El catán, lagartijas, crustáceos y moluscos son fuente de información y objeto de investigación en la Facultad de Ciencias Biológicas.
El catán, lagartijas, crustáceos y moluscos son fuente de información y objeto de investigación en la Facultad de Ciencias Biológicas.
Todos los contaminantes llegan finalmente al agua. Los ríos, lagos, mares y presas se ven afectados por contaminación urbana, de insecticidas agrícolas o hidrocarburos y otros compuestos industriales, y los más afectados serán siempre los organismos que ahí habitan.
En la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el doctor Carlos Javier Aguilera González estudia aspectos de ecología e indicadores de contaminación, principalmente en el medio acuático.
Su trabajo actual se desarrolla dentro del Laboratorio del Grupo Ecofisiología, en el cual se ha utilizado al pez catán (Atractosteus spatula) como principal modelo de estudio. Específicamente el Dr. Aguilera, desarrolla técnicas que buscan proponer a la especie como monitora de contaminación.
Con este objetivo, se utilizan indicadores fisiológicos, para lo cual determinan la presencia de algunas proteínas y miden la actividad de enzimas que son afectadas por la calidad del medio ambiente, pues dependiendo del contaminante existente, éstas se pueden presentar; por ejemplo cuando hay metales pesados el organismo secreta proteínas (metalotioneinas) que son capaces de unirse a estos metales y reducir el daño al organismo.
Otros ejemplos de contaminantes son los insecticidas agrícolas, particularmente los organofosforados, que al estar en contacto con el pez, inhiben la acción de algunas enzimas (colinesterasas); asimismo, los hidrocarburos liberan un proceso enzimático para que el organismo realice la detoxificación, se activan enzimas oxidativas del citocromo P450 y tratan de bloquear ese contaminante, mientras que enzimas en una segunda fase tratan de hacerlo más hidrosoluble para que el contaminante sea excretado.
“La mayor parte de estas enzimas son comunes a todos los organismos, pero tomamos el modelo del catán porque es una especie que nos permite estudiarla en cualquier ambiente acuático, ya que tolera desde agua dulce hasta agua marina, además es un pez primitivo con rutas metabólicas más simples”.
“Al mismo tiempo, es un organismo que está en lo más alto de la cadena alimenticia, es depredador y carroñero. Al alimentarse, el catán come organismos que a su vez comieron otros organismos, que no pudieron procesar los contaminantes, y los fueron acumulando”.
“Cuando sobrepasa los niveles de la cadena alimenticia, el contaminante se va haciendo más tóxico porque aumenta la concentración. En el animal que está en la parte más alta, podemos encontrar el final de la acumulación del compuesto y entender qué efectos produce en la cadena alimenticia”, explicó el investigador.
Lo elaborado con el catán, así como los resultados, pueden ser trasladados a otros peces nativos ya que gracias a que es una especie de la región también se tiene la facilidad de hacer ensayos de campo, lo cual es más complicado con otras especies exóticas usadas para estudios de monitoreo ambiental.
Otro aspecto que permite al catán ser un excelente indicador de contaminación, es que se produce en laboratorio, tienen organismos de edades determinadas y condiciones controladas, por lo que identifican perfectamente si la respuesta que se observa es debido al contaminante o a otro factor.
Un efecto muy interesante que causan algunos contaminantes, particularmente los encontrados en descargas urbanas, es el que a continuación describe el Dr. Carlos Javier Aguilera:
“En este pez no se distinguen los sexos por características externas como el color o el tamaño, lo cual es una condición necesaria para realizar la reproducción en cautiverio, y para identificarlos hicimos pruebas en laboratorio aislando una proteína (vitelogenina), que bajo condiciones normales se produce solamente en hembras".
"Esta metodología sirvió porque ciertos contaminantes orgánicos, llamados disruptores estrogénicos, producen un efecto fisiológico similar al que producen las hormonas femeninas”.
“De tal forma que podemos encontrar la proteína vitelogenina en juveniles y llama la atención porque estos contaminantes no necesariamente causan mortalidad, pero afectan todo el proceso endocrino del pez y alteran la reproducción, apareamiento y aspectos secundarios como el cortejo, lo que produce una reducción de las poblaciones a mediano o largo plazo”.
En general, este tipo de proyectos para detectar contaminación en el ambiente se pueden hacer de varias formas, en primera instancia confirmando la respuesta del organismo utilizado. Exponen al catán a los contaminantes, por inyección, disuelto en el agua o incluido en el alimento y así analizan cómo responde.
A partir de lo anterior, se tiene la capacidad de deducir, dependiendo de la respuesta en el pez, el tipo de contaminante que está afectando una localidad en particular. Actualmente con estas técnicas han encontrado que los contaminantes que más afectan al catán son los insecticidas agrícolas.
Con los resultados de este proyecto se entiende además, que a pesar de que no se vea mortalidad en peces o grandes manchas de contaminación, existe una afectación al medio ambiente y se pueden evaluar descargas urbanas o procesamiento de aguas residuales.
Dentro de la misma línea, el doctor Aguilera González también ha trabajado con otros indicadores bioquímicos, pero aplicándolo a diferentes organismos acuáticos particularmente crustáceos y moluscos, en varios aspectos de la fisiología.
Al mismo tiempo, el Dr. Carlos Aguilera González, en conjunto con el Dr. David Lazcano Villarreal, herpetólogo, han comenzado un proyecto en el que estudiarán poblaciones de la lagartija espinosa de collar (Sceloporus serrifer) de la periferia del área metropolitana, en el parque industrial El Carmen y en el parque ecológico Chipinque.
“Las lagartijas tiene la capacidad de desprenderse la cola cuando son amenazadas, pero posteriormente la regeneran. Es así que tomando la cola, no afectaremos a la población. Medimos las proteínas y las enzimas, con lo cual podremos tener indicios de qué manera están siendo afectados los organismos de dichos lugares”.
Para finalizar, el investigador comentó que uno de los beneficios de estos proyectos es tener la posibilidad de proponer a las entidades gubernamentales correspondientes, cierta reducción en el consumo de algunas especies comestibles, por su alto contenido de agentes tóxicos y que esto sea plasmado en las normas sanitarias del país.
** El Dr. Carlos Javier Aguilera, estudió la carrera de Biólogo en la Facultad de Ciencias Biológicas de la UANL (1986); posteriormente obtuvo su Maestría en Ciencias, con especialidad en Recursos Alimenticios y Producción Acuícola (1996) y el Doctorado en Ciencias con especialidad en Acuacultura, por la misma Institución (1999). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, SEP-CONACyT, desde 1999.
25/11/09
NOTICIAS UANL

