Poseidón, la historia oficial

Poseidón, la historia oficial

Lo que dijeron los procesados. Sus vínculos: viajes a España, venta de camionetas y alquileres de casa. Y un dato: la droga en cajas de langostinos estuvo casi un mes en Madryn antes que la descubrieran.


Lo que dijeron los procesados. Sus vínculos: viajes a España, venta de camionetas y alquileres de casa. Y un dato: la droga en cajas de langostinos estuvo casi un mes en Madryn antes que la descubrieran.

La carga de langostino con cocaína llegó a la empresa Poseidón el 15 de mayo de 2013. Fue descargada al día siguiente y depositado en la cámara congeladora número 5 para que conserve el frío. Es decir que la droga estuvo casi un mes en Puerto Madryn antes de ser descubierta. Pero nadie sabía nada. Los cuatro procesados lo negaron en sus declaraciones pero las pruebas colectadas parecen indicar lo contrario. Por otro lado, es difícil pensar que dos experimentados hombres del negocio, como lo son los españoles Parra Gómez y Aranda Barberá, dejen a la deriva semejante cantidad de droga sin tener algún tipo de control por los lugares donde hace escala.

Además, existía entre los involucrados relaciones que excedían el campo de los negocios: Segundo había sido garante de la casa que alquiló Seoane, iban a comer juntos y compartieron viajes a España junto al otro socio, Salvador Pennizi. Incluso Segundo le había vendido una camioneta a Seoane por 130 mil pesos. Como no se la pudo terminar de pagar, se la devolvió.

Omar Segundo le aseguró a la Justicia que había empresas suyas en las que era un “socio pasivo”. Es decir, eran muy pocas las veces que las visitaba y además recibía por mail los balances y las novedades más importantes. Sin embargo, fue el primero al que avisaron respecto al hallazgo de la droga y el primero en llegar a la planta aquel 10 de junio de 2013. Por otra parte, no tardó demasiado en contactarse con un policía para que vaya hasta la planta: después reveló que era el policía al que contrataba en forma constante para hacer vigilancia cuando debía pagar sueldos o ingresaban fuertes sumas de dinero a la empresa Poseidón.

Todo esto consta en el expediente de 97 fojas que decreta el procesamiento de Juan Eduardo Burgos, Nicolás Seoane, Salvador Alejandro “Gaga” Penizzi, y Omar “El Cura” Segundo, todos por delitos vinculados a la comercialización y almacenamiento de estupefacientes y donde decreta la falta de mérito de Rubén Eduardo Lev, propietario de la firma marplatense donde se realizó el embarque hacia Puerto Madryn. La falta de mérito no significa que queda desafectado de la causa: simplemente, la investigación no encontró suficientes elementos como para procesarlo o decretar su sobreseimiento. En el mismo escrito se menciona a los españoles Alejandro Aranda Barberá y Salvador Parra Gómez, prófugos de la Justicia y con pedido de extradición a España. Se cree que ambos son los principales cerebros de la organización.

La Justicia tiene en su poder numerosos celulares, fotografías de viajes a ferias realizadas en España por los procesados, testimonio de trabajadores y de muchos testigos que fueron atando los cabos sueltos que permitieron los procesamientos.

No hay dudas que quienes enviaron el cargamento en el camión que trasladó la droga sabían cómo ordenarlo para no ser detectado por los controles sanitarios de la ruta. Así lo confirmó la paciente investigación realizada por la policía que tras al allanamiento realizado en Poseidón determinó que las cajas que contenían cocaína eran mezcladas con otras que solo tenían langostino con el objeto de sortear los posibles controles a los que pudiera ser sometido el cargamento.

Y así ocurrió. Porque el camión Mercedes Benz, con el dominio JMX 504 color blanco, fue detenido en uno de los controles zoofitosanitarios ubicados en la ruta nacional número 3 en proximidades de San Antonio Oeste. Allí se verificó la carga transportada la que siguió camino sin ningún inconveniente.

Otro dato muy significativo es la calidad del langostino que se iba a exportar. Según todos los protagonistas de la historia “no era del mejor” y, peor aún, muchos dijeron que era de “mala calidad”. Sin embargo, en Puerto Madryn las cajas que los contenían recibían el sello de “Poseidón” en su parte superior. ¿Por qué la empresa iba a arriesgar su reputación enviando langostino a España de pésima calidad? La misma pregunta se hizo la Justicia y también la respondió: “El langostino era lo que menos importaba del cargamento”.

Como quedó dicho la relación entre tres de los procesados (Seoane, Segundo y Pennizi) iba más allá de lo comercial. Tal es así que la empresa Poseidón se convirtió en garante de la casa que Seoane alquiló en Trelew donde se radicó con su familia en abril del año pasado buscando “tranquilidad y seguridad para su familia”, después de algunos problemas que había tenido en Buenos Aires. Además, Segundo y Seoane compartieron un viaje a España en busca de nuevos horizontes comerciales y cuando este último fue detenido en la localidad bonaerense de Vicente López conducía la camioneta Jeep Cherokee propiedad del “Cura” Segundo.

