Con el inicio del nuevo año productivo, hay razones para ilusionarse.
Con el inicio del nuevo año productivo, hay razones para ilusionarse.
También hay señales de advertencia en el manejo del recurso. En 2011 el puerto marplatense tendrá que realizar un interesante equilibrio entre el exitismo y la depresión. Entre el empuje de la obra pública -en año electoral- y la prospección del recurso. Todo un desafío.
Nunca es fácil operar en el puerto. Son muchos los actores, los hay económicos, políticos y quien sabe cuánto más. Dentro de esos grupos, algunos tienen miradas corporativas y otros las desesperaciones propias del que lleva el mango para parar la olla.
Y en el mar y los muelles está el secreto, la clave para que el trabajo y la actividad permitan intensificar la producción y obtener divisas por medio de la comercialización. Si todos estos factores confluyen, el año puede ser bueno. Aún se puede dar la situación de que los factores coincidan y no alcancen para establecer una buena campaña. Así de compleja es la realidad portuaria, y pesquera en particular.
Sin embargo, esta vez hay un aspecto que parece fundamental para avanzar: la obra pública prometida desde el Estado nacional. Que es importante, como punto de partida, pero no determinante. También debe ser acompañada de un manejo responsable en algunas áreas, como la utilización de los muelles. Hacia allí está orientado el recurso que el Gobierno va a disponer para los próximos doce meses, en cuanto a lo que tiene que ver con terminar de remover los tres gigantescos cascos hundidos que tanto dolor de cabeza provocan: Kronomether, Mapuche y Tehuelche.
Para que el escenario se complete de anuncios favorables hace falta que se confirme la presencia de la draga 259 Mendoza, que seguro permanecerá un año más con este puerto como lugar de amarre.
Despejar el mar
El año pasado se realizó el proceso de licitación. Es la parte final de un plan integral en el cual participaron también los Estados provincial y municipal, el Consorcio Portuario Regional Mar del Plata y Prefectura Naval Argentina.
En ese marco, se retiraron otras 27 embarcaciones que se encontraban fuera de servicio y que estaban abandonadas o interdictas por la Justicia. De esa cantidad, 26 ya fueron removidas y comercializadas como chatarra.
Para el último tramo quedaron los barcos más grandes y de mayor complejidad: Kronomether, Mapuche y Tehuelche. Los tres buques incluidos en esta instancia final quedaron relegados por su tamaño, ya que cada uno pesa entre 1250 y 2200 toneladas.
Esta condición supera la capacidad de trabajo de la grúa PNA GS 451 que Prefectura Naval Argentina utilizó para remover los otros 26 cascos. De aquélla lista sólo queda pendiente el Lattar II.
Más muelle
Una vez retirados los cuatro buques pendientes, el puerto de Mar del Plata recuperará otros 300 a 400 metros de muelles, fundamentales para una terminal que tiene como principal problema la escasez de frentes de atraque.
Las más de 360 embarcaciones que tienen aquí amarre permanente suman más de 11.000 metros lineales de eslora, casi siete veces más que el frente de muelles disponible.
Sólo los 30 cascos hundidos acumulaban más de 1400 metros de eslora.
Tal como ya lo habíamos anticipado, el objetivo del Consorcio Portuario Regional Mar del Plata es avanzar con un proyecto para sumar nuevos muelles. La propuesta incluye la ampliación del actual Espigón N°3 y la construcción de dos absolutamente nuevos, denominados 8 y 9, sobre la Escollera Sur.
En conjunto representan unos 800 metros adicionales para amarres. Los estudios pre ejecutivos tienen financiación oficial y están en marcha. Mientras estos planos y gráficos ya circulan entre despachos de los gobiernos Nacional y Provincial, el objetivo inmediato es completar este primer paso: retirar la totalidad de cascos fuera de servicio.
Pesca de calamar
Los pesqueros marplatenses ya están en zona de pesca y a la búsqueda de uno de los recursos que rindió de manera aceptable durante el año pasado, el calamar.
En diálogo telefónico, Oscar Fortunato, presidente de CEPA, confirmó que los poteros ya se ubican al sur del 41, aunque todavía no se había precisado con exactitud dónde se encuentra el recurso.
Hace unos días existían negociaciones para que los trabajadores del sector fueran al mar sin inconvenientes. Fortunato confirmó que existieron las reuniones, como se producen todos los años, pero que afortunadamente hubo acuerdo entre las partes sin llegar a situaciones de tensión, por lo que las tareas comenzaron de manera normal.
Por eso, el 1 de febrero los barcos de nuestra ciudad se situaron sobre el recurso para tratar de obtener lo mejor del mismo.
Enero en caída
En otro orden, los desembarques de enero mostraron síntomas de reducción, aunque el puerto de nuestra ciudad siguió su tendencia creciente de mercado con respecto a las otras estaciones marítimas del país.
Según la Dirección Nacional de Coordinación Pesquera que depende de la Subsecretaría de Pesca de la Nación, al 28 de enero en el puerto marplatense se declaró un desembarco por 9.697,1 toneladas.
En comparación con los dos años previos, las capturas de productos de origen de mar bajaron de manera importante: en enero de 2010 fueron declaradas 14.333 toneladas, mientras que en enero de 2009 había desembarcado 16.639 toneladas.
Controlando el medidor
Las leyes básicas de la economía están reguladas, prioritariamente, por la oferta y la demanda. Una economía sin intervención debería permitir que los precios sean fijados libremente por la acción de estos dos vectores.
Sin embargo, no todo es tan puro. A veces es mucho más complejo. Y para resolver lo que los vectores no pueden dominar, el Estado interviene aplicando la Ley de Abastecimiento. De esta manera se encuentra un atajo a la hora de controlar los precios.
Esta semana se aplicó la mencionada norma a Shell, obligándola a retrotraer los precios de los combustibles líquidos al valor del 28 de enero. También se impuso y fue publicada en el Boletín Oficial la resolución 14/2011 por la cual Ternium, empresa del Grupo Techint, deberá retroceder varios casilleros hasta llegar al estado de cosas que existía el 21 de enero.
Shell había aumentado los precios de la nafta y el diesel entre un 2% y 3,6%, en tanto que Ternium incrementó el precio de la chapa en frío y en caliente entre 3% y 4%.
A pesar de que estas medidas tienen por objetivo favorecer al consumidor, la gente no lo advierte así. Piensa que se trata más de una cuestión política, de una pelea entre el Gobierno y las empresas en cuestión.
También, desde la Secretaría de Comercio Interior se intentará que las consultoras privadas legitimen el método con el cual miden mes a mes la inflación.
La dispersión que existe entre el dato oficial del INDEC y el mix de datos que elaboran las encuestadoras ha generado que el primero pierda confiabilidad, y por eso es imposible considerar cualquier otro indicador como válido, aun cuando se trata de los privados.
Desde el sector de las consultoras se mostraron en disconformidad.
Lo curioso es que, como en lo anterior, poco se fija la gente en esos temas. Por ejemplo, ¿puede alguien creer que la inflación de 2010 haya sido del 10,9%? ¿Pero se puede creer que haya sido del 28% como dijeron algunos privados? ¿Por qué uno sí y otro no, si en definitiva están tan vapuleados unos indicadores como los otros?
Cuando uno conversa con los comerciantes se encuentra con que los alimentos aumentaron, a lo largo del año, un 30%; los repuestos de autos 14%, los productos de construcción 20%, la telefonía celular 17%, los productos de ferretería 12%, los seguros para autos 25%. Entonces, ¿quién tiene la verdad de la milanesa?
Matías Frati
06/02/11
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