a 54 tripulantes y a otros nueve empleados del operador turístico, GAP Adventures.

“Fue un viaje que se suponía nos iba a llevar al último lugar salvaje del mundo, lo cual estoy seguro es cierto”, dijo ayer Cartwright, rememorando el viaje desde su inicio hasta el fin.

“Se trata de la tierra más árida en la que he estado en mi vida, sin comparación con nuestro Ártico, rebosante de vida en verano. Es hermoso, pero desierto”.

El “EXPLORER” partió de Ushuaia, Argentina, el 11 de noviembre con rumbo a Malvinas. El buque pasó luego la Islas Georgias del Sur, antes de descender hacia las Shetland del Sur, a 120 kilómetros de la península antártica. El crucero seguía la ruta de Ernest Shackleton, famoso explorador antártico angloirlandés, que condujo la expedición del “ENDURANCE” entre 1914 y 1916.

Los ecoturistas navegaban en medio de masas de hielos flotantes hacia Isla Decepción, una popular escala con aguas cálidas, debidas a la presencia de un volcán activo.

La pareja se fue a acostar. Otros pasajeros ubicados en los camarotes bajos oyeron un fuerte ruido sobre el costado del buque, cerca de la medianoche del 22 de noviembre. Un témpano, aparentemente.

“Un tipo saltó de la cama y advirtió que había treinta centímetros de agua sobre el piso”, contó Cartwright.
Un oficial del buque metió la mano en el agua y probó su gusto salado. Mala señal. El Capitán, Bengt Wiman, descendió e hizo la misma rudimentaria prueba.

Los equipos de reparaciones fueron convocados por altoparlantes a la tercera cubierta. Poco después, siguió un llamado para los pasajeros: diríjanse con ropas de abrigo a la estación de alistamiento.

“Escuchamos decir que había una entrada de agua y un agujero en el costado del buque, pero que era sólo del tamaño de un puño”, recordó Cartwright. “Pero que tenían las bombas funcionando y el nivel de agua disminuía”.

A los 15 minutos llegó otro informe del puente: el nivel de agua estaba estabilizado, en lugar de bajando. Se adoptó entonces la decisión de evacuar el buque y obtener ayuda de dos buques ubicados a seis horas de distancia de viaje. Se ordenó a los pasajeros que dejaran sus pertenencias.

John y Jean se envolvieron en equipos de intemperie y chalecos salvavidas, pero no pudieron recuperar sus cámaras, computadoras personales ni el diario de viaje.

Las balsas salvavidas fueron arriadas a aguas abiertas, mientras la temperatura descendía unos grados por debajo del punto de congelamiento. El viento y las olas permanecían relativamente calmos, sin ninguna sensación de peligro inminente.

“Realmente no hubo pánico”, sentenció Cartwright. “La mayor parte de nosotros tenía puestas ropas bien resistentes al agua”.

Cuatro horas más tarde, un helicóptero sobrevoló las balsas, que estaban amarradas a una lancha de desembarco motorizada Zodiac. Entonces, aparecieron a la distancia las luces de focos buscadores provenientes de dos buques convocados para realizar el rescate: uno similar al nuestro de National Geographic y un crucero de línea noruego.

Muchos pasajeros fueron trasladados a la base militar chilena de la Isla Rey Jorge, a unos 20 kilómetros. Los Cartwright estuvieron en cambio entre los que pasaron la noche en una estación de investigación uruguaya.

Su siguiente parada fue Punta Arenas, Chile. GAP Adventures arregló un paseo de compras a su costo para que los pasajeros pudieran adquirir ropas y otras necesidades perdidas a bordo del “EXPLORER”, que finalmente se hundió.
GAP les reembolsó posteriormente cerca de dos tercios del costo del viaje, y los indemnizó por los efectos perdidos.

El Sr Cartwright lamentó perderse  cinco especies de aves que deseaba avistar; pero no estaba amargado por la muerte del “EXPLORER”: es que los esperaban por delante los tempestuosos mares del Pasaje Drake.
“Creo que habíamos cumplido las mejores partes del viaje cuando fue interrumpido”, rió.

(Fuente: Otawacitizen.com; 23/12/07)
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24/12/07
Traducción de NUESTROMAR

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