Pero los problemas de inseguridad de Buenos Aires duraron poco para Seoane. Porque después del escándalo del descubrimiento de la droga, Segundo le propuso ser gerente de la sede que Alpesca tiene en Capital Federal. Esto ocurrió en octubre del año pasado. Seoane aceptó inmediatamente.

Pese a ser el intermediario del envío de las cajas con cocaína, Seoane no tuvo ningún problema con Segundo. Por el contrario, fue “premiado” con un puesto de categoría en una de las empresas pesqueras. Es otra de las cuestiones que la Justicia tuvo en cuenta para los procesamientos.

En el expediente hay cosas que llaman la atención. Por ejemplo, la empresa Poseidón no le cobró un peso al empresario Parra Gómez por el depósito y posible reempaquetamiento y embarque de la mercadería, lo que supone gastos, incluso de contratación de personal.

Y otro dato para tener en cuenta: según la investigación de Jornada, Pennizi habría declarado ante la Justicia que “muchas veces en un mismo día llegan varios camiones y no se revisa toda la mercadería. Sólo algunas porque resulta imposible revisar caja por caja”. Esto deja latente el interrogante que surgió tras el hallazgo de la cocaína en Poseidón: ¿Fue esa la primera carga que llegaba desde Mar del Plata o hubo otras anteriores que no pasaron por manos de empleados y no fueron descubiertas? Una pregunta de difícil respuesta. Al menos por ahora.

De taxista por Mar del Plata a gerente de una empresa

De ser un taxista que apenas ganaba $ 100 por día trabajando doce horas en Mar del Plata, Juan Eduardo Burgos de convirtió, de la noche a la mañana, en propietario de una sociedad de responsabilidad limitada y socio gerente de la misma de la mano de un extranjero desconocido: el español Salvador Parra Gómez. A la empresa la llamaron Mar Pesca Azul Argentina con un capital social de 30 mil pesos dividido en 300 acciones de las cuales 290 eran del español y 10 del marplatense. Fue en diciembre de 2012.

Según pudo constatar Jornada, el mismo Burgos reconoció que tanto Parra Gómez como el otro español, Aranda Barrera, “me pusieron como dueño de una empresa que nunca existió” y dijo que fue “usado para una maniobra que en ningún momento conocí”. Sin embargo y según surge de las pruebas de la Justicia Burgos fue procesado porque presuntamente participó activamente del embarque de las cajas de langostino con cocaína desde Mar del Plata a Puerto Madryn.

Más allá de sus “altos cargos” en la empresa, se había convertido en una especie de “cadete jerarquizado” de Parra Gómez, a quien acompañó en todo momento durante la maniobra. Es más: manejó la camioneta y participó de la descarga en la empresa desde donde se realizó el envío.

Parra Gómez fue primero un pasajero más para Burgos. Abordó su taxi junto a su primo el 12 de octubre de 2012 a las 10 y le pidió que lo lleve hasta una confitería. Desde allí a alquilar un auto en el aeropuerto marplatense. Como era feriado, la empresa de rentas de coches estaba cerrada. Entonces el español le preguntó a Burgos cuanto le cobraba para ir a Villa Gessell. Arreglaron un precio y partieron no sin antes recoger a la esposa del español y la de su primo.

Dieron una vuelta por Gessell y volvieron. En el camino, Parra Gómez le preguntó a Burgos cuanto ganaba y cuanto tiempo trabajaba. Después le dijo si no quería mejorar su posición. Ante la respuesta afirmativa le pidió el celular. Y al tiempo lo llamó. Le ofreció un sueldo de 4.000 pesos por ser gerente y una comisión por cada embarque de pescado que le consiguiera. Le dijo que lo iba a poner al frente de una empresa y que no se preocupara que sólo necesitaba su nombre: “Es que con mi socio (Aranda Barrera) somos españoles y se nos complica”. Burgos aceptó. De taxista pasó a empresario. Le confesó a Parra que tenía una esposa y cuatro hijos, que también era yesero, que lo que ganaba apenas le alcanzaba. Y que había completado el tercer grado de la primaria y que no sabía nada de pescado porque nunca iba al puerto. “Eso no tiene importancia, lo importante son tus ganas de progresar”, le dijo el español. Ambos trabajaron un tiempo juntos.

Hasta el día del embarque del langostino desde Mar del Plata a Puerto Madryn. A la tarde de ese día, Parra Gómez viajó a Buenos Aires. Y según Burgos nunca más volvió a verlo y nunca le pagó lo que le había prometido. Y otra más: pese a llamarse Mar Pesca Azul la empresa con la que soñó Burgos tenía como objeto realizar “servicios profesionales de asesoramiento integral de obras civiles e industriales”. (Jornada)

17/06/14

 

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