Un pequeño grupo de países cuenta con al menos uno, que es insuficiente para fines militares, ya que se requieren al menos tres para una correcta operación.
Un pequeño grupo de países cuenta con al menos uno, que es insuficiente para fines militares, ya que se requieren al menos tres para una correcta operación.
CIUDAD DE MÉXICO, 24 de agosto.- Los portaaviones pueden aparecer como una forma de proyección del poderío militar de un país, pero para la mayoría de las diez naciones que los poseen resulta más bien una cuestión de prestigio.

La excepción es Estados Unidos, el último de los grandes imperios capaz de emprender la milenaria contienda por el control de Eurasia, el súper continente rico en hidrocarburos que alberga 72.5 por ciento de la población mundial, dijeron politólogos consultados por Excélsior.
Brasil, China, Francia, India, Italia, Rusia, España, Tailandia y Reino Unido forman parte del pequeño club de países que cuenta, cada uno, al menos con alguno de esos aeropuertos flotantes. Pero Italia es el único de ellos cuya armada tiene dos portaaviones, el “Giuseppe Garibaldi” que entró en operación en 1991, seguido por el “Cavour” en junio de 2009, y Japón el único con el poder letal independiente de sus tres portahelicópteros.
Tanto India como Brasil han hecho públicos sus planes de crear una Armada con al menos dos portaaviones cada una. India, en particular, botó hace unas semanas el “Vikrant”, que, aunque comparativamente pequeño representa un enorme paso: fue construido en astilleros hindúes, en un hecho conseguido sólo por Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña y Francia. Aun China, con todo y su potencial, basa su primer portaaviones en el casco de un buque iniciado por la desaparecida Unión Soviética y comprado casi como hierro viejo.
“Para fines militares se necesitan por lo menos tres portaaviones para que uno esté circulando, otro esté en el puerto listo para intervenir y otro más en reparación o mantenimiento. Es un sistema ofensivo que requiere un mínimo de tres portaaviones, no basta con uno solo”, dijo Francesco Sisci, un politólogo formado en China, donde radica buena parte del año y se desempeña como corresponsal de varios diarios italianos y columnista del periódico Asia Times.
De hecho, la emisora británica BBC señaló el año pasado que las armas nucleares pueden dar categoría a un país, pero los portaaviones les dan capacidad real. Y no es ningún accidente que los españoles definan el suyo, el “Juan Carlos I”, como buque de proyección estratégica.
Pero más allá, “los submarinos nucleares son excelentes para muchas cosas. Sus proyectiles crucero pueden volar cientos de millas para demoler la Fuerza Aérea del coronel Muammar Gadhafi (el fallecido hombre fuerte libio); pero un submarino no puede informar donde están los blancos y no puede ser fácilmente reabastecido lejos de una base militar…” comentó Lewis Page, un ex oficial naval y autor del libro Lions, Donkeys and Dinosaurs: Waste and Blundering in the Military (Leones, Burros y Dinosaurios: Dispendio y Errores entre los militares).
En ese marco Sisci subrayó que “si no forman parte de flotillas, ni de poderosos sistemas navales custodiados por buques y naves equipadas con el armamento más moderno, (los portaaviones) son “sumamente frágiles” frente a los ataques de misiles y de aviones de combate. Y por si eso fuera poco, su operación implica un costo altísimo de compra, de equipamiento, de renovación, mantenimiento, combustible y pago de personal.
“Desplegar un solo portaaviones no tiene ningún sentido militar contra Francia, por dar un ejemplo hipotético, porque Francia tiene armas capaces de atacar desde una gran distancia y hacer blanco en los portaaviones con gran precisión”, dijo.
El “Chakri Naruebet”, el portaaviones tailandés, es un ejemplo clásico. Entre 2007 y 2012, se aseguró en la prensa internacional, sólo fue operacional una vez al mes por los costos de desplazamiento y operación y eso, cuando no para desplazamientos de la familia real tailandesa. Fue bautizado como “Thai-tanic” en la prensa del país, aunque en varias ocasiones ha sido desplazado en operaciones de auxilio en casos de desastre natural.
Y en el caso concreto de Italia, su patria natal, Sisci opinó que sus dos portaaviones le dan el prestigio derivado de su contribución tangible con las políticas de defensa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de la cual forma parte.
