”Todos los días vuelo a bordo de mis pinceles”

Le hubiese gustado ser piloto de avión pero, a su manera, vuela todos los días a bordo de lienzos y pinceles. Y parece satisfecho porque la pintura es, desde los seis años, su otro amor.

Le hubiese gustado ser piloto de avión pero, a su manera, vuela todos los días a bordo de lienzos y pinceles. Y parece satisfecho porque la pintura es, desde los seis años, su otro amor.

Autodidacta y muy reconocido en su especialidad, Carlos A. García pinta aviones de todo tipo transmitiendo no sólo hasta los fragmentos mínimos de la nave sino también toda la situación y el contexto que se propone plasmar.

Mientras explica los detalles de su minucioso trabajo, muestra una foto de uno de sus cuadros. Allí un Boeing 737-800 vuela sobre el aeropuerto internacional de Calgary, en Canadá. En un libro aparece otra de sus piezas en donde un inmenso glaciar Perito Moreno es sobrevolado por un Douglas DC-3.

En una revista, reproducen un cuadro protagonizado por un helicóptero marino que se aproxima a una plataforma petrolera en el sur del Mar Argentino.

Deja para el final los más impresionantes. En una lámina, tres Douglas A-4Q argentinos atacan a la HMS Ardent inglesa. Era el 21 de mayo de 1982, en plena Guerra de Malvinas.

Explica que una de las bombas lanzada explotó dentro del depósito de combustible del barco, hecho que produjo el posterior hundimiento. Y hay más. De arriba de un mueble, baja una docena de cuadros. Muchos reproducen hechos reales ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial. Recién al final destapa otro, increíble.

Dice: «El viernes se lo voy a entregar al piloto del avión, Guillermo Owen Crippa». Resulta que, en vuelo de reconocimiento armado, el entonces capitán de navío Crippa avista y ataca buques británicos en el estrecho de San Carlos, islas Malvinas, averiando a la fragata HMS Argonaut. Carlos García agrega: «Owen me contó que cuando vio la flota enemiga se quedó atónito. Pegó la vuelta, atacó con todo lo que tenía, y empezó a avisar sobre la llegada de los ingleses. Al principio no le creían… Después descubrieron que era cierto. Ese fue el inicio de la Guerra de Malvinas».

 

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Periodista: ¿El comandante Crippa le fue relatando el episodio que después usted pintó en este cuadro?

Carlos García: Cuando lo pinté aún no conocía a Owen. El cuadro formó parte de una exposición que realizó la Marina con motivo del aniversario de la Aviación Naval. En ese evento, me dicen que me van a presentar a una persona muy especial. Justamente a Owen Crippa. El miraba el cuadro y se le caían las lágrimas. Me preguntó cómo sabía tan bien todos los detalles. Le expliqué que había hecho una exhaustiva investigación. Con un testigo del hecho, armé el posible circuito, la posición de los barcos, todo… Me llevó más de veinte días hacer el boceto. No regalo cuadros porque vivo de mi trabajo, pero él se merece el obsequio.

P.: ¿Hace investigaciones para pintar cada uno de sus cuadros?

C.G.: Sí. Me considero un pintor histórico, porque no soy un ilustrador sino que plasmo la historia. Interpreto lo que sucedió. Cándido López estuvo en la Guerra del Paraguay, perdió un brazo, aprendió utilizando el otro y hoy sus pinturas son la fotografía de lo que fue esa guerra. Creo que lo mío es lo mismo, pero más moderno. Plasmo a través de la pintura lo que no se pude mostrar con una foto. Tengo mucha amistad con los pilotos, porque necesito investigar y saber qué pasó. Al especializarme en el tema, me gané la confianza de mucha gente que estuvo en la guerra. Pero soy detallista con todos mis cuadros. Siempre cuido el entorno. Si me piden uno de un avión volando sobre la ciudad de Hong Kong, pinto toda la ciudad completa, con todos sus edificios, con lujo de detalles. El tiempo promedio para realizar un óleo de 100×70 cm es de un mes, más una semana para realizar bocetos e investigaciones para que la obra sea lo más precisa posible.

P.: ¿Usted estuvo en la Guerra de Malvinas?

C.G.: Mi clase, 1960, fue movilizada, pero no me llegaron a llamar. Al pintar pienso que, en esa época, hombres que tenían unos pocos años más que yo estaban sentados en un avión arriesgando su vida, luchando contra un verdadero león. Al ir conociendo historias, me quedé aun más impactado. Y así fue que me dedique a plasmar hechos de Malvinas.

«Alas de trueno»

P.: También tiene cuadros sobre la Segunda Guerra Mundial…

C.G.: Siempre me interesó el tema. Pero hace unos años, Claudio Meunier me contó su proyecto de editar un libro que narre las historias de tripulantes argentinos que volaron en la Segunda Guerra Mundial. Le ofrecí participar ilustrando el libro. En octubre de 2003, «Alas de Trueno» fue presentado en la Embajada británica, en la Ciudad de Buenos Aires. Asistieron más de 400 personas. A los pocos meses, justamente un 2 de abril, presentamos el libro en la Embajada argentina en Inglaterra. Muchos se sorprenden cuando explico que en la Segunda Guerra Mundial hubo 660 pilotos argentinos voluntarios. Se calcula que se fueron 1.300 voluntarios de las tres armas, pero la mayoría era de aviación. Muchos de ellos, después, trabajaron como pilotos de Austral o Aerolíneas Argentinas. Stuart Haslam fue uno de los voluntarios argentinos que voló durante ese conflicto bélico. Fue primero oficial tanquista y luego oficial de vuelo en los Spitfire PR XIX presurizados, sobre los cielos de Alemania. Cuando vio la pintura original de su avión, se acercó y la firmó. Para mí es un documento histórico.

P.: ¿Cómo es el circuito para la venta de sus cuadros?

C.G.: Muy diferente al que siguen los demás artistas y pintores ya que, por ejemplo, no se exponen en galerías. Después de tantos años, me conocen en el país y también en algunos otros. De hecho califiqué y soy el primer artista sudamericano miembro de la American Society of Aviation Artist. Además, cuando en octubre de 2002 la Royal Air Force editó el libro «Wright to Fly» conmemorando los 100 años de la aviación, y en el que se relata su historia a través de obras pictóricas, fui elegido como el único artista sudamericano para integrarlo. Mi cuadro del Boeing 707 pintado para Aerolíneas Argentinas compitió con más de 200 pinturas en el mundo y salió seleccionado.

P.: ¿Conoce muchos países? ¿Recuerda algún viaje especial?

C.G.: Sí, visité varias veces algunos de Europa y de América. En 1995, la empresa norteamericana Westinghouse me invitó a conocer sus instalaciones. En esa época se hablaba de radarizar todo el territorio, y esta empresa se había presentado a la licitación. Después, quedó en la nada. Otro viaje muy interesante fue el que realicé en enero del 97 a Kuru, Guyana Francesa, para los preparativos del lanzamiento al espacio de nuestro satélite Nahuelsat 1.

Entrevista de Silvia Montenegro

24/05/07
AMBITO DEL PLACER

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