La estadística no refleja en desembarques la falta de trabajo que denuncian los gremios. Sin rentabilidad, los armadores pescan lo permitido y ponen en jaque el trabajo del pescado negro.
La estadística no refleja en desembarques la falta de trabajo que denuncian los gremios. Sin rentabilidad, los armadores pescan lo permitido y ponen en jaque el trabajo del pescado negro.
No hay estadística que sea capaz de distinguir cuántas de las 59 mil personas con problemas de empleo en Mar del Plata y Batán, lo perdieron o lo tienen entre algodones, en los muelles y calles del puerto marplatense.
Lo que asoma como una sentencia tangible es que las estadísticas oficiales que marcan el nivel de desempleo y las que monitorean el ritmo de la actividad pesquera circulan por caminos opuestos y no terminan de reflejar lo que ocurre entre barcos y tablas de acrílico.
Todos los gremios vinculados con la actividad, desde los marineros del Somu y el Simape, los estibadores del Supa y los fileteros, peones y envasadoras del Soip, se han encolumnado detrás de Pedro Fernández para exponer la falta de empleo a partir de la escasa actividad de la flota fresquera.
El titular de la CGT Regional de Mar del Plata empuñó días pasados un documento conjunto con el que golpeó la puerta y pidió audiencia en el despacho del ministro de Agricultura, Carlos Casamiquela y la vice de Trabajo, Noemí Rial. Todavía no hay fecha para la reunión y los gremios se debaten entre denunciar un lock out patronal, pedir que los congeladores se corran más al sur. O ambas cosas.
Pero la falta de trabajo que denuncian los gremios no se ve reflejada en los datos que aporta la Dirección Nacional de Planificación Pesquera de la Subsecretaría de Pesca sobre la actividad en alta mar. El organismo marca que en el primer cuatrimestre del año se han declarado desembarques en el puerto marplatense por 124.740 toneladas, entre peces, mariscos y moluscos.
La cifra no está lejos de las 127.857 toneladas que la misma fuente revela para el idéntico período del año anterior. La flota fresquera ahora lleva desembarcadas 53 mil toneladas, una performance similar a la del año pasado, pero en el 2013 no se dispararon las alarmas como ahora.
Puertas afuera el negocio bien disimula las contradicciones internas. Las exportaciones totales de productos pesqueros (fresco, congelado, filetes, crustáceos, moluscos, grasas, aceites y harina), en el primer bimestre del año se declararon envíos por 50.458 toneladas que significaron 176,4 millones de dólares. Los números representan un incremento del 4,6% en volumen y un 24,3% en valor.
¿Dónde está la punta del ovillo como para comenzar a desenredarlo?. Los referentes sindicales lo saben pero nadie se anima a decirlo, al menos públicamente. Por lo bajo aseguran que el principal problema que afecta al sector es la falta del pescado en negro.
Los armadores pesqueros que operan sobre la merluza tienen una cuota determinada de captura anual, subdividida a lo largo del año. Hasta que la operatoria fue más o menos rentable, el combustible no se había disparado y el pescado no estaba tan lejos, pescaban lo que estaba dentro de la cuota y un poco más. Bastante más
¿Cómo lo hacían?: alteraban el parte de pesca o directamente no declaraban la captura: traían merluza y declaraban otra especie. No es una maniobra nueva. A principios del siglo nuevo el Inidep, creyendo en los partes de pesca, casi declara en emergencia biológica especies como pargo, mero, pez palo o pescadilla, que por suerte, gozaban de buena salud. Esas eran las especies con que camuflaban a la merluza.
Estas maniobras, de la que todos están al tanto en los muelles del puerto, al punto que los cajones disfrazados tienen una determinada tarifa, según la cantidad y el recurso al que debe ponérsele el antifaz, han permitido en estos últimos años que el nivel de empleo no se desplome. “Que el puerto no estalle”, como ahora avizoran los gremios.
La comparación estadística entre un año y otro permite observar con nitidez que lo que no ha sufrido modificaciones es lo que se declara en blanco. La falta de incentivos para mover los barcos fresqueros provoca que los armadores apenas respiren; floten, para sobrevivir.
Revisando la estadística brotan datos incontrastables: Se ha descargado más merluza hubbsi en Mar del Plata en los primeros cuatro meses de este año (46.953 toneladas) que en igual período del año pasado (43.298 toneladas). Los gremios deberían estar contentos por el aumento de la actividad. Pero se preocupan porque falta la otra parte, la disfrazada, la negra, la que no figuraba en los partes de pesca, pero sí en las bodegas de los barcos, se transportaba en camiones y llegaba a la mesa de los fileteros. Le daba vida a la cadena de valor.
El gobierno hasta ahora eligió intervenciones quirúrgicas para que la sangre no llegue al río. Subsidió a todos los trabajadores bajo relación de dependencia del Soip con 3 mil pesos, pagaderos en 3 cuotas y ahora se apresta a replicar la ayuda hacia los no registrados, los grises de las cooperativas y los negros de las cuevas. Ahora evalúa bajarle los derechos de exportación a quien tenga personal registrado, en un estímulo solo para quien procesa lo que pesca.
Atravesadas las paritarias sin grandes lastimaduras, en las próximas semanas será clave observar otras respuestas del gobierno hacia la demanda de todos los sectores. Los gremios piden trabajo en tanto los empresarios, flexibilizar la zona de veda permanente de merluza. Como para poder mentir sin gastar tanto combustible y con la certeza de completar bodega en pocos días.
El punto es que la cuota individual de captura de cada barco no puede manipularse con la facilidad con que se conforman los partes de pesca. Lo que hay no es mucho más de lo que refleja la estadística y es poco lo que podría redistribuirse de cuota bajo el paraguas del “urgente interés social”.
Sin disfraces, la pesca marplatense nos entrega en bandeja una postal genuina y tan incontrastable como preocupante. Sin mentiras, es una industria donde sobra mucha gente. (Por Roberto Garrone; 0223.com)
23/05/14

