Un hábitat arrasado por desidia e ignorancia (Río Grande)

Un hábitat arrasado por desidia e ignorancia (Río Grande)

La costa de la ciudad fue capturada en imágenes durante el segundo censo nacional realizado en septiembre.

La costa de la ciudad fue capturada en imágenes durante el segundo censo nacional realizado en septiembre.

Los datos preliminares presentan un agravamiento de la contaminación del hábitat que afecta el medio ambiente, pero fundamentalmente a los seres humanos que conviven con la basura. Los ambientalistas compararon el escenario con la espalda de una villa miseria y adjudicaron la desidia a una ignorancia muy fuerte, que se combina con indiferencia, y también con intereses cruzados que no contribuyen al saneamiento.

Río Grande (F.O.).- “Ensuciar es una forma de ignorancia muy fuerte”, opinaron ambientalistas locales, arrojando una frase que golpeó tanto como las imágenes recogidas durante el segundo Censo Nacional de Contaminación Costera, realizado el 2 de septiembre pasado, y que cedieron gentilmente para esta nota.

El censo fue el primer paso hacia un diagnóstico nacional de las costas de todo el país, desde San Clemente del Tuyú, la Bahía de Sanborombón, hasta nuestras costas de Río Grande y las vecinas de Ushuaia.

El propósito fue ‘tomarle la temperatura’ a la costa, ver cuánto existe de basura acumulada para contar con un mapa de situación que después permita tomar decisiones adecuadas, puesto que la evolución de la contaminación era de esperar que no arrojara cifras negativas, sino un crecimiento exponencial, tal como ocurrió.

Alrededor de tres mil voluntarios trabajaron en todas las playas del país, y en Río Grande fueron más de doscientos, entre integrantes de organizaciones ambientalistas como la Fundación Patagonia Natural, la Asociación Costa Atlántica Fueguina, el Centro Fueguino de Desarrollo Sustentable, el grupo Scout, e instituciones como la Prefectura Naval, Gendarmería, el BIM 5, la Municipalidad, la Secretaría de Recursos Naturales de la provincia.

“El espectro era muy amplio y muy interesante porque había de todo, y todos colaboraron”, indicó Nicolás Lucas, abogado, periodista y miembro del Centro Fueguino de Desarrollo Sustentable.

“En nuestro caso nos propusimos no tanto hacer el censo sino movilizar a las escuelas y a los chicos. Se sumaron muchos, el día ayudó porque fue espléndido, y se prohibió a la gente juntar basura porque era para contar nada más –explicó-. Ahora lo que se hizo fue compilar las planillas y enviarlas a Puerto Madryn, donde se hace toda la sistematización y estamos a la espera de los resultados”.

Demasiada espera

Lucas indicó que el censo anterior se realizó hace diez años, lo que consideró “demasiado tiempo” para actualizar los datos, y por la gravedad de la situación se pretende que el lapso se reduzca a dos.

“Los informes anteriores indican que la situación era bastante mala y no ha mejorado; al contrario, se ha puesto peor y en el caso de Río Grande es evidente”, dijo, con las imágenes obtenidas como soporte, que forman parte de un paisaje que no todos ven.

“Es un asco, sin eufemismos”, respondió cuando le pedimos que sintetizara la sensación que le produjo el escenario costero, la misma sensación que despertó en el auditorio que, el pasado viernes en el CGP, se convocó para debatir sobre esta preocupación de los ambientalistas, de la que debe hacerse carne toda la sociedad.

La zona más crítica se ubica en la boca del río, “en la desembocadura desde Punta Popper hasta pasando el barrio industrial. Es dantesco cuando lo ves, parecen fotos tomadas del Riachuelo”, comparó.

El aporte del Club Náutico, con sus fotógrafos navegando en kayak por la costa, fue fundamental para acercarse a todos los rincones y capturar cada detalle. “Había lugares donde no se podía contar la basura porque eran montañas y montañas, y parecía la espalda de una villa miseria, algo impresionante”, transmitió Nicolás Lucas.

Una muerte lenta

Frente a la prueba del desastre, la pregunta es cómo se pudo llegar a este punto. Lucas apeló al viejo cuento del sapo y el agua hirviendo: “Si ponés un sapo en agua hirviendo enseguida salta; pero si vas calentando el agua de a poco, el sapo se va ajustando hasta que un día muere sin darse cuenta. Esto pasó acá, fue de forma gradual, y hoy estamos en un punto comparable a los riachuelos que se ven en el conurbano de la ciudad de Buenos Aires, en menor escala pero hacia ahí vamos sin ninguna duda, en términos de lo que está ocurriendo”, alertó.

Desinterés e intereses cruzados

Desde el Centro Fueguino de Desarrollo Sustentable se había intentado abrir una discusión pública sobre la contaminación de la costa durante el tratamiento de la Carta Orgánica Municipal, para la cual elevaron proyectos propios. No fue posible profundizar en estos temas y, sobre los poderes públicos que deben definir políticas claras, parece seguir reinando la indiferencia.

