El sueño del cruce por aguas argentinas nació allá por 1983, con la vuelta de la democracia. Un sueño latente, que vive en las mentes de la mayoría de los fueguinos. Sueño que se reactivó, primero, con la provincialización del Territorio Nacional de la Tierra del Fuego en 1991 y, luego, con la aprobación de la ley de estudio de factibilidad en 2012. Sin tener que sacar demasiadas cuentas el cruce por aguas argentinas es un sueño que nos lleva a los fueguinos 30 años.
El sueño del cruce por aguas argentinas nació allá por 1983, con la vuelta de la democracia. Un sueño latente, que vive en las mentes de la mayoría de los fueguinos. Sueño que se reactivó, primero, con la provincialización del Territorio Nacional de la Tierra del Fuego en 1991 y, luego, con la aprobación de la ley de estudio de factibilidad en 2012. Sin tener que sacar demasiadas cuentas el cruce por aguas argentinas es un sueño que nos lleva a los fueguinos 30 años.
Parece una utopía, claro, el cruce por nuestras aguas es mucho más largo, por ende más costoso, que el cruce que (desde siempre) hacemos los habitantes de esta bendita isla: El de primera angostura, en Bahía Azul, Chile.
Cuando se piensa en uno de los preceptos fundamentales de la Constitución Nacional sobre la libertad de transitar por todo el país se enciende la primera alarma, la primera molestia. Yo, que vivo en Río Grande, si quiero ir a visitar a un amigo que vive en Río Gallegos, a algo menos de 400km, tengo que: salir del país, haciendo el trámite migratorio y aduanero correspondiente, entrar a Chile (con sendos trámites), pagar alrededor de 300 pesos el ferry para que me cruce de la isla al continente, salir de Chile y volver a entrar a Argentina (otra vez haciendo todos los trámites que las fronteras requieren). Entonces, ¿qué hacemos con eso de poder viajar por mi país libremente? La condición insular es una limitante insospechada.
Y ni hablemos de las preguntas que surgen, y las conclusiones que emergen:
-“¿Cómo que tenés que salir del país para salir de la isla?”
-“¿Es verdad que para cruzar al continente tienen que ir a Chile?”
(y mi favorita) –“Ah, es como si ustedes vivieran en otro país”
Pero no, no vivimos en otro país, por eso poder cruzar el estrecho por aguas argentinas sigue siendo un sueño para cada uno de los que vivimos de este lado del mapa. Sin tener que atravesar fronteras, rogando que ninguno de nuestros hijos pierda el documento a último momento, o que los trámites para hacer los permisos de salidas de un menor no suban mucho de precio de un año al otro, esperando que la cola en Bahía Azul no nos lleve 6, 10, 15 o hasta 24 horas. Cruzar por nuestras aguas… que sueño maravilloso.
Cuando el 31 de octubre de 2012 se aprobó la ley para poner en marcha el estudio de factibilidad técnico (y económico, punto bastante importante por cierto) en el Congreso de la Nación fue, para todos nosotros, un pequeño triunfo. Un paso, titubeante quizás, pero definitivamente hacia adelante. A partir de su aprobación se autorizó al Gobierno Nacional a realizar los estudios técnicos y de factibilidad económica para unir la isla con el continente a través de dos opciones por vía marítima: San Sebastián o Cabo Espíritu Santo en Tierra del Fuego y Punta Loyola o Punta Dúngenes en Santa Cruz.
La conexión de nuestra provincia con el continente se realizaría por el Estrecho de Magallanes mediante buques porta rodantes, capaces de realizar navegaciones de varias horas en mar abierto y soportando las adversas condiciones meteorológicas de la zona.
Aquella ley establecía un plazo de 60 días para dar inicio a los estudios, pero no tiene un tiempo total establecido. Y seguimos esperando. Todo sueño está puesto en el resumen, en el resultado de esos estudios. La mirada desde la isla se pone inquieta, ansiosa, con 30 años de una esperanza interminable. Nada está dicho aún y ninguna certeza se tiene de que, finalmente, el cruce por aguas argentinas sea factible. Pero, mientas tanto, acá estamos los fueguinos, al final del mapa cruzando los dedos y poniendo los ruegos en que los resultados sean positivos. La realización será para otro capítulo (esperemos, no tan largo).
Escarbo, quiero encontrar las mejores palabras para graficar lo que sentimos quienes habitamos en la Isla Grande cada vez que queremos cruzar el estrecho y las encuentro en la canción Cárcel Ciudad del grupo de rock local llamado Tres Orillas: “Tengo mar por todos lados, una reja, una reja de agua y sal”. Por María Fernanda Rossi
04/11/13
OPI SANTA CRUZ

