Personal naval logró ascender al rompehielos Irízar para peritar los daños sufridos como consecuencia del incendio en alta mar que obligó a su evacuación y hace temer por su suerte. La mayoría de los 240 efectivos que lo abandonaron llegaron en tres vuelos a Ezeiza y Bahía Blanca. Todos destacaron el heroísmo del capitán Tarapow que permaneció a bordo en soledad. Algunos narraron cómo sobrevivieron durante 8 horas en las balsas sin motor, a la deriva, con frío, mar picado y a oscuras.

Personal naval logró ascender al rompehielos Irízar para peritar los daños sufridos como consecuencia del incendio en alta mar que obligó a su evacuación y hace temer por su suerte. La mayoría de los 240 efectivos que lo abandonaron llegaron en tres vuelos a Ezeiza y Bahía Blanca. Todos destacaron el heroísmo del capitán Tarapow que permaneció a bordo en soledad. Algunos narraron cómo sobrevivieron durante 8 horas en las balsas sin motor, a la deriva, con frío, mar picado y a oscuras.

La mayoría de los 240 náufragos del buque rompehielos "Almirante Irízar", que sufrió graves daños por un incendio, arribó ayer en cuatro vuelos militares desde Trelew, Chubut, hasta la base bahiense "Comandante Espora", y al sector militar del Aeropuerto Internacional de Ezeiza,adonde fueron recibidos por sus familiares con sentidas muestras de emoción.

Según el informe del Estado Mayor Conjunto, los tripulantes y pasajeros llegaron ayer por la madrugada sanos y salvos a la base naval "Almirante Zar" de Trelew, donde cinco de ellos fueron atendidos por lesiones leves.

Entre los embarcados estaban el suboficial principal Tomás Alberto Reynoso y el cabo primero Héctor Rodolfo Medina, quienes habían sido internados en el hospital de Puerto Madryn y llegaron en sendas ambulancias a la pista donde aguardaba el avión.

Reynoso sufrió durante la evacuación del Irízar una luxación de hombro cuando hizo una brusca maniobra para subir a la balsa de salvamento. En tanto, Medina tuvo un principio de asfixia por inhalar el humo producido por el incendio.

El primer avión Fokker aterrizó a las 10.45 en Ezeiza, proveniente de la base "Almirante Zar", con asiento en la ciudad chubutense de Trelew. En tanto, un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea cumplió el traslado de otro grupo que llegó a Ezeiza, minutos antes de las 12, y un tercer vuelo fue también a Bahía Blanca, donde completó el rescate de los pasajeros y tripulantes.

Los náufragos fueron evacuados en los pesqueros "Magritte" de Uruguay y "Don Cayetano" y fueron recibidos en Puerto Madryn por personal sanitario de la Armada Argentina y de la provincia de Chubut, tras lo cual se los trasladó en ómnibus hacia Trelew.

EVALUACION DE DAÑOS

Entretanto, personal de control de la Armada logró ascender a la nave siniestrada, adonde únicamente permanecía su comandante, el capitán de fragata Guillermo Tarapow, para evaluar los daños provocados por el incendio.

El mal clima durante toda la jornada de ayer complicó esas tareas, que recién pudieron comenzar entrada la noche con el control del estado del rompehielos.

La ministra de Defensa, Nilda Garré, recibió a los náufragos en Ezeiza junto al jefe del Estado Mayor Conjunto, Jorge Chevallier, y el jefe de la Armada, Jorge Omar Godoy.

La funcionaria dijo que, si es posible, el rompehielos será remolcado hasta Puerto Belgrano, tarea a cargo del destructor "Brown" y las corbetas "Robinson" y "Granville".

Garré admitió que ""sin el Irízar serán muy grandes las dificultades"" para afrontar el aprovisionamiento de las bases en la Antártida, e indicó que el barco ""estaba en excelentes condiciones"" para navegar. Garré subrayó además que "hay un gran compromiso (del Gobierno) por recuperarlo".

