La negativa del Reino Unido a excluir a Gibraltar de las conversaciones sobre el futuro del Peñón, como propuso el ministro de Asuntos Exteriores hace unos días, hacen pensar que el contencioso abierto desde hace más de tres siglos por la soberanía de estas tierras no tiene visos de solucionarse a corto plazo.
La negativa del Reino Unido a excluir a Gibraltar de las conversaciones sobre el futuro del Peñón, como propuso el ministro de Asuntos Exteriores hace unos días, hacen pensar que el contencioso abierto desde hace más de tres siglos por la soberanía de estas tierras no tiene visos de solucionarse a corto plazo. El ministro de Estado para Europa del Reino Unido, David Lidington, ha dicho en Madrid, durante un desayuno informativo, según la agencia Efe, que su país no está dispuesto a participar “en ningún proceso de negociación a menos que se haga con el beneplácito del Gobierno gibraltareño”. Precisamente todo lo contrario a lo que quiere el Gobierno español, que pretende discutir este controvertido asunto en reuniones bilaterales con los británicos. Así lo expuso el titular de Exteriores, José Manuel García-Margallo, hace unos días: “De jurisdicción y soberanía -dijo refiriéndose a Gibraltar- hablan España y el Reino Unido, y cuando avancemos en el tema fundamental de la soberanía, entonces hablaremos de cooperación con los gibraltareños”. Pero Londres no negociará la soberanía de Gibraltar, o el cambio de estatus de la colonia, si no es con el consentimiento previo de los habitantes del Peñón. Tras la intervención ayer de Lidington en el encuentro con los periodistas en un conocido hotel de Madrid, asistió a una reunión en el Ministerio de Asuntos Exteriores con los secretarios de Estado de Asuntos Exteriores, Gonzalo de Benito, y para la Unión Europea, Íñigo Méndez de Vigo. Y, aunque inicialmente no estaba prevista la asistencia de García-Margallo, el titular de Exteriores (decidido, o eso parece, a no dejar pasar este asunto) se sumó a la misma. “Respecto al contencioso de Gibraltar -dice el comunicado emitido por Exteriores tras la reunión-, las autoridades españolas han manifestado al ministro de Estado británico el deseo de mantener las mejores relaciones con el Reino Unido, y, en consecuencia, consideran que la agenda no debe tener ninguna limitación de contenidos”. Asimismo, se pone de manifiesto el “deseo” de España “de progresar en todo lo relacionado con Gibraltar”, lo que debe incluir “un diálogo con el Reino Unido en cuestiones de soberanía”. Y es que, estén o no los gibraltareños en la mesa de ‘negociaciones’, lo cierto que es ya va siendo hora de que se retomen unas conversaciones que están paralizadas desde hace diez años. Pero García-Margallo insiste en que la soberanía se tiene que discutir en reuniones bilaterales y, para hablar de cooperación, además de los gibraltareños “España entiende que el formato del Foro de Diálogo debe ser ampliado a la representación de las autoridades regionales españolas, de modo que haya simetría en la participación de las autoridades de ambos lados de la verja”. Así las cosas, y viendo la postura de enroque adoptada por el Gobierno británico (hace unos días David Cameron se mostró partidario de la autodeterminación del pueblo gibraltareño), todo indica que el asunto de Gibraltar va a dar mucho de qué hablar durante los próximos meses, y quién sabe si durante los próximos años. García-Margallo ya fue claro nada más tomar posesión de su cargo: tras el “¡Gibraltar, español!” que le ‘sugirió’ al eurodiputado británico Charles Tannock tras la sesión plenaria mensual del Parlamento Europeo, el ministro fue tajante al afirmar (en el programa de Antena 3 Espejo Público): “La política sobre Gibraltar la vamos a cambiar; esta broma se ha terminado”. Por M. Ángeles Moya 02/02/12 REVISTA ATENEA
