La revolución del shale gas ha sido un regalo para la economía de Estados Unidos pero, como ocurre con muchas ganancias inesperadas, generó un intenso debate sobre cuál es la mejor forma de explotarlas.
La revolución del shale gas ha sido un regalo para la economía de Estados Unidos pero, como ocurre con muchas ganancias inesperadas, generó un intenso debate sobre cuál es la mejor forma de explotarlas.
Una campaña cada vez más ruidosa pide bajar el ritmo de la producción norteamericana de shale gas que se exporta como gas natural licuado (GNL).
“No creo que debiéramos simplemente abrir las compuertas”, aseguró Peter Huntsman, CEO de los químicos Huntsman y una de las principales figuras de la campaña. “Si se construyen todos los proyectos, el precio del gas en EE.UU. podría irse al cielo”, explicó.
La polémica es una razón por la cual el impacto del shale gas estadounidense en los mercados mundiales podría ser inferior al que algunos preveían. Veintiún proyectos de GNL solicitaron ante el Departamento de Energía estadounidense permisos para exportar un total de 28.300 millones de pies cúbicos de gas diarios: 41% de toda la producción de gas que se comercializó el año pasado en Estados Unidos.
Sólo uno, el proyecto Sabine Pass de Cheniere Energy en Louisiana, hasta ahora tiene licencia para exportar gas a países con quienes EE.UU no tiene un acuerdo de libre comercio.
Bill Cooper, presidente del Center for LNG, asociación de lobby de la industria, asegura que el otorgamiento de permisos a otros proyectos podría ser una formalidad. Las exportaciones se rigen por la Ley de Gas Natural de 1938, que establece que quienes se oponen son los que deben probar que las ventas al exterior perjudicaría a Estados Unidos, explicó.
Sin embargo, Huntsman asegura que el riesgo de dañar los intereses norteamericanos ya es evidente. Pese a que el precio de referencia del gas estadounidense se duplicó con respecto a hace un año a cerca de u$s 4 el millón de unidades térmicas británicas, se trata sólo de una tercera parte del precio del gas entregado como GNL al noreste de Europa y una cuarta parte del precio en Japón.
Eso brinda a la industria manufacturera de Estados Unidos, en especial a la petroquímica, una significativa ventaja competitiva.
“Hace cuatro o cinco años, el 95% del crecimiento de la capacidad de producción de químicos, casi toda la inversión, se produjo fuera del mercado norteamericano”, señaló Huntsman. Ahora todas las inversiones que se analicen a nivel mundial deben demostrar que son competitivas contra una inversión en América del Norte”, agregó.
Si las exportaciones a gran escala presionan los precios del gas norteamericano para que suban a los niveles de Europa o Asia, el panorama para la inversión en el sector manufacturero será muy diferente.
No todas las campañas químicas que operan en Estados Unidos comparten esa opinión. James Gallogly, CEO de LyondellBasell, grupo con casa matriz en Holanda y grandes operaciones en EE.UU. dijo a sus inversores que apoya las exportaciones de GNL, y que cree que serán positivas para su compañía.
Ed Crooks (Financial Times)
26/03/13
CRONISTA.COM