Además, puso de relieve la "demostración de disciplina, profesionalismo y madurez" del capitán y los tripulantes para afrontar la contingencia.

RELATOS DE NAUFRAGOS

Los náufragos realizaron relatos estremecedores de la situación por la que tuvieron que pasar a partir del siniestro, ocurrido a las 22 del martes cuando estaban a 140 millas de Puerto Madryn, de regreso de las tradicionales operaciones en las bases antárticas.

La primera en descender del avión en Ezeiza fue Eva Curci, la camarógrafa del Ministerio de Educación que abordó el 21 de marzo para realizar un documental sobre las escuelas de la Antártida.

Tras ser saludada por Garré, Curci fue recibida por su dos hermanas y sus padres que la abrazaron con emoción. La camarógrafa de 32 años dijo que ""a pesar de lo ocurrido, en ningún momento tuve miedo y volvería a viajar"", y lamentó que ""todo el equipo con el material filmado quedó arriba del Irízar"".

Entre la tripulación había, además, varios niños que concurrieron luego de haber ganado un concurso literario organizado por la Armada, cuyo premio era viajar a bordo del Rompehielos en la Campaña Antártica junto con científicos de la Dirección Nacional del Antártico.

La teniente Silvina Morales manifestó que estuvieron en una balsa cerca de tres horas con "un mar embravecido", aunque destacó que "nadie perdió la calma, ni siquiera las niñas de 10 años" que estaban en el lugar.

BALDES CON AGUA

Por su parte, Emilio Coronel, un suboficial de 38 años electricista que trabajaba en la zona de máquinas donde se produjo el incendio, -y que se reencontró en Ezeiza con su mujer y su hijo-, dijo que ""no temí por mi vida, pero cuando comenzó el incendio busqué mi salvavidas, mi campera y mis fotos"". El militar manifestó que algunos tripulantes intentaron sofocar el siniestro "tirando agua con baldes, como podían, pero la temperatura no se podía controlar".

El suboficial dijo que el fuego se originó en ""las máquinas, en el corazón de barco, donde en 5 minutos se hizo realmente incontrolable por el tema del combustible que hay en esos locales.

""Fue doloroso ver cómo se nos había ido el barco en tan poco tiempo, cuando se nos cortan los generadores y no podemos tener más red de bombas de incendio"", relató mientras atendía emocionado el llamado telefónico de uno de sus hijos.

Jorge Oyola, un hombre de 48 años que navega desde hace más de 22, dijo luego -con su hijo en brazos- que ""es la primera vez que vivo un accidente así, me caí de la balsa pero fui rescatado enseguida. Lamentablemente este rompehielos, que creo que es el único de Sudamérica, quedó en muy malas condiciones"".

El científico Antonio Curtosi contó que algunos de ellos permanecieron ocho horas en las balsas salvavidas, padeciendo el frío ""a oscuras"" y el mar ""encrespado"" hasta que lograron ser rescatados.

""Yo tengo mucha experiencia en la Antártida, tengo 26 campañas y es la primera vez que me ocurre hacer un abandono de un barco. Por suerte no era en la Antártida, no sé que hubiera sucedido"", se preguntó ""Porque, para esta época del año, la evacuación del buque habría demorado dos días"".

PENSAR EN LOS HIJOS

El teniente Cristián Blanco, que fue recibido por su mujer y sus dos pequeños hijos, por su parte, narró: ""estuve cuatro horas en la balsa y en ese momento un piensa en un buen final: ellos -por sus hijos y su mujer- fueron los que me dieron la fuerza para estar acá"".

En tanto, el cabo principal Marcos Vásquez, a cargo del mantenimiento de los helicópteros del rompehielos, señaló que ""estuvimos seis horas en la balsa junto con otras 19 personas hasta que nos rescataron y durante ese lapso nos apoyamos unos a otros como así también a algunos que estaban descompuestos y quebrados por la situación"".

13/04/07
LA PRENSA

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