Schettino, el capitán hundido

El capitán napolitano Francesco Schettino, de 52 años, se enfrenta a una condena de 20 años por los delitos de naufragio por negligencia, homicidio involuntario, abandono del buque y daños medioambientales. Es el único que se sienta en el banquillo —el resto de los imputados pactó sus condenas con la fiscalía para evitar la cárcel— y tiene a todos contra él, empezando por la naviera Costa Cruceros, que el pasado mes de abril llegó a un acuerdo con la fiscalía para pagar un millón de euros como sanción administrativa y será una de las 242 partes demandantes, entre las que se encuentra el Ayuntamiento de Giglio. En cualquier caso, sea cual sea finalmente la sentencia, Schettino ya soporta una dura condena, la de la vergüenza pública. Su apellido ya estará ligado a la chapuza, a la prepotencia, a la cobardía.


El capitán napolitano Francesco Schettino, de 52 años, se enfrenta a una condena de 20 años por los delitos de naufragio por negligencia, homicidio involuntario, abandono del buque y daños medioambientales. Es el único que se sienta en el banquillo —el resto de los imputados pactó sus condenas con la fiscalía para evitar la cárcel— y tiene a todos contra él, empezando por la naviera Costa Cruceros, que el pasado mes de abril llegó a un acuerdo con la fiscalía para pagar un millón de euros como sanción administrativa y será una de las 242 partes demandantes, entre las que se encuentra el Ayuntamiento de Giglio. En cualquier caso, sea cual sea finalmente la sentencia, Schettino ya soporta una dura condena, la de la vergüenza pública. Su apellido ya estará ligado a la chapuza, a la prepotencia, a la cobardía.

Tal vez su maniobra final, la de intentar acercar el barco a la costa después de la colisión, sirviera —como él presume— para salvar a buena parte del pasaje. Pero su decisión alocada de ponerse a salvo y, sobre todo, la conversación con el capitán Gregorio de Falco, jefe de la capitanía de Livorno, que escuchó toda Italia prácticamente en directo, hacen que su prestigio sea más difícil de reflotar que todas las toneladas de la nave que arruinó.

—¡Schettino, vuelva a bordo! ¡Es una orden! Usted ha abandonado la nave y ahora estoy yo al mando. ¡Vuelva a bordo! ¿Está claro? (…). Ya hay cadáveres, Schettino, ¡vamos!

—¿Cuántos cadáveres hay?

—No lo sé. Solo sé de uno. ¡Tú eres el que tendrías que estar diciéndome cuántos, Cristo!

—¿Pero no se da cuenta de que aquí está todo oscuro y no se ve nada?

—¿Es que quiere irse a casa, Schettino? ¿Está oscuro y te quieres ir a casa? Suba a la nave usando la escala y me dice qué se puede hacer, cuántas personas hay y qué necesitan. ¡Ahora!

—Yo quiero subir a bordo pero…

—Hace una hora que me está diciendo esto. ¡Vaya a bordo y me llama desde allí! ¡Rápido!

16/09/13

EL PAÍS (España)

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio