Hay tumbas de héroes que no se pueden visitar. Están en las profundidades de los océanos.
Hay tumbas de héroes que no se pueden visitar. Están en las profundidades de los océanos.
En el homenaje a los 323 héroes del crucero, familiares y sobrevivientes volvieron a encontrarse con sus seres queridos. Algunos, por primera vez llegaron hasta tan cerca.
Para los sobrevivientes significó la vuelta al mar, volver a dormir en un buque, compartir lo cotidiano, recorrer los estrechos pasillos o soportar los vaivenes de la embarcación.
El momento más importante del homenaje fue cuando familiares y sobrevivientes “sembraron” 323 rosas blancas en el mar. No cabían nada más que lágrimas en sus ojos y silencio en sus bocas.
Una imagen de la virgen Stella Maris acompañó los deseos y mensajes que se arrojaron al mar y hasta un cofre con las cenizas de un sobreviviente al hundimiento: el suboficial primero Bruno Inaudi. Su esposa y su hijo lograron cumplir su último deseo: descansar junto a sus camaradas de buque.
Genoveva, Natalia, Eduardo, Raúl, Juan Carlos, Cinthya, Gustavo, Susana y tantos otros rodearon el borde del hangar de popa para extender una a una las flores en el lecho de los marinos, pensando en que ésta sea quizás la última vez que lo puedan hacer.
Y cuando parecía que todo acababa, estalló en las gargantas un “¡Viva la Patria! y ¡Viva el Belgrano!”
Testimonios
Cecilia, hija del cabo principal maquinista Jorge Carlos Baiud, llegó al homenaje con sólo una carta desde Paraná. “Vengo a hacer mi duelo, a cerrar parte de una historia. Estoy agradecida de poder venir”. La rosa blanca y su carta se llevaron sus palabras, las necesarias, lo que ella necesitaba expresar hace 25 años.
Cinthya Barrionuevo es hija del suboficial Ramón Barrionuevo, sobreviviente del “Belgrano” y el hombre que acompañó al comandante del crucero hasta los últimos momentos. Junto con su marido, Lucas Martín Oviedo, hijo de uno de los 323 fallecidos rindieron su homenaje.
“Anoche no pude dormir. Pensaba y me acordaba de algunos sobrevivientes que conozco de Punta Alta y lo duro que fue para ellos aquel momento”, dijo.
Cristina, hermana del cabo segundo José Alberto Tulis, recuerda: “Se fue y no lo despedí. Éramos amigos más que hermanos”. Ella logró ir tras sus pasos hasta el lugar más próximo posible para recordarlo, para llorarlo y para rezar por él.
Volver al campo santo
También están las voces de los sobrevivientes, de quienes se acercan a sus camaradas y acompañan a sus seres queridos.
“Volver es visitar el campo santo donde descansan nuestros 323 compañeros. Muchas veces les hablamos: tus hijos crecieron, tu hijo se casó”, comentó Ivar José Sosa, que en 1982 era cabo primero artillero. Estuvo 34 horas en el mar hasta que lo rescataron.
Eduardo Catena era cabo principal en aquella época. “Quería hacer como todos, rendir honores a nuestros héroes que están haciendo la guardia de honor en el buque”.
Después de 25 años de aquel episodio bélico, 323 argentinos que perdieron la vida en combate descansan en las profundidades del mar y 770 rescatados los mantienen en sus memorias.
La memoria persiste en ellos, que aún caminan entre nosotros, y en las escuelas, monumentos, plazas y calles que recuerdan al “Belgrano” y a sus héroes.
08/05/07
GACETA MARINERA

