Desde la ventanilla del avión privado que lo trajo a Mar del Plata, ayer el profesor Kerry Black tuvo la posibilidad de ver por primera vez los efectos que la erosión provocó en la costa local y observar cuáles fueron las obras con las que a lo largo del tiempo se intentó solucionar el problema.
Desde la ventanilla del avión privado que lo trajo a Mar del Plata, ayer el profesor Kerry Black tuvo la posibilidad de ver por primera vez los efectos que la erosión provocó en la costa local y observar cuáles fueron las obras con las que a lo largo del tiempo se intentó solucionar el problema.
En pocos minutos, tuvo una imagen clara sobre el estado en que se encuentran las playas del norte, la zona de La Perla, el puerto, Punta Mogotes, Los Acantilados y Chapadmalal. De regreso, a la altura de el Faro, advirtió algo inesperado: que la naturaleza creó allí por sí sola un tipo de estructura que él propone construir artificialmente para ganarle terreno al mar. En ese lugar se encuentra ubicada una formación rocosa conocida como La Restinga. Se trata de una de las últimas estribaciones de las sierras que naturalmente frena la energía de las olas y ayuda a que las playas sean amplias y estén protegidas de la erosión.
"¡Esta es la solución!", exclamó Black, cuando el mar cristalino de la mañana le permitió ver con claridad la formación rocosa que existe bajo el agua.
Kerry Black es un científico reconocido internacionalmente por sus investigaciones sobre playas y rompientes, quien ayer fue la figura principal del seminario "Nuevo paradigma para la costa bonaerense" que se desarrolló en el Hermitage Hotel. El es quien diseñó el primer arrecife artificial del mundo para proteger las costas y ahora promueve su uso en todos aquellos lugares donde las playas estén en riesgo, en reemplazo de antiguas estructuras menos eficaces y más conflictivas como las escolleras.
Según Black, el principio de su idea es sencillo: en vez de hacer obras sobre la arena que provocan polución y en algunos casos empeoran las cosas, hay que construir mar adentro barreras que reduzcan la energía de las olas, impidiendo que el agua se lleve la arena y ayudando a ganar superficie de playa. "Este seminario se está haciendo hoy porque las autoridades de Mar del Plata estaban a punto de construir murallones frente a los acantilados; cuando me enteré le pedí al intendente que no lo hiciera porque sabíamos de la existencia de una solución mejor", explicó el presidente honorario de la Fundación Surfrider, Fernando Aguerre. "Propuse que antes de hacer algo irreversible estudiáramos un poco más y nos educáramos y gracias a eso hoy se habla de licitar una obra diferente a la original, que consiste en hacer una barrera sumergible", como la que ideó Black, agregó. Tras su vuelo por la costa, el científico planteó ayer su preocupación por el estado en el que se encuentra la costa marplatense. "Vi que, efectivamente, hay un problema de erosión y que muchas playas se están perdiendo, con el riesgo de que en el largo plazo la situación se agrave por el aumento del nivel del mar y el efecto invernadero", advirtió Black ante la prensa.
Según dijo, "hay varios motivos que explican la actual situación. Uno de ellos es la existencia del puerto que bloquea la deriva de arena y también existe una gran cantidad de escolleras que cambian el movimiento natural del mar. Hay que entender que las playas no son algo estático, sino que se mueven". Sin embargo, aclaró que el problema que se observa en Mar del Plata y el resto de la costa bonaerense no es muy diferente al que afrontan otros países. "Es una situación que se percibe en muchas partes del mundo como en Portugal, Brasil o Estados Unidos, lo que exige cambiar la forma de gestionar la manera de enfrentar la pérdida de arena, aplicando nuevas herramientas", señaló.
Black no pasó por alto el hecho de que para Mar del Plata, las playas son el epicentro de una intensa actividad económica ligada al turismo y que su desaparición causaría un enorme perjuicio. Según explicó, los arrecifes tienen varias ventajas por sobre las estructuras físicas tradicionales ya que, a diferencia de las escolleras, son "protecciones paralelas a la costa", ubicadas mar adentro que no representan riesgos para los bañistas. "Es una solución mucho más natural, ya que no se generan estructuras artificiales sobre la arena y de este modo se obtiene un beneficio turístico, de salud pública y deportivo ya que fomenta el surf; se puede bucear, se puede pescar. La gente busca playas con valor multipropósito y con estas estructuras se genera una playa activa y viva, con una actitud más positiva", sostuvo.
26/04/07
LA CAPITAL
