Pasar un tiempo en el puerto es como grabar en la retina una fotografía de la economía y de la vida misma de los habitantes.
Pasar un tiempo en el puerto es como grabar en la retina una fotografía de la economía y de la vida misma de los habitantes.
Allí está lo que compra y vende el país; el interés internacional que provoca, medido en cruceros; la seguridad, demostrada en la mercadería ilegal descubierta; la modernización, traducida en la infraestructura para manipular la carga; la poca o mucha burocracia, presente en la liberalización de los bultos… Por eso, mirar los puertos también es descubrir el pulso vital de cada región, del país mismo. Y el lugar, claro, que cada gobierno le da al crecimiento.
Las inversiones destinadas a mejorar la operatividad de los embarcaderos, en momentos donde los volúmenes de mercaderías cuentan con altos registros, son más que bienvenidas. Pero sería un error pensar que sólo de esa forma se beneficia el comercio exterior, estaríamos subestimándolo.
Patrick Campbell, secretario del Centro de Navegación y presidente de la Cámara Interamericana de Asociaciones Nacionales de Agentes Marítimos (Cianam), advirtió que, cuando de comercio exterior se trata, debe hablarse ya no de transporte puerto a puerto sino de puerta a puerta.
Es que si los puertos no tienen buenas conexiones, si sus gastos son elevados, si a los canales de acceso les falta profundidad, si los problemas gremiales ponen en riesgo los servicios de remolque, si los fletes domésticos están por las nubes o bien escasean, entonces estamos frente a un riquísimo corte de asado para el que nos falta la leña y el fuego.
Se necesita una política de comercio exterior que mire al futuro, capaz de crear un verdadero mapa logístico, donde estén presentes la calidad de las rutas, nuevas autopistas y enlaces ferroviarios, además de la estructura portuaria. Una política lo suficientemente ágil, con capacidad de reacción, como para resolver los inconvenienes que frenan y afectan al sector, y lo necesariamente sabia para que no se agote en lo breve y crea en el largo plazo.
Por Ana Miura
27/02/07
LA NACION
