El 2007 ha sido un año altamente dominado por las expectativas que presentó la agenda política nacional. En cierta forma, la incertidumbre que plantearon las elecciones relegaron a un segundo plano los demás hechos.
El 2007 ha sido un año altamente dominado por las expectativas que presentó la agenda política nacional. En cierta forma, la incertidumbre que plantearon las elecciones relegaron a un segundo plano los demás hechos.
No news, good news, esta conocida expresión del idioma inglés resulta la más adecuada para describir el desempeño de nuestros puertos públicos y privados. Tal como lo vienen haciendo desde hace más de una década, a partir de la sanción de la ley 24.093 de Actividades Portuarias, no defraudaron las expectativas que todos los años deposita en ellos el crecimiento forjado por productores y exportadores de sus áreas de influencia.
Sin embargo, cuando frente a una situación de riesgo, no se tiene noticia de planes creíbles y acciones concretas, esa ausencia de novedad puede resultar la confirmación que lo que ayer era un riesgo, lamentablemente hoy se ha materializado cruda y gravemente. Ese es el caso de Buenos aires, nuestro principal puerto de origen y destino de las cargas de más alto valor agregado. Llegamos al final de otro año en que el brillo alcanzado por los indicadores económicos de Argentina, no ha sido acompañado debidamente por el desempeño de su principal y prácticamente único puerto dedicado a la atención de los servicios de navegación de línea regular.
Para destacar
Sin duda que es auspicioso que durante este año se haya comenzado el dragado para ensanchar su acceso y alcanzar 34 pies, pero no podemos ignorar que la selección del comitente implicó la cancelación del primer llamado a licitación y en total bastante más tiempo (años) que el que insume la obra misma.
Ha sido también un hecho destacado que la empresa Maersk haya introducido durante este año una nueva grúa móvil sobre neumáticos para las operaciones de la terminal. No menos importante ha sido el ingreso de scanners llevado a cabo por la Aduana.
Esta era una asignatura imprescindible para mantener a Buenos Aires en el mapa de la seguridad internacional.
Lamentablemente la falta de hechos que se hayan destacado por evitar que Buenos Aires caiga en una situación de congestión, nos ha llevado precisamente a donde nadie quería ir, a la congestión del mismo. Se transforma así el rol que un puerto público como éste debe tener de facilitador del comercio exterior, en un escollo para el mismo. Hasta septiembre, había movilizado 849.400 TEUs, esto permite estimar que para el cierre del año totalizará 1.132.533 TEUs. Comparado con los 1.118.800 TEUs operados durante 2006, este año la tasa de crecimiento habrá caído un vez más, pero ahora drásticamente a valores cercanos al 1,5% anual. La falta de acciones concretas y a tiempo para resolver las necesidades de expansión de la infraestructura de Puerto Nuevo ha llevado a que éste resulte incapaz de seguir el vigoroso crecimiento de nuestro comercio exterior. Las cargas movilizadas por los servicios de línea regular dependen cada vez más de trasbordos en Uruguay, lo cual encarece los fletes marítimos, erosiona la competitividad de nuestras exportaciones, encarece los insumos importados, y esta inadmisible dependencia de puertos de terceros también implica un drenaje adicional de divisas hacia el exterior. Mientras la tasa de crecimiento de Buenos Aires disminuye cada vez más y se acerca a cero, el crecimiento de Montevideo previsto para fin de este año habrá aumentado al 21% (ver gráficos I y II).
Montevideo se ha instalado como puerto concentrador de las cargas de la hidrovía y de las exportaciones pesqueras del sur argentino, y está pronto a decidir sobre distintas propuestas de expansión de su capacidad, pero de este lado del Río de la Plata no se da muestra alguna de saber como resolver el problema al que hemos arribado y menos aun de poner manos a la obra. Mientras aquí en el mejor de los casos se sigue pensando en que hacer, la administración del puerto de Montevideo se maneja profesionalmente y el trasbordo sigue creciendo (ver gráfico III)
A menos que suceda un cambio profundo en la gestión del puerto de Buenos Aires y se comience a decidir y resolver el grave problema de congestión que lo afecta, sus perspectivas para el 2008 permiten anticipar más complicaciones para exportadores, importadores y líneas de navegación.
Quizás una expectativa subyacente radique en la posibilidad que el nuevo gobierno de la Ciudad demuestre más interés que los anteriores en participar de la gestión del puerto y en vez de reclamar tan solo la transferencia de su dominio o simplemente la caja, contribuya a desarrollar la representatividad en la gestión que la ley 24.093 prevé.
Por Daniel Caso
Capitán de Ultramar y licenciado en Administración Naviera
20/12/07
TRANSPORT & CARGO
EL CRONISTA

