Aunque sabemos que un evento no hace al cambio climático, no podemos negar que la frecuencia de las tormentas y las precipitaciones intensas ha cambiado. Y esto es algo que está científicamente documentado.
Aunque sabemos que un evento no hace al cambio climático, no podemos negar que la frecuencia de las tormentas y las precipitaciones intensas ha cambiado. Y esto es algo que está científicamente documentado.
Por lo tanto, que las lluvias intensas con inundaciones y los aludes que ocurrieron en los últimos días en distintas provincias de nuestro país se deban al cambio climático es altamente probable.
Y lo es, primero, porque está ocurriendo en casi todo el planeta. Segundo, porque la física de la atmósfera nos permitiría explicar que a mayor temperatura, más capacidad atmosférica de contener más agua en forma de vapor, que es el “combustible” necesario para liberar las precipitaciones intensas y los fenómenos asociados, como los vientos intensos, los rayos y el granizo.
Así que hay motivos para pensar que la ocurrencia de estos eventos en distintas regiones de nuestro país sea altamente probable debido al cambio climático, que más precisamente no es otra cosa que lo que todos conocemos como calentamiento global.
Los pocos estudios realizados hasta ahora sobre la Argentina indican que estas condiciones van a continuar por lo menos como hasta ahora.
Hubo un cambio en los últimos 40 o 50 años y podría acentuarse, aunque aún no lo sabemos con seguridad. Sí podemos decir que, por lo menos, este cambio se va a mantener. Esto es lo único que se puede decir por ahora con los pocos estudios disponibles sobre el país.
Las tormentas tienen varias consecuencias. La primera, y fundamental, es que cuando producen inundaciones y deslaves pueden provocar víctimas. Esto es lo que hay que evitar.
Para eso se debe reducir la exposición a esos eventos. Si se vive en sitios con mucha pendiente, por ejemplo, se está expuesto a consecuencias si se desplaza el suelo. Lo mismo se podría aplicar a las poblaciones que viven donde la experiencia o la física indican que se pueden producir inundaciones.
En el campo, estas tormentas no siempre provocan daños económicos. Cuando son zonas inundables, la mejor solución tiene que conocerla y poder implementarla cada propietario. Es como la sequía. Y, en general, los productores conocen cuáles son los riesgos y cómo superarlos.
Son varios los aspectos que se pueden mejorar con la adaptación. Uno es, justamente, la reducción de la exposición de la población. Otro es que el proceso de recuperación de las personas que padecen estas inundaciones sea más eficiente. Y esto tiene que ver con una agenda más amplia y relacionada con el desarrollo económico y social.
Una mejoría de las condiciones socioeconómicas hace que las poblaciones sean cada vez menos vulnerables al cambio climático.
Por ahora, lo más importante es tener más claro que las condiciones climáticas cambiaron y tomar nota de eso. Pero así, en abstracto, sería muy difícil asegurar que estos últimos eventos que provocaron tantos evacuados estén directamente asociados con el cambio climático. (Por Vicente Barros, La Nacion)
09/04/14
