La decisión de la empresa de pedir el preconcurso provoca la salida masiva de accionistas. La avalancha de ventas lleva a una nueva subasta de volatilidad por segundo día consecutivo. Las acciones pasan en dos días de valer 17,40 euros a intercambiarse por unos cinco euros.
La decisión de la empresa de pedir el preconcurso provoca la salida masiva de accionistas. La avalancha de ventas lleva a una nueva subasta de volatilidad por segundo día consecutivo. Las acciones pasan en dos días de valer 17,40 euros a intercambiarse por unos cinco euros.
La salida masiva de inversores de Pescanova se ha prolongado esta mañana por segunda jornada consecutiva tras la decisión del grupo de alimentación de solicitar el preconcurso de acreedores. La avalancha de ventas, además, ha provocado que tampoco este martes haya podido cotizar en la apertura con normalidad y ha motivado el inicio de un nuevo proceso de subasta por volatilidad. El cruce entre las numerosas órdenes de venta y las escasas peticiones de compra auguraba un desplome similar al de la víspera que, al final, se ha traducido en una caída del 48%, hasta los 3,60 euros. Tras este primer cambio, que ha tenido lugar pasadas las diez de la mañana, los títulos de la firma gallega han ido frenando ligeramente el castigo hasta intercambiarse por 5,67 euros, lo que equivale a un descenso del 18,53%.
El duro correctivo que están sufriendo las acciones de Pescanova deja en evidencia el miedo de los accionistas a que la empresa entre en quiebra y el riesgo que ello supone de perder toda su inversión.
Pescanova solicitó el pasado jueves por la noche a la Comisión Nacional del Mercado de Valores que suspendiera la cotización de sus títulos, después de comunicar que no iba a presentar sus cuentas de 2012 y que su viabilidad estaba en duda. Tenía una deuda de 1.522 millones al cierre de septiembre de 2012. Un día después, el viernes, anunció que había presentado el preconcurso de acreedores, mientras renegocia su deuda y vende activos en Chile.
La CNMV, tras considerar que la firma gallega ya había puesto a disposición del público información suficiente para hacer un juicio sobre la cotización, anunció que sus acciones volverían a cotizar este lunes. Sin embargo, las peticiones de venta fueron masivas y difícilmente encajables con las de compra. Por eso el valor no cotizó durante la jornada. La Bolsa fue ampliando el rango de fluctuación del 20% inicial, al 40% y luego al 60%. Finalmente, en la breve ventana de compraventa que se abrió justo al final del día, se efectuaron más de 81.000 operaciones. Las acciones se desplomaron un 60%, la máxima oscilación contemplada, hasta 6,96 euros por título frente a los 17,40 euros a los que cerró el jueves. Además, se quedaron otros 1,6 millones de acciones a la venta por parte de inversores que aceptaban deshacerse de sus títulos a un precio inferior a los siete euros pese a que hace apenas cuatro días valían más del doble.
Quien sí decidió deshacerse de algunos títulos de Pescanova antes del preconcurso fue uno de sus principales accionistas: Alfonso Paz-Andrade, exconsejero delegado de Pescanova y todavía consejero, comunicó el pasado 18 de febrero que había reducido su participación en la firma hasta el 3,56%. En concreto, anunció que el 6 de febrero de 2013 había vendido en el mercado 75.000 acciones a un precio unitario de 16,6 euros. Es decir, que se embolsó 1,24 millones de euros en total. Si esa venta la hubiera hecho este lunes (aunque dado el volumen que se pudo negociar en toda la jornada, hubiera sido complicada una venta de ese tamaño), habría obtenido 522.000 euros, un 58% menos.
La compañía valía en Bolsa tras la jornada de este lunes 200 millones de euros. Antes de la compraventa de la jornada y su desplome, su capitalización bursátil era de 500 millones de euros. Con el batacazo de un 60% en su precio, las acciones volvieron a los niveles que tenían en enero de 2001. Las acciones de la firma llegaron a costar 28,5 euros en febrero de 2008.
El anuncio de que Pescanova, que tiene cerca de 10.500 empleados y negocios en más de 20 países, estaba ahogada por problemas financieros y que había solicitado la protección judicial ante sus deudas sorprendió el viernes al mercado. “Fue totalmente inesperado”, reconoció a Bloomberg Joao Safara, analista del Banco BPI. La empresa realizó el pasado ejercicio una ampliación de capital y una emisión de bonos a un interés superior al 8%, pero no estaba en las quinielas de la insolvencia. “Como otras empresas españolas, Pescanova tenía problemas de deuda, pero todavía era percibida como una empresa sólida. Debería haber sido capaz de evitar una situación así”, añadió el analista.
Por Cristina Delgado y Álvaro Romero
05/03/13
EL PAÍS (España)
