A la prestigiosa científica catalana Josefina Castellví le preguntaron el otro día en una emisora de radio cuáles son las peores amenazas que se ciernen sobre la Antártida, el continente helado cuya evolución y estabilidad tanto inquieta a miles de aspirantes a soplagaitas que se la cogen con un confetti e intentan ver en un cubito de hielo que se derrite el negro presagio de que esto se acaba.

A la prestigiosa científica catalana Josefina Castellví le preguntaron el otro día en una emisora de radio cuáles son las peores amenazas que se ciernen sobre la Antártida, el continente helado cuya evolución y estabilidad tanto inquieta a miles de aspirantes a soplagaitas que se la cogen con un confetti e intentan ver en un cubito de hielo que se derrite el negro presagio de que esto se acaba.

Josefina Castellví es de las pocas personas verdaderamente especializadas en la Antártida. Puede hablar con total conocimiento de causa, porque ha pasado diez años de su vida dedicada a las expediciones de investigación en el continente helado e incluso dirigió allí la base científica española Juan Carlos I. Además, cuenta lo que sabe sin alharacas, con modestia, sin estridencias, como hablan las personas verdaderamente sabias, que trabajan con vocación de saber y de servir a la colectividad, que saben de lo que hablan y quieren transmitir lo que saben, y tú les notas enseguida que llevan carga de conocimientos con ganas de transmitirlos.

Cuando se pregunta a una científica de este nivel por la mayor amenaza antártida, en un tipo de programa donde lo que impera es la pregunta imperiosa que refiere a lugares comunes, se apunta, evidentemente, en una dirección conocida: que nos digan que es el cambio climático, y así cerramos el ciclo de lo que buscamos; no nos venga con rodeos, oiga, y demos pábulo enseguida a las ideas recibidas.

Josefina Castellví dijo, sin embargo, que las mayores amenazas que se ciernen hoy sobre la Antártida no tienen que ver con el pretendido calentamiento global, con el temido deshielo (ha aumentado el hielo, precisamente), con el posible aprovechamiento de materias primas por parte de las superpotencias ni con la pérdida de biodiversidad, a no ser por lo que se relacione con lo que dijo a continuación, porque proclamó que el verdadero peligro que sufre hoy la gran reserva de agua dulce helada es el de las agresiones del turismo.

Vaya tela para reflexionar. El turismo, que muchos tienen como la gran salvación, es el gran peligro. Porque cada vez hay más gente con posibles que quiere ir a lo más exótico, y como hay medios técnicos para llevarlos y entretenerlos… Imaginen una invasión de guiris deambulando entre pingüinos y exigiendo a los organizadores la máxima comodidad a 50º bajo cero. Pedirían calefacción portátil y garantía de no aburrirse. Acabarían llenándolo todo de latas de refrescos y de bolsas de plástico y los más listos terminarían por vender apartamentos con vistas. Todo por el progreso y el desarrollo sostenible, claro. No es broma, ya hay ofertas turísticas que están en ello.

04/09/07
LAS PROVINCIAS

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