Un beso que hizo historia

Un beso que hizo historia

Los diarios del mundo se ocuparon, el pasado 16 de marzo, de dedicar un generoso y merecido espacio a la muerte de un hombre de 86 años, ocurrida en Texas, por haber sido quien, hace 69 años, le estampó un sentido beso a una enfermera en la mítica esquina de Times Square, en New York.

Los diarios del mundo se ocuparon, el pasado 16 de marzo, de dedicar un generoso y merecido espacio a la muerte de un hombre de 86 años, ocurrida en Texas, por haber sido quien, hace 69 años, le estampó un sentido beso a una enfermera en la mítica esquina de Times Square, en New York.

El hombre se llamaba Glenn McDuffie y tenía 18 años cuando, aquel día de agosto de 1945, salió del subterráneo después de haber escuchado la noticia del final de la Segunda Guerra Mundial, tras la rendición de Japón.

Preso de una alegría incontenible, Glenn quedó un instante parado frente a Edith Shain, una enfermera diez años mayor que él, quien también había dejado ocasionalmente su trabajo en el hospital neoyorquino para celebrar el final de la contienda.

Al verlo al muchacho eufórico, le dedicó una sonrisa. Glenn sintió entonces el impulso de besarla y, al mejor estilo de Hollywood, tomó a la mujer de la cintura, la reclinó con galante firmeza y le estampó un tierno beso. La mujer tuvo el esmero de doblar y levantar su pierna hacia atrás, hasta conformar una imagen única.

El prusiano Alfred Eisenstaedt, fotógrafo de la revista “Life”, retrató varias escenas similares aquel día, pero el abrazo entre el marinero y la enfermera reunió las condiciones para convertirse en una obra de arte y en uno de los besos más famosos del siglo XX.

La fotografía fue luego cuestionada (se habló de una toma trucada) y, como Eisenstaedt no preguntó el nombre a los protagonistas, hubo en el tiempo once hombres y tres mujeres que manifestaron ser los retratados. El caso requirió la intervención de especialistas forenses hasta determinar, con cierta precisión, que Glenn y Edith eran “la pareja del beso”.

La muerte de Glenn pone punto final a esta historia. Edith falleció en 2010 y el autor de la foto en 1995. Aquel beso simbolizó un acto de amor, paz y felicidad. Fue, de alguna manera, un choque de labios capaz de atenuar el horror por las 220 mil personas muertas una semana antes en Hiroshima y Nagasaki, y de los 60 millones de muertos en la guerra.

“Hechos que pueblan el espacio y que tocan a su fin cuando alguien se muere pueden maravillarnos, pero una cosa, o un número infinito de cosas, muere en cada agonía. En el tiempo hubo un día que apagó los últimos ojos que vieron a Cristo; la batalla de Junín y el amor de Helena murieron con la muerte de un hombre”, escribió Jorge Luis Borges en “El testigo”. Con la partida de Glenn, quizás se entienda que muchos gestos de los hombres pueden ser inmortales. (La Nueva Provincia)

20/03/14

 

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