Qingdao fue su segundo hogar

Qingdao fue su segundo hogar

Espínola y Lange vivieron allí durante cuatro meses para adaptarse al terreno.

Espínola y Lange vivieron allí durante cuatro meses para adaptarse al terreno.

QINGDAO (De un enviado especial).- Son cerca de las 10.20 de la mañana. La primera impresión de la ciudad es muy agradable. Esta zona balnearia es muy utilizada por el turismo interno. El camino del aeropuerto al centro muestra muchas construcciones, hoteles a montones, algunos barcitos con estilo chino que dan ganas de conocer. Uno se entretiene viendo los postes de luz, porque en realidad fueron reemplazados por gigantes antorchas olímpicas. De repente, en una esquina, pasa en bicicleta Camau Espínola, que se dirige a la marina, pero parece el típico hombre de pueblo que sale en la mañana para hacer las compras. Es que a diferencia de Atenas, donde tuvieron un auto, aquí la movilidad fue en bicicleta.

Faltaban poco menos de dos horas para salir a hacer los movimientos previos a la Medal Race, la regata que duplica los puntos y es definitoria. La que podía ponerlo frente a su cuarta medalla consecutiva en un Juego Olímpico.

Es que Camau y Santiago Lange conocen muy bien la zona. Y sí, fueron habitantes de Qingdao durante casi cuatro meses en el último año. Porque querían conocer bien el terreno y porque por las normas chinas, los contratos de alquiler deben hacerse por un año. Ellos no querían estar en el lugar que les asigna el Comité organizador. Preferían otro tipo de vida, como en casa y con un ritmo de concentración diferente. Es lo que les dio resultado en Atenas 2004 y lo repitieron aquí.

¿Cómo es vivir aquí? "La verdad es que vivimos acá, pero la mayor parte del tiempo lo pasamos trabajando por el barco", cuenta Lange.

Mariano Galarza, el cuñado de Camau, que ayer, con una bandera argentina, corrió como loco durante la premiación, es el que explica un poco más acerca de cómo se cubren algunas necesidades elementales. "Yo soy el encargado de cocinar -dice Galarza-. Me traje todas las especias de la Argentina, para que la comida tuviera el sabor que le damos nosotros. Después, la mayoría de las comidas fueron a base de pollo y cerdo, porque la carne de vaca no es buena y el pescado, tampoco."

También se preocuparon permanentemente de no consumir agua de red en esta localidad. "Ni siquiera usamos el agua para hervir las verduras; la mayoría las hacemos cocidas", explicó el cocinero Galarza, que sólo descansó cuando el equipo se trasladó a Napoli, un restaurante italiano cerca del centro, donde los argentinos fueron apadrinados por el dueño del local.

Ese fue el lugar que eligieron tras la victoria para comer pizzas en un festejo entre amigos, familiares y dirigentes. La celebración fue para casi todos, porque Camau y Lange se pasaron toda la comida atendiendo requisitorias periodísticas desde nuestro país vía telefónica. En un momento, al finalizar una entrevista radial de unos 20 minutos, Espínola cortó el teléfono y miró el visor sorprendido: "Tiene 125 llamadas perdidas". La noche apenas estaba empezando.

22/08/08
LA NACIÓN

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