La sed de crudo en el mundo empuja a las compañías de exploración a aguas cada vez más profundas y a proyectos cargados de riesgos ambientales y políticos, los cuales afectan a naciones que no están preparadas para afrontar las secuelas.
La sed de crudo en el mundo empuja a las compañías de exploración a aguas cada vez más profundas y a proyectos cargados de riesgos ambientales y políticos, los cuales afectan a naciones que no están preparadas para afrontar las secuelas.
Los tiempos en que la industria simplemente perforaba el suelo para esperar la salida del petróleo y la entrada del dinero se terminan. Por ello, las compañías perforan pozos a gran profundidad en el océano, inyectan productos químicos en la tierra, para expulsar el crudo; hacen negocios con regímenes autoritarios y operan en algunos de los ecosistemas más delicados e inaccesibles del planeta, sin caminos ni puertos en buenas condiciones.
Todos estos factores aumentan la dificultad para que llegue el equipo necesario para limpiar un eventual derrame. Catástrofes como la que comenzó en abril último en el Golfo de México requerirán cada vez más cooperación internacional y serán más difíciles de mitigar.
Un análisis de las explotaciones petroleras del mundo encontró numerosos proyectos muy audaces. Brasil planea explotar bajo las capas de sal a cinco kilómetros de la superficie marina. En Cuba se perforarán siete pozos exploratorios submarinos cerca de La Habana, y en Florida. En las praderas canadienses el crudo se extraerá de arenas bituminosas, un suelo que es mezcla de arena y arcilla, cuya explotación requiere enormes cantidades de agua.
Al mismo tiempo, hay perforaciones en países con leyes débiles y sin técnicos capacitados, y también en regiones geológicas parecidas al norte del Golfo de México, donde la alta presión y las formaciones rocosas endebles son propensas a los estallidos.
Analistas advierten que la producción mundial de petróleo llegará a su pico y luego comenzará a declinar, a medida que los pozos terrestres se sequen. Aunque se estima que las reservas globales aún alcanzan 1.2 billones de barriles, extraer crudo exige cada vez mayores inversiones en lugares riesgosos.
“Se está volviendo más difícil encontrarlo. Hoy en día hace falta ir al final de la Tierra o al fondo de océanos muy profundos”, dijo Randy Udall, director de la organización ambientalista Oficina Comunitaria para la Eficiencia de Recursos, en Aspen, Colorado, EE. UU.
El director general de la petrolera británica BP, Bob Dudley, aseguró la semana última que las perforaciones a gran profundidad son necesarias, a pesar del riesgo, porque el mundo podría llegar a consumir 40 por ciento más de energía en 20 años.
BP y otras grandes petroleras aseguran que se están preparando para enfrentar los riesgos, y que buscan soluciones colectivas.
La Asociación Internacional de Productores de Petróleo y Gas dialoga sobre prevención de desastres con organizaciones de la industria en EE. UU., Australia, Brasil y Gran Bretaña, afirmó su director, Michael Engell- Jensen.
Sin embargo, hasta ahora se ha hecho poco a escala mundial para establecer regulaciones y procedimientos estandarizados ante las catástrofes. Hay regiones donde las tensiones diplomáticas obstaculizarían la cooperación entre países en caso de una emergencia, y algunas de las soluciones desarrolladas solo se aplican a una zona en particular, como el sistema de contención en aguas profundas que compañías estadounidenses están construyendo en el Golfo de México.
Peligro inminente
Compañías de exploración descubrieron enormes campos de crudo en el Atlántico sur, cerca de Brasil, que se cree contienen más de ocho millones de barriles. Pero para llegar a ellos hay que perforar a más de tres kilómetros de profundidad y luego a través de capas de sal de casi cinco kilómetros de espesor.
El Servicio Geológico de EE. UU. calcula que el Ártico contiene hasta un cuarto del crudo y el gas natural sin descubrir en el mundo, por lo que compañías rusas, estadounidenses, noruegas, danesas y canadienses se apresuran a buscarlo, a pesar de las demandas judiciales de grupos ambientalistas que buscan detenerlas.
Estas aseguran que el frío, el hielo, la falta de sol y microbios empeorarían en gran medida el efecto de un derrame de crudo en esa región.
Shell Oil promete que tendrá en Alaska una flota de reacción con helicópteros, barcos y vallas flotantes para responder a posibles derrames.
Por César Pérez Monzón
09/01/11
PRENSA LIBRE


