Submarinos ‘made in Colombia’

Pocas han sido hasta ahora las capturas relacionadas con el singular negocio.

Pocas han sido hasta ahora las capturas relacionadas con el singular negocio.

El ingenio y la capacidad de inventiva de los colombianos no tienen límites, lástima que no siempre esos talentos se exploten para bien, sino que se pongan al servicio del crimen.

Nos referimos a una industria, netamente nacional, que surgió a comienzos de la década de los 90 del siglo pasado y que al día de hoy presenta avances sorprendentes, pues de los pequeños semi-sumergibles de aquellos años, con los que los sucesores de Pablo Escobar y compañía buscaron burlar los controles de las autoridades para llevar hasta barcos en altamar la cocaína con destino a EEUU y Europa, se pasó a verdaderos submarinos, como el que se encontró el domingo, flotando en aguas del río Timbiquí, en zona rural del municipio caucano del mismo nombre, con capacidad de navegar a nueve metros bajo el agua – con cuatro tripulantes y 10 toneladas de la droga – entre la costa Pacífica colombiana y la de México.

Es tan notorio este singular aporte de nuestra ingeniería mecánica al progreso del transporte marítimo, que Wikipedia (“La enciclopedia libre”), trae el neologismo “narco submarino” y lo define diciendo: “… también llamado Big Foot sub por la Armada de los Estados Unidos, es un vehículo marino ilegal, construido por narcotraficantes colombianos para transportar cocaína a los Estados Unidos”. Agrega que, “aunque se les llama submarinos, éstos no tienen la capacidad de sumergirse completamente, por lo que, técnicamente, son semi-sumergibles. El navío es capaz de deslizarse al nivel del agua, solamente con la pequeña cabina y dos tubos (escape y ventilación) sobresaliendo del agua”.

Ahora, la popular enciclopedia en Internet, que a diferencia de las clásicas, impresas en papel, tiene la ventaja de que se puede actualizar al ritmo vertiginoso de los tiempos, tendrá que corregir y complementar lo que dice del “narco submarino” made in Colombia. Para ello, no recomendamos a sus editores que se basen en informaciones de periódicos y agencias internacionales de noticias – en una de éstas encontramos que le atribuyen a un almirante haber dicho el absurdo de que el submarino estaba dotado de “telescopio”, por decir “periscopio” – sino en el comunicado oficial en que se describen las características del sumergible decomisado en operación conjunta de la Armada Nacional, la Fuerza Aérea Colombiana y el CTI de la Fiscalía General, después de un cuidadoso trabajo de inteligencia en el que, según el gobierno, se contó con valiosa información ciudadana.

Según ese informe, el aparato mide 31 metros de eslora (largo) y 2.5 metros de manga (ancho) y en su construcción, a un costo cercano a $4.000 millones, se empleó tecnología avanzada, “vista por primera vez en el país”. Puede navegar totalmente sumergido, bajo la superficie del mar, lo cual lo hace prácticamente indetectable, “de allí la diferencia con los incautados anteriormente y catalogados como semi-sumergibles”. Dice además que está construido en fibra de vidrio, con refuerzos de fibra de carbono y su propulsión se consigue mediante dos motores diesel, que estaban instalados y listos para zarpar. Posee modernos sistemas de navegación, cuenta con un periscopio y con sistema de aire acondicionado para mayor confort de sus tripulantes. “Una vez sea trasladado a la Base Naval de Málaga, se efectuarán las inspecciones correspondientes”, concluye la Armada, que desde 1993, cuando se produjo la primera incautación de un semisumergible, en la Isla de Providencia, ha conseguido arrebatar a las organizaciones de narcotraficantes 61 de estos aparatos, habiendo sido el 2009 el año récord, con un total de 20.

Al comienzo, los semi-sumergibles colombianos eran de no más de 1,8 metros de eslora por 1,20 de manga, construidos en fibra de vidrio y propulsados por motores a gasolina. En el 2008, ya eran mucho más grandes, los había hasta de 11 metros de eslora por dos de manga. A mediados de febrero del año pasado, la Armada decomisó en Nariño el más grande hasta ese momento, de 17 metros de largo, apto para transportar siete toneladas de cocaína.

En vista del auge de esta modalidad de transporte de droga a los ávidos mercados internacionales, el gobierno anterior promovió la aprobación de la Ley 1311 del 9 de julio de 2009, que establece penas de 6 a 14 años de cárcel “a quienes financien, construyan, almacenen, comercialicen, transporten, adquieran o utilicen semisumergibles o sumergibles, con fines ilícitos”. Pocas han sido hasta ahora las capturas relacionadas con el singular negocio, pese a que esos astilleros clandestinos deben emplear a mucha gente, desde ingenieros y expertos hasta operarios, que trabajan durante meses para coronar un pedido de sus ricos financiadores, entre los que están, sin duda, las Farc. Sin embargo, no dejamos de felicitar a las FFAA y a los organismos de inteligencia del Estado por estas incautaciones y de lamentar que lo que podría ser un crédito para la ingeniería mecánica y naval de Colombia, sea por lo pronto un motivo de escarnio.

16/02/11
EL MUNDO.COM

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