Pensando en el futuro del camarón. Desde Natal, Brasil

El reconocido arte culinario del nordeste brasileño cuenta con un verdadero príncipe del sabor, el camarón, que destaca tanto en calidad como por su cantidad.

El reconocido arte culinario del nordeste brasileño cuenta con un verdadero príncipe del sabor, el camarón, que destaca tanto en calidad como por su cantidad.

Camarones carnosos, y grandes como el dedo meñique, son preparados y presentados en platos exquisitos y variados, que hacen las delicias de los turistas que concurren a los restaurantes de la bulliciosa Ponta Negra y a los distinguidas posadas de Pipa y Tibau do Sul. La autóctona peixada por ejemplo, se compone de caballa, atún o abadejo, papas, cebolla, una salsita mezcla de leche de coco, aceite de dendé y ajo; pero además… rodeada de una bizarra guarnición de riquísimos camarones.

En menos de una década, el estado de Río Grande do Norte ha dado un enorme paso al frente en el cultivo del crustáceo y su valor agregado. Este excelente desempeño de la carcinicultura brasileña, que casi en su totalidad es nordestina, logró ubicar a esta industria en los primeros lugares del mundo y en el puesto número uno en América latina.

Sin embargo, aunque exitosa, la actividad muestra, a la vez, un costado negativo: la afectación paulatina del ecosistema marino, particularmente en el área de manglares, donde se asientan los viveros. Por ello, órganos oficiales y productores han comenzado a evaluar los distintos aspectos del problema, para asegurar el desarrollo futuro de la producción, evitando perjuicios ambientales que impidan sentarse a la mesa y disfrutar -sin complejos ni culpas- de una entrada de penaeus brasiliensis al ajillo, acompañados con una buena caipirinha. -¡Mozo por favor, para empezar…!

Escribe Norberto Lema

28/09/08
LA NACIÓN

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