Protección para las ballenas

LAS DURAS posiciones que enfrentan a cazadores y defensores de los cetáceos quedaron expuestas, una vez más, en la sexagésima reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), recién desarrollada en Santiago de Chile. Uno de los compromisos rubricados en el cierre fue el de modernizar el organismo, creado hace más de 60 años con la difícil tarea de armonizar la manera de actuar y la filosofía de aquellos sectores, objetivo que no se ha logrado, evidentemente.

LAS DURAS posiciones que enfrentan a cazadores y defensores de los cetáceos quedaron expuestas, una vez más, en la sexagésima reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), recién desarrollada en Santiago de Chile. Uno de los compromisos rubricados en el cierre fue el de modernizar el organismo, creado hace más de 60 años con la difícil tarea de armonizar la manera de actuar y la filosofía de aquellos sectores, objetivo que no se ha logrado, evidentemente.

LA CONSTITUCION de un grupo de trabajo por parte de 24 países –inclusive la Argentina, Chile y Brasil– despertó expectativa en torno de la intención de acercar posiciones y evitar que se repitan actitudes de depredación. A todo esto, los grupos ambientalistas consideran que no se dan pasos efectivos hacia una verdadera protección. Específicamente, denuncian que no se pudo discutir sobre el deseo de poner fin a la caza "científica" de cetáceos por parte del Japón, así como la creación de un santuario ballenero en el Atlántico Sur, en cuya propuesta ha trabajado activamente nuestro país.

A JUICIO de los núcleos conservacionistas, en la reunión de Santiago "perdieron las ballenas" y ganaron los países que propugnan la caza, como Japón, Islandia, Noruega y Groenlandia. De todas maneras, aún subsiste un grado de esperanza para discutir, al menos, respecto del futuro del organismo y la influencia que debiera ejercer a los efectos de impedir que se sigan cometiendo hechos depredadores en los mares del mundo.

AQUEL NUEVO grupo, del que forma parte la Argentina, tendrá un año de plazo para emitir sus observaciones acerca de los problemas fundamentales, entre ellos el comportamiento del Japón, que hasta ahora ha hecho oídos sordos a todos los reclamos de suspender sus operaciones. A la vez, se debatirán otras cuestiones, como el uso no letal de las ballenas (actividades turísticas), los avistamientos y la creación de santuarios para estos mamíferos marinos. Obviamente, estos asuntos asumen particular importancia para la Argentina, dada la difusión que tienen las actividades relacionadas con la presencia de las ballenas francas en las proximidades de Puerto Madryn, motivo de excepcional atracción para el turismo nacional y extranjero.

SIN DUDA, el caso del Japón es el más complicado. Según fuentes de movimientos ecologistas, ese país mata alrededor de mil ballenas por año en los mares del sur, donde se encuentra el hábitat del 80 por ciento de las ballenas existentes. No resultará sencillo levantar una barrera que ponga fin de un día para otro a tales operaciones. Pero, al menos, será preciso coordinar líneas de pensamiento y establecer férreos compromisos de avanzar en esa dirección. Los delegados admitieron que la Comisión Ballenera Internacional ha perdido eficiencia y agilidad en sus procedimientos. A partir de un cambio de actitud, a tono con la importancia cada vez mayor de los objetivos conservacionistas que prevalecen en el mundo, debería comenzar a recorrerse un camino dirigido a preservar esta excepcional especie, perseguida impiadosamente por algunos países.

10/07/08
LA NUEVA PROVINCIA – BAHIA BLANCA

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