Tettamanti dio su discurso y la Argentina dejó de presidir el CIH

Estupor causó uno de los últimos discursos públicos de Horacio Tettamanti, empresario, filósofo político, revisionista histórico y “única autoridad portuaria nacional”, como eligió presentarse durante su discurso en la cena del Centro de Capitanes de Ultramar, el jueves último.


Estupor causó uno de los últimos discursos públicos de Horacio Tettamanti, empresario, filósofo político, revisionista histórico y “única autoridad portuaria nacional”, como eligió presentarse durante su discurso en la cena del Centro de Capitanes de Ultramar, el jueves último.

Exhibió como éxito (de su ensoñación independentista) las fracturas que sus cuatro años al frente de la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables cosecharon en el ambiente y en la región (que conoce su cólera aciaga). Un Aquiles con más talón que destreza. La “bala de plata” que prometió disparar en su asunción -lograr una ley de industria naval y marina mercante- nunca entró en la corredera.

En otras cenas de gremios (o gremialistas) cercanos al Gobierno, centuriones como Aníbal Díaz y Ernesto Constanzo lo escoltaban, junto con Sergio Dorrego y Juan Carlos Donato (el único que lo acompañó esta vez). Tampoco estuvo el diputado Gastón Harispe, cuyo proyecto de ley ponderó a grito pelado. Tal vez Harispe se enteró de la dualidad de Tettamanti, que en público lo apoya y denosta a los armadores de las “multinacionales extractivas de los recursos argentinos”, pero en privado los recibe y les confiesa que no cree en ese proyecto.

Muestra de la brecha que separa su fantasía de la realidad, ni un armador apoya esa ley. Más bien, los empresarios le advierten a Julián Domínguez que no apoyan el proyecto de Harispe (como sí lo hizo abiertamente Marcos Castro, de Capitanes, y metafóricamente Omar Suárez, del SOMU). Los armadores trabajan en un proyecto propio. Es cierto, tampoco fueron a la presentación del otro proyecto que Castro y Tettamanti critican como “tapón”, el de Gustavo Martínez Campos. Pero este diputado oficialista ya convocó a los armadores. Y se acerca, en silencio, a Scioli.

Tettamanti pareció despedirse, pero en su ley: atacó a los brasileños (los únicos mercosureños que no conocieron a fondo su verbo filoso) por querer “la libre navegación” en la hidrovía, que él entiende inviable porque lo cree un río donde la Argentina debe “defender su soberanía”. Pretendió argumentar este despropósito en el lugar menos indicado: la reunión del Comité Intergubernamental de la Hidrovía (CIH), que preside la Argentina y que hacía cuatro años no se reunía. La defensa no salió bien: las delegaciones echaron a la Argentina de la Presidencia, escandalizadas con el funcionario. Bolivia preside ahora un comité clave de la “Patria Grande”. (Por Emiliano Galli; La Nación)

09/09/15

 

 

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