Una visión de Kevin Hassett, asesor del candidato presidencial republicano John McCain.
Una visión de Kevin Hassett, asesor del candidato presidencial republicano John McCain.
Los altos precios de la energía han sumido en la depresión a todo aquel que no posee un pozo de petróleo. El ánimo de los consumidores estadounidenses es el más bajo de los últimos 30 años, y un reciente análisis de Economy.com sobre las razones, señalan al precio de la nafta como el principal culpable.
En tal contexto, no sorprende entonces que los políticos de los EEUU estén debatiendo las formas de reducir los costos de la energía.
Los dos sectores poseen posiciones bien diferentes. Los republicanos han argumentado que, además de buscar agresivamente fuentes alternativas al petróleo, debería trabajarse en el desarrollo de nuevas reservas en el país. Los demócratas han afirmado, en su mayoría, que los descubrimientos de petróleo no podrán afectar los altos costos actuales, en virtud del largo plazo que media entre el descubrimiento y su provisión al mercado.
Barack Obama, el presunto candidato presidencial demócrata, resumió este argumento recientemente en forma concisa, al afirmar que “la perforación costa afuera no bajaría los precios de la nafta hoy, no bajaría los precios de la nafta el año próximo y no lo haría en los próximos cinco años”.
¿Quién está en lo cierto? La economía de los recursos naturales favorece claramente a la visión de los republicanos.
La economía de la extracción de recursos, es bastante simple e intuitiva. Si usted posee una propiedad que contiene petróleo en su subsuelo, debe decidir cuán rápidamente desea agotar su recurso. Si los precios están bajos hoy, y usted espera que suban mucho en el futuro, entonces postergará el bombeo tanto como pueda.
Si los precios están altos hoy, y se espera que se reduzcan mañana, entonces usted abriría sus grifos ahora, cuando los beneficios resultarán más altos.
Si las expectativas de la exploración hicieran pensar en el éxito, y en el incremento significativo de la producción futura, los productores revisarían hacia abajo sus estimaciones de precio de futuro. Esto incrementaría el atractivo de extraer más petróleo hoy. Y en la medida en que los productores respondieran con mayor producción, los precios caerían hoy.
El argumento de que las perforaciones no influirían en el precio hoy, descansa en dos posibles afirmaciones. La primera, es que la exploración resultará fallida. En tal caso, las estimaciones de precios a futuro no se verían afectadas por descubrimientos que no habrán de concretarse.
La segunda, es que los actuales productores no estarían estimando una baja en los precios futuros, y que consecuentemente no tuvieren interés en incrementar su abastecimiento actual para maximizar sus ganancias.
Ambas afirmaciones son claramente falsas. De acuerdo con el Departamento del Interior existen alrededor de 86 mil millones de barriles de petróleo recuperable en la plataforma continental. Y dado que las estimaciones de las agencias gubernamentales tienden a ser conservativas en tales materias, las cifras pueden ser superiores. Para poner el dato en perspectiva, consideremos que en 2007, los EEUU produjeron alrededor de 3.000 millones de barriles, y consumieron más de 7.500 millones. El potencial de lo no descubierto supera en más de 10 veces nuestro consumo anual. Es inconcebible que la extracción de reservas tan vastas no afecten los precios de futuro.
¿Y qué hay acerca de los precios de hoy? Un vasto cuerpo de literatura académica sostiene que el intrincado vínculo entre los precios de futuro y los de mercado, sólo puede darse porque los productores están actualizando constantemente sus planes, en base a las expectativas de precios.
Un estudio reciente de los economistas Param Silvapulle e Imad Moosa, de la Universidad Monash, de Australia, halló fuertes evidencias de lo que se denomina causalidad bidireccional. Los precios de futuro y los de mercado están inextricablemente ligados.
Mi colega del Instituto Americano de la Empresa, y ex presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, ha sido un incansable defensor de una política energética más racional, que permita incrementar las perforaciones.
En una reciente entrega en su influyente blog, Gingrich hace notar que la publicación académica top en materia de energía, conocida como The Energy Journal, rechazó recientemente un estudio de los economistas Morris Coats y Gary Pecquet de la Universidad Nicholls del Estado de Louisiana, quienes encontraron que una mayor producción en el futuro, reduciría los precios hoy.
El estudio – según lo informado por Gingrich – no fue rechazado por falta de méritos académicos, sino porque sus resultados ya eran muy bien conocidos. James Smith, editor de The Energy Journal, y profesional con impecables credenciales, se dirigió de esta forma a los infortunados autores: “básicamente, su principal resultado (el impacto presente del anticipo de un cambio futuro en el abastecimiento) es ya conocido por los economistas (aunque tal vez no por los del Comité de Políticas de los demócratas). Nuestra política persigue publicar solamente investigaciones originales, que agreguen significativamente al cuerpo de conocimientos ya alcanzado, en materia de mercados y políticas energéticas”.
Una política energética para el siglo XXI debe estimular racionalmente a la innovación y la conservación, y prestar al mismo tiempo atención al impacto ambiental de nuestras elecciones.
Y si usted desea que el precio del petróleo baje, perfore.
Por Kevin Hassett
Director de estudios político-económicos del American Enterprise Institute, y asesor del senador republicano John McCain, en su campaña para la nominación presidencial.
(Fuentes: Bloomberg, Gulfnews, Maritime News; 29/07/08)
30/07/08
Traducción de NUESTROMAR
