(FNM) Una cosa es regatear el precio de un rescate exigido por piratas. Pero, aparentemente es una cosa totalmente distinta, el determinar exactamente quién debería pagarlo.
(FNM) Una cosa es regatear el precio de un rescate exigido por piratas. Pero, aparentemente es una cosa totalmente distinta, el determinar exactamente quién debería pagarlo.
Tal parece que el viernes, una situación de discordia entre los actores – la compañía naviera, el propietario del barco, las compañías de seguros, funcionarios de gobierno y familiares de los tripulantes capturados, por no mencionar a los piratas – estaba lentificando la negociación por la liberación del transporte ucraniano cargado de armamento que los piratas somalíes capturaron la semana última.
Los piratas quieren veinte millones de dólares, aunque personas cercanas a las negociaciones han dicho que es probable una reducción que fije el monto en cinco millones. A pesar de ello, todavía no hay nadie que esté ansioso por efectuar el pago.
“Hay tantas partes involucradas”, se lamentaba un familiar de uno de los tripulantes. “No queda claro dónde caen las responsabilidades”.
Y como si las cosas no fueran suficientemente complicadas, una de las pocas personas con experiencia en la espinosa problemática de la piratería, ha sido detenido por el gobierno de Kenia, bajo sospechas de ser él mismo, un pirata.
Andrew Mwangura, coordinador del Programa de Asistencia al Marino, una organización sin fines de lucro que hace el seguimiento de los ataques piratas, fue arrestado el miércoles. Tiene extensos contactos a lo largo de la costa somalí, infestada de estos bandoleros. Los funcionarios keniatas lo acusan de haber efectuado declaraciones falsas, y de trabajar para los delincuentes- “¿Cómo es que este señor siempre se entera de lo que está pasando en un buque antes que cualquier otro?”, se pregunta Alfred Mutua, vocero del gobierno de Kenia.
Muchos marinos en Kenia, insisten en que Mwangura es una buena persona, y que su única falta tal vez haya sido la de no morderse la lengua. Él fue el primero en revelar que el buque secuestrado formaba parte de una transacción secreta de armamento entre Kenia y la región sur de Sudán. Funcionarios keniatas han negado esto, afirmando que todo el pesado armamento, incluidos los tanques de combate, son para su propio uso. Sin embargo, diplomáticos occidentales han dicho privadamente, que esto último es una mentira.
“Andrew ha ayudado a muchísimos marinos”, sostuvo Athman Seif, director ejecutivo del Foro Marítimo de Kenia, que protege los recursos marinos. El año pasado, Mwangura ayudó en la liberación del cuñado de Seif, un hombre de mar a quien los piratas somalíes tuvieron secuestrado durante seis semanas. “Esta vez debe haber dicho algo que no era de buen augurio para los personajes importantes”, expresó Seif.
La historia del “FAINA”, que como se recordará fue secuestrado el 25 de septiembre a unas 200 millas de la costa de Somalia, pareció un poco sospechosa desde el principio. ¿Por qué estaba el buque desprotegido en una de las regiones más peligrosas del mundo, considerando que su carga incluía 33 tanques, 150 lanzadores de granadas, seis ametralladoras antiaéreas y cantidad de municiones? ¿Para qué necesita Kenia, famosa por su fauna salvaje pero no por sus guerras, tantos tanques? Y si los necesitara, ¿por qué, repentinamente, habría cambiado el armamento de origen británico que ha estado utilizando durante décadas, por un bloque de equipamiento oriental incompatible con el otro?
Los funcionarios keniatas han estado eludiendo estas preguntas. Para agregar un poco de misterio, el familiar de uno de los tripulantes afirmó esta semana que justo antes de la zarpada, se decidió cambiar la carga de automóviles que tenía el “FAINA”, por los tanques.
Esos tanques están siendo ahora celosamente vigilados por media docena de buques estadounidenses, que encajonaron al “FAINA” contra la escabrosa costa somalí. Una fragata rusa está en camino. Los americanos están dispuestos a impedir a los piratas que vendan las armas a los insurgentes islámicos, aunque parece ser que los piratas no tendrían la capacidad para desembarcar los tanques.
Diplomáticos occidentales han estado interactuando en forma cerrada, para tratar de decidir cómo resolver este secuestro, y cómo abordar el problema más ampliamente. En las reuniones del viernes, el plan preferido para la salida del buque ucraniano, parece haber sido el pago del rescate. La única alternativa, según han dicho los diplomáticos, es el desarrollo de una operación de comandos sobre el buque, lo que resultaría extremadamente peligroso, con el buque cargado de explosivos.
La cuestión parece ser ahora, reunir a todos los legítimos intereses en una misma página: el propietario israelí, el operador del buque ucraniano, y los tripulantes, 17 ucranianos, dos rusos y un latvio, sin contar al ruso fallecido a bordo.
“No veo movimientos al respecto”, deslizó un funcionario próximo a las negociaciones el viernes. Por Jeffrey Gentleman. (Traducido por NUESTROMAR de The New York Times; 03/10/08)
05/10/08
NUESTROMAR