Solamente Estados Unidos tiene el músculo militar y económico para desencadenar el poder ofensivo de sus 10 portaaviones, desde el “USS Nimitz”, que entró en operación desde mayo de 1975, hasta el “USS George H.W. Bush” que lo hizo el 10 de enero de 2010. Además, está en proceso de construir el “PCU Gerald R. Ford” y el “PCU John F. Kennedy” que en 2015 entrarán en operaciones según el Departamento de la Marina de Estados Unidos. PCU son las siglas en inglés de una frase que significa que son unidades por comisionar en servicio.
Excélsior platicó con Denny Meyer, un veterano de la Guerra de Vietnam quien relató lo que para él significó ser parte de la tripulación del portaaviones “Forrestal”, que salió de operación el 11 de septiembre de 1998.
“Fue como vivir en una zona industrial. No hay nada bonito en el metal gris, ni en la maquinaria ni la tubería que lo rodea a uno. No hay días de descanso. Bajo la plataforma de despegue donde yo dormía, se sentía la vibración de la maquinaria y el ruido ensordecedor de los jets”, dijo.
¿Lo volvería a hacer?
“Como sólo tenía veinte años para mí fue una gran aventura. Además, si uno es patriota se siente muy bien de hacer su trabajo. Era en parte emocionante y en parte aterrador. Pero uno estaba consciente de que formaba parte de algo muy poderoso y que trabajaba por la defensa de la libertad. Eso me hacía sentir muy orgulloso”, dijo.
A diferencia del aparentemente caótico ballet que parece reinar en las plataformas de despegue de los portaaviones en operación, el pasado 14 de mayo, según informó Phys.org, la tripulación del “USS George H.W. Bush” logró el despegue del primer jet no tripulado, o drone, del tamaño de un avión de combate frente a las costas de Virginia, para abrir paso a una nueva era de la aviación naval.
Japón, que en la II Guerra Mundial produjo los innovadores submarinos i-400 e i-401 convertibles en portaaviones, es hoy el único país fuera de Estados Unidos que cuenta con un sistema ofensivo independiente en este ámbito. El pasado 6 de agosto –aniversario de la bomba atómica que cayó en Hiroshima– Japón botó su tercer “destructor” Izumo DDH-183 que en realidad funge como portaaviones y porta-helicópteros.
StrategyPage.com, una publicación que analiza las tendencias militares en todo el mundo, recordó recientemente que en 2009 Japón comisionó la construcción de su destructor Hyuga y además botó su destructor porta-helicópteros Ise. Sólo que hoy, a diferencia de la II Guerra Mundial, Japón es un aliado de Estados Unidos que, según dijo a Excélsior el politólogo canadiense Eric Walberg, busca movilizar y enlistar aliados entre los vecinos de China para contener el avance de esta nación.
Walberg, un politólogo y economista egresado de las universidades de Toronto y de Cambridge, con estudios superiores en la ex Unión Soviética y en los países árabes, es autor de “Postmodern Imperialism, Geopolitics and the Great Games (Clarity Press 2012)” sobre la milenaria y eterna contienda de los grandes imperios por la conquista de Eurasia equivalente, dijo, “a la conquista del mundo”.
Al respecto el politólogo de origen alemán, William Engdahl, escribió para Global Research que a fines de 2011 el presidente Barack Obama designó a China como “enemigo” en un discurso que pronunció durante su visita a Australia. Esa intervención fue descrita como “el pivote de Obama”, con el que China sirvió para dejar atrás la retórica anti-islamista de la administración de George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre y avanzar con los planes de Estados Unidos para asegurar la hegemonía global.
“Pekín tiene dos opciones: convertirse a sí misma en un monstruo militar, en una imagen espejo de Estados Unidos, para aterrorizar y alejar a sus vecinos, o lanzar su propia ofensiva de carisma y hacer algunos gestos de conciliación hacia sus demandas (de soberanía) marítima”, dijo Walberg parafraseando su propio artículo “Sabiduría, no buques no lanchas cañoneras” en alusión a la disputa por las islas Diaoyu o Senkaku, ricas en hidrocarburos.
Carmen Álvarez
24/08/13
EXCELSIOR.MX

