Pinamar: la aventura de pescar en gomón, convertida en moda gourmet

Pinamar: la aventura de pescar en gomón, convertida en moda gourmet

Un paseo distinto a los tradicionales, tres kilometros adentro de la costa. Cada vez más turistas hacen excursiones para cocinarse lo que sacan del mar.

Un paseo distinto a los tradicionales, tres kilometros adentro de la costa. Cada vez más turistas hacen excursiones para cocinarse lo que sacan del mar.

A la cuenta de tres, lo arrastran por la arena, batallan contra la rompiente para que no lo empuje de regreso. Por fin, logran lanzar el semirrígido al mar. El timonel carga un rumbo en su navegador satelital y acelera. La embarcación repite una serie rítmica: golpea en seco, queda algún segundo suspendida en el aire y se desploma en el océano. Lo que vendrá será una mañana tres kilómetros mar adentro, una aventura que en las costas de Pinamar ya es vista como una moda y en la que los turistas buscan sumarse a una tendencia: la cocina gourmet, pero hecha en casa.

El viento en la cara y la mirada clavada en la línea del horizonte evita los mareos. Javier, el timonel del Cormorán, apunta la proa hacia los cardúmenes que se esconden en las restingas y se interna en el océano. Las manos encimadas, sujetadas del nudo de una soga, provocan la sensación de que a este híbrido se lo cabalga. El radar Ecosonda lanza bips y muestra en la pantalla, como si fuera un videojuego, pescaditos negros. Alrededor todo parece inmensamente igual, pero estamos en el sitio indicado, a 16 metros de profundidad. Arrojan el ancla, ruegan para que se clave en la piedra plana. En silencio, preparan las cañas, despedazan la caballa que hoy hará las veces de carnada y cada turista -un poco por maña y otro tanto por los caprichos del azar-, tendrá, con la naturaleza, su propio amorío.

Hasta que la caña se tensa, se dobla, parece que va a partirse. Habría que petrificar la cara del turista cuando pica el primer gatuzo, una especie pequeña de tiburón, de medio metro de largo. Tira y sale. En la piedra, el pique es constante. Además de la aventura náutica, los timoneles le vieron la veta: entendieron que hay turistas que se embarcan porque quieren ser artífices de sus propios platos gourmet. Por eso, ante la mirada filosa de las gaviotas suspendidas alrededor de las sobras, empiezan a salir meros espinosos, besugos, lenguados. No todos incluyen ese servicio, pero algunos timoneles hasta enseñan al turista a limpiar el pescado para cocinarlo. "Salimos todas las mañanas con los botes llenos. Los turistas llegan y sacan corvinas, bagres y hasta brótolas y besugos", dice Walter Calosso, de "Sólo Pesca".

"Las excursiones de pesca variada se convirtieron en una moda. Hoy salir de pesca se usa", resume Chirola, otro de los timoneles que cada mañana parte de la salida náutica, al lado de las oficinas de Prefectura. "Tengo dos lanchas y ya no me alcanzan. Pensar que hace algunos años sólo entrábamos a pescar nosotros para vendérselo a los restoranes", dice, como para ilustrar sin estadísticas, la afluencia de público. La aventura está garantizada. Y es evidente cuando Chirola llega a la orilla con los dos tachos de 140 kilos colmados de pescados. "Vienen chicos de 8 años y abuelos de 70", dice, de cerca, Alfredo, de la empresa Juma. "Conozca Pinamar desde el mar", propone, en un intento rudimentario de estrategia de marketing. Y es ahí donde radica el placer de lo distinto: en la otra mirada.

En este Pinamar desde otro ángulo, las salidas dependen de un factor que, por incontrolable, puede volverse peligroso: el clima. No se sale si la mañana es demasiado ventosa y menos si hay alerta de sudestada. El clima puede ser tan traicionero que mantiene a todos en estado de alerta: el Cormorán, que se demoró persiguiendo cardúmenes, regresa a la orilla justo cuando Prefectura había tomado la decisión de salir a buscarlo.

26/01/08
CLARIN

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