Desde la Fundación Fauna Argentina han retirado más de 3.000 sunchos del cuello de los ejemplares desde que iniciaron la tarea, hace varios años. “Hemos clasificado 40 tipos de sunchos”, indicaron.
Desde la Fundación Fauna Argentina han retirado más de 3.000 sunchos del cuello de los ejemplares desde que iniciaron la tarea, hace varios años. “Hemos clasificado 40 tipos de sunchos”, indicaron.
La conservación de los lobos marinos de un pelo fue el objetivo de la Fundación Fauna Argentina, desde su creación. La agrupación, comenzó a trabajar allá por el año 1892, de la mano de Antonio Lorenzani y sus hijos Juan y Julio, con mucha dedicación, pruebas, análisis, estudios, campañas y, sobre todo, con horas y horas de trabajo a pulmón. Una de las tareas fundamentales que realizan desde aquel momento, tiene que ver con liberar a los lobos marinos de los elementos que, accidentalmente, quedan en sus cuerpos, sobre todo el cuello, apretándolos y poniéndolos en riesgo de muerte. Se trata de diferentes elementos de plástico, goma, alambre y otros materiales que, producto de la contaminación generada en la ciudad, van a parar al agua y, entre otras cosas, afectan a los lobos marinos.
Juan y Julio Lorenzani, junto a un grupo de voluntarios, entre los que se encuentran biólogos, están permanentemente observando a los lobos que conforman la lobería de Mar del Plata, en una playita en la escollera Sur.
“Encontramos muchísimos animales con sunchos, sobre todo alrededor del cuello. La mayoría son de plástico o goma, hay veces que tienen alambres enroscados en el cuello” describieron los hermanos Lorenzani.
Aseguran que desde que iniciaron la tarea en el 82, hasta ahora “hemos cortado más de 3000 sunchos de los lobos y hemos clasificado 40 tipos y medidas de estos objetos”.
“Como consecuencia de la suciedad de la ciudad, de la tarea de la pesca, estos elementos llegan al mar y son un peligro para los lobos” indicaron. Son “desde la goma que tienen los baldes de pintura de 20 litros pasando por cámaras de auto, de bicicletas, plásticos variados, todo eso flota y muchas veces va a parar al cuerpo de los animales. Muchos se han salvado gracias a que se los sacamos” aseguraron.
En cuanto a la forma en que logran sacar esos elementos de los animales, contaron que “ensayamos distintos tipos de técnicas, en algunos momentos probamos con botes, con mucha logística y no daba mucho resultado. A partir del 86, trabajando solos, desarrollamos una herramienta que llamamos ‘cortasuncho’ que seguimos usando hoy. Es un gancho con forma de hoz, con filo solo del lado de adentro, en el extremo de un palo largo, de manera de enganchar el suncho y tirar para cortar, sin tener que acercarnos mucho a los lobos”.
Desde la fundación, también han realizado numerosas campañas con el objetivo de concientizar a la población y a los turistas de la importancia de mantener limpia la ciudad y de evitar que los residuos, especialmente los plásticos y metales, vayan a parar al mar, donde no sólo contaminan, sino que esos elementos, aparentemente inofensivos, se convierten en letales para los animales. “No sólo son malos para los lobos, afectan a las tortugas marinas -se han hecho análisis de ejemplares muertos y se han encontrado plásticos en su estómago- y hasta a las ballenas, hace un tiempo se encontró una ballena muerta en las costas de Orense, tenía un suncho en la cola y a la vez se notaba que había sido atropellada por una embarcación. Seguramente fue porque ese elemento en la cola, no la dejaba nadar bien” explicaron.
A pesar de todas las campañas, de la constante difusión -de la Fundación y de otras instituciones- permanentemente los Lorenzani y los demás miembros de Fauna Argentina, deben realizar tareas de limpieza en la lobería. “Retiramos bolsas y bolsas y residuos, sobre todo plásticos”.
Vale recordar, que en el marco de un proceso que les llevó unos 10 años, desde Fauna Argentina realizaron numerosas tareas tendientes a trasladar a los lobos marinos de un pelo, desde el pequeño lugar que ocupaban en plena área operativa del puerto, hasta el emplazamiento actual, unos mil metros más adelante en la escollera sur, más amplio, cómodo y limpio.
“Al traslado lo realizamos probando con distintas formas, primero con maquetas, sonidos, con una técnica que se llama estimulación sensitiva, fue un trabajo interesante. Así llegó una buena cantidad de lobos, pero luego se fueron. Luego probamos un trabajo de acondicionamiento y de esa forma volvieron a esa playa. Todos los meses reponíamos arena, eso contribuía a mantener limpio el lugar y a que se queden. Hasta se erradicaron los malos olores”.
“Ahora pensamos que están bien asentados, por primera vez” reconocieron los referentes de la fundación. Según observaron “contamos entre 300 y 500 ejemplares en invierno. En verano son menos”.
La entidad también realiza seguimiento de los lobos marinos. Para ello, aseguran, utilizan “la adaptación de una técnica que conocimos en un congreso, hace mucho tiempo. Ellos armaban una especie de huevo con decolorante de pelo y lo tiraban, contra los animales que querían marcar. De esa forma, se generaba una mancha clara, que dibujaban. Claro, no eran épocas de cámaras digitales ni internet. Nosotros hicimos una especie de sellos, que sumergíamos en el decolorante y luego lo aplicábamos a los lobos. Primero tenían la sigla de la fundación y un número, una vez marcados los ejemplares, repetíamos el dibujo y por fax, se los mandábamos a investigadores de Uruguay, del Sur de Brasil, de la Patagonia. Así, podemos conocer el recorrido que hacen los animales. Ahora los sellos los cambiamos cada año, con un símbolo que tiene que ver con alguna problemática del mar. El año pasado lo hicimos con el símbolo de una tortuga, este año, el símbolo es un delfín franciscana”. (La Capital – Mar del Plata)
08/04/14