“Esta es una propuesta de largo plazo, acá hay una cuestión de cambio de cultura, de mentalidad, hay una inercia muy fuerte –opinó Lucas-. Nosotros creemos que en efecto hay mucha desidia, mucho desinterés y, en algunos casos, hay intereses cruzados, intereses ‘non sanctos’ que dificultan la cuestión”, observó.

Remarcó que en gran medida, sobre todo “entre los industriales, los constructores, la gente que tira basura, los propios ciudadanos, hay un tema de cambio cultural muy fuerte. Esto no se resuelve si la sociedad no se adueña de la costa –enfatizó-. La costa es un símbolo que nos une a todos, es el lugar que tenemos para ir a recrearnos, mientras eso no se valore y se le dé la espalda, esto es de muy difícil solución”.

Aseguró que “las soluciones técnicas existen. Uno puede inyectar una barbaridad de dinero y usar la mejor tecnología, pero al poco tiempo se va a volver a ensuciar porque no hay un cambio cultural –insistió-. Nosotros apostamos fundamentalmente a eso, sin negar que hay todo un tema de responsabilidades, desde lo legal hasta lo ético, que hay que reforzar, pero la acción prioritaria hace al cambio de las mentalidades. A nadie le interesa ensuciar, no es interés de nadie depredar, como puede ser la pesquería. Ensuciar es casi una forma de ignorancia muy fuerte”, diagnosticó.

Y ahora qué

Si bien la contaminación tiene consecuencias sobre las aves migratorias, en tanto afecta el hábitat y sus lugares de descanso -puesto que hay espacios costeros que han pasado a ser una cantera o una construcción-, los más afectados son los seres humanos.

En este contexto de “ignorancia profunda”, no se entiende que vivir entre basura “no solamente altera la vida de los pájaros sino que afecta el equilibrio psicológico de la población de Río Grande: una de las especies afectada por esto es el ser humano, porque este es nuestro hábitat también”, subrayó el abogado.

Qué hacemos ahora fue la pregunta que dejaron flotando chicos y adultos que colaboraron en el censo, y la gente que se convocó el viernes al CGP.

Para los ambientalistas este trabajo fue un disparador que ha motivado a varios a “hacer algo”.

“Se buscó empezar a dar salida a ese ‘qué hacemos’, porque es muy indignante, y la pregunta es cómo convertir esa indignación en una fuerza positiva, en lugar de en una fuente de frustración. Uno se siente impotente, pero no somos impotentes, en realidad es cuestión de sumar y, entre más sumemos, esto tiene solución. Es a largo plazo pero la tiene”, dijo con cierto optimismo.

También resaltó que en la reunión del viernes se consiguió que un conjunto de organizaciones se encontraran y se reconocieran mutuamente, “como que todos en conjunto formamos algo como un movimiento ambientalista en Río Grande, lo que no estaba muy claro que existiera. De a poco nos estamos consolidando en eso, cada uno desde su lugar, pero con objetivos comunes”.

Acciones combinadas

Nicolás Lucas apuntó que las acciones comunes que se comenzaron a discutir el viernes pasado van a ser presentadas a la sociedad en los próximos meses.

Desde el Centro Fueguino se apostará a crear conciencia, pero no descartaron otro tipo de acciones de parte de otras organizaciones, incluso las judiciales.

“Hay una diversidad de organizaciones, cada una empuja a su estilo y su forma. No hay que descartar la vía judicial de ninguna manera, porque es un resorte de última instancia frente al atropello sistemático. Nosotros, en este momento, preferimos apostarle al cambio cultural, pero hay otras organizaciones que por ahí no, que preferirán la acción legal y están perfectamente legitimadas. A nosotros también nos gustaría empezar a trabajar más en el tema de justicia y medio ambiente, porque notamos también que ni los jueces ni los fiscales entienden muy bien la normativa ni saben cómo aplicarla”, manifestó.

Asimismo, destacó los avances de la Corte nacional en materia de derecho ambiental, y dejó en manos de cada organización definir sus propias estrategias para contrarrestar los efectos de los agentes que provocan el daño. “En este momento nosotros optamos más por la cuestión educativa. Vamos por ese camino porque entendemos que ni los políticos ni los empresarios salen de un repollo, son parte de la sociedad, uno camina por la avenida Prefectura Naval y ve la roña que hay y, en ese contexto, ¿es pensable un Estado que esté preocupado por limpiar?”, se preguntó.

No obstante consideró que “las responsabilidades son compartidas pero no son iguales para todos. A mí no me da lo mismo que una empresa deseche sus cosas así nomás porque sí. Todos queremos un nivel de sanción efectiva, pero a la hora de decir dónde está la prioridad puesta, hoy preferiría concientizar a un gerente porque asumo que tiene un tema de costos, pero también que tiene un tema de ignorancia profunda”, ejemplificó.

“Ojalá hubiera muchas ONG en Río Grande y algunas se dedicaran a una acción más militante en ese sentido, en la acción judicial y la denuncia. Nosotros optamos por otro camino, que nos parece más conducente, el otro es más funcional. Pero son complementarios”, concluyó el ambientalista.

25/09/07
PROVINCIA 23

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