Puerto en riesgo de naufragio (Uruguay)

Puerto en riesgo de naufragio (Uruguay)

Es una figurita repetida en nuestro Mercosur de fantasía que concesiones políticas del gobierno de Brasil se esfumen ante presiones de poderosos sectores.

Es una figurita repetida en nuestro Mercosur de fantasía que concesiones políticas del gobierno de Brasil se esfumen ante presiones de poderosos sectores.

Es una figurita repetida en nuestro Mercosur de fantasía que concesiones políticas del gobierno de Brasil se esfumen ante presiones de poderosos sectores de su economía que defienden sus chacras internas. Ha vuelto a pasar ahora con el proyecto de construir un puerto de aguas profundas en Rocha, después que el estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) de nuestro vecino negó que considere ayudar a financiar la obra. El sorpresivo balde de agua fría del anuncio, que reniega frontalmente de la promesa del gobierno de la presidenta Dilma Rousseff de apoyar financieramente la construcción del puerto, fue descrito por fuentes de la administración Mujica como un fuerte golpe que genera incertidumbre sobre el futuro del proyecto.

El puerto, una de las metas principales de nuestro gobierno, fue concebido como un centro regional para el movimiento marítimo. Pero su construcción siempre dependió de varios factores todavía indefinidos. Uno era la inversión del BNDS de alrededor de US$ 1.000 millones. Pero la construcción de la terminal requiere también que finalmente se concrete el postergado y controvertido contrato con Aratirí, ya que la presencia del consorcio indio y su utilización del puerto como punto de salida de su explotación de yacimientos de hierro es fundamental para la viabilidad financiera de la obra. Adicionalmente se procura convencer a Paraguay, y eventualmente a Bolivia, que intervengan en el proyecto como vía para las exportaciones de esas dos naciones mediterráneas. El gobierno paraguayo incluso ya ha pedido a Uruguay aclaraciones sobre el incierto futuro del proyecto.

Detrás de la marcha atrás de Brasil, cuando se creía definida su participación financiera, están las presiones de sus operadores portuarios, que reclaman a su gobierno mejoras en la infraestructura de los puertos del país antes que embarcarse en una inversión multimillonaria en Uruguay. Pese al carácter regional previsto para la terminal de Rocha, a quienes manejan el negocio portuario en Brasil les preocupa más perder parte del trasiego de cargas. El giro brasileño fue confirmado por el Bndes al afirmar en un comunicado que el gigantesco banco estatal “no está analizando” intervenir en la financiación del proyecto. Y Wilen Manteli, presidente de la Asociación Brasileña de Terminales Portuarias, dijo que la Secretaría de Puertos de Brasil le aseguró que asesora “técnicamente” a Uruguay, pero sin mencionar inversión financiera. La nueva situación deja en posición desairada al ministro de Industria brasileño, Fernando Pimentel, que en setiembre de 2012 comprometió ayuda financiera del Bndes por tratarse de un proyecto “estratégico” para la región.

Uruguay debería estar acostumbrado a acuerdos gubernamentales de cooperación que se desvanecen cuando entran a jugar los intereses domésticos de sectores de la economía brasileña, actitud que también asume asiduamente Argentina, en detrimento de nuestro país y desnaturalizando las disposiciones del Mercosur. Este proceder asume especial gravedad en el caso del puerto de aguas profundas. El proyecto es de enorme importancia para Uruguay, pero ahora pende de un hilo. Su avance dependerá de que nuestro gobierno logre revertir la voltereta brasileña o buscar otras fuentes de financiamiento, además de atar los demás puntos dispersos en un paquete que finalmente haga viable la obra. (El Observador)

28/04/14

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