Lago Ypacaraí, un espejo de las autoridades (Paraguay)

Lago Ypacaraí, un espejo de las autoridades (Paraguay)

Si se necesitara ilustrar con un solo ejemplo la total incapacidad de la gran mayoría de nuestras autoridades nacionales y comunales, la pobreza de su gestión administrativa y su olímpico desinterés por los asuntos a su cargo, no habría uno mejor que el caso del lago Ypacaraí. La contaminación gradual de este recurso natural, único en una vasta región del país, es una historia hasta si se quiere terrorífica acerca de una agonía varias veces anunciada.


Si se necesitara ilustrar con un solo ejemplo la total incapacidad de la gran mayoría de nuestras autoridades nacionales y comunales, la pobreza de su gestión administrativa y su olímpico desinterés por los asuntos a su cargo, no habría uno mejor que el caso del lago Ypacaraí. La contaminación gradual de este recurso natural, único en una vasta región del país, es una historia hasta si se quiere terrorífica acerca de una agonía varias veces anunciada.

Hasta hace poco tiempo, las aguas de este lago se contaminaban con microorganismos riesgosos para la salud humana en cada verano, cuando el nivel del líquido se reducía y se calentaba por efecto de las altas temperaturas veraniegas, y también, por supuesto, por el aumento constante de desechos humanos que se vertían directamente en el agua, o que llegaban a ella por medio del cauce de los arroyos tributarios o por declive, a través de las napas freáticas.

Actualmente, el fenómeno ya ocurre durante todo el año. En este mismo momento, en pleno invierno, con temperaturas templadas y vientos predominantes del sur, las fotografías que se publican de las playas del lago exhiben una espuma verde, conocido síntoma de alta contaminación química y biológica, demostrando visualmente el incesante incremento del mal y la persistencia asombrosa de la irresponsabilidad o ineptitud de quienes debieron encargarse de proteger el recurso natural y comenzar a revertir su pésima situación. La historia se repite año tras año, cada vez que se aproxima el verano: comienza a expresarse la preocupación de autoridades, comerciantes y población sobre el calamitoso estado del lago; se escuchan nuevamente afirmaciones de que tal o cual organización o expertos están estudiando la situación y que el inicio de los trabajos de recuperación está a la vuelta de la esquina; las instituciones sanitarias, conteo de por medio, informan que las cianobacterias bajaron su población y que el lago estará apto para su uso recreativo por los veraneantes. Y la historia sigue… para enfrentarnos –otra vez– con la triste realidad: las aguas del lago están tan podridas como siempre, y quien las utilice corre el riesgo de contraer alguna grave enfermedad. Las imágenes que ya comienzan a publicarse muestran la vergonzante situación.

De nuevo, cabe la pregunta: ¿qué se hizo concretamente desde el último verano para mejorar la situación del lago? ¿Quiénes son los primeros responsables de este daño ambiental de tan graves consecuencias, en múltiples aspectos, para nuestro país? Obviamente, los intendentes de las municipalidades de la cuenca hidrográfica del lago y las autoridades del Gobierno central, cuya competencia en materia ambiental y sanitaria está definida como especial –y en ciertos casos casi como exclusiva– en sus leyes orgánicas. Anótese al Ministerio de Salud Pública y a la Secretaría del Ambiente en primeras líneas y solo para comenzar.

Como el problema de la contaminación del lago Ypacaraí es ya un asunto que lleva muchos años, conviene recordar los millones que ya fueron dilapidados en estudios, análisis, diseños de proyectos experimentales, concurso de técnicos y expertos extranjeros, así como los centenares de talleres de estudio del caso, seminarios y reuniones de intendentes y concejales, exámenes de la zona, levantamiento de datos, recorridos de los arroyos tributarios, visitas a unidades económicas contaminadoras, etc., etc. Y, finalmente, las toneladas de papelería producidas, llenas de consejos, sugerencias de medidas administrativas y políticas a tomar, correcciones que realizar, normas que promulgar, etc., etc.

Muchos de los estudios que expertos nacionales y extranjeros realizaron, sus conclusiones y las sugerencias que hicieron para resolver el problema, son científicamente serios, bien fundados y aptos para ser inmediatamente aplicados; pero nada; todo acaba con los aplausos finales de las reuniones en que se los presenta.

Todas las veces que se trató públicamente el problema de la contaminación, al momento de posar ante las cámaras periodísticas, los intendentes y concejales municipales se mostraron con el ceño fruncido, profundamente “preocupados” por la situación del lago moribundo. Las autoridades nacionales de la Seam, el MSPyBS, el MOPC y otras se prodigaban en anuncios y promesas simplistas. “En dos años limpiaremos el lago”, declaraban, con el clásico triunfalismo del político ignorante y mentiroso pero audaz a la hora de formular anuncios optimistas. Otros prometían lograrlo en ocho; otros, los más “pesimistas”, en diez años. Pues ya transcurrieron más de diez años de las primeras denuncias y las condiciones de esas aguas fueron agravándose, y empeoran aún, visiblemente, año tras año.

En otras palabras, nadie movió un dedo. Ni los intendentes y concejales más “preocupados” de las municipalidades de la cuenca lacustre; ni los funcionarios “expertos” y técnicos de la Seam; ni los jefes administrativos de los aparatos burocráticos como Erssan y los ministerios de Salud y de Obras Públicas, ninguno dio un solo paso hacia el encaramiento sistemático de las soluciones propuestas para revertir las condiciones del lago. Todos tendrán algún pretexto para justificar su inacción.

En poco tiempo más arrancará la temporada veraniega y comenzarán de nuevo las denuncias de autoridades “preocupadísimas” por el problema, especialmente de aquellas localidades que obtienen provecho turístico del lago. Las mismas que, previa coima, dan las autorizaciones a mataderos, industrias, hospitales, estaciones de servicio, curtiembres, etc. etc., para seguir funcionando y contaminando. (ABC Color – Paraguay)

09/09/15

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