Dijo que aunque estaba “listo para atacar”, no lo hará hasta que lo autorice el Congreso; su decisión retrasa la acción militar por lo menos diez días.
Dijo que aunque estaba “listo para atacar”, no lo hará hasta que lo autorice el Congreso; su decisión retrasa la acción militar por lo menos diez días.
Cuestionada por decenas de países, la intervención militar en Siria parecía, hasta ayer a la mañana, inminente, pero ahora tendrá que esperar, por lo menos diez días.
Bajo presión interna y mientras busca más respaldo internacional, Barack Obama dijo ayer, en un sorpresivo anuncio, que aunque estaba “listo” para castigar al régimen de Bashar al-Assad por el supuesto uso de armas químicas, no lo hará hasta que lo decida el Congreso.
La decisión del presidente norteamericano retrasa los planes de la intervención, ya que los legisladores están de vacaciones y la primera sesión del Congreso será el 9 de septiembre.
Acompañado por el vicepresidente Joe Biden en el Jardín de Rosas de la Casa Blanca, Obama aclaró que no necesitaba la autorización del Congreso para intervenir, pero dijo que la solicitaba para dar un “ejemplo democrático”.
Se trata de una maniobra arriesgada, puesto que el mandatario no tiene asegurado un voto favorable en el Congreso, pero, al mismo tiempo, hábil, ya que sin renunciar a una respuesta firme contra el régimen, gana tiempo y legitimidad interna.
Luego de haber presentado anteayer un informe de inteligencia con supuestas evidencias de que el régimen de Al-Assad orquestó el ataque con armas químicas en Damasco el 21 de agosto, Obama reiteró que “Estados Unidos debe tomar acción militar contra el régimen sirio”.
Sin embargo, precisó que el ataque será igual de efectivo si se hace “mañana, la semana que viene o dentro de un mes”.
Altos funcionarios del gobierno estadounidense dijeron que Obama tenía previsto emprender una acción militar contra Siria sin autorización del Congreso, pero cambió de opinión anteanoche luego de reunirse con sus asesores de seguridad.
Es claro que Obama, que viajará a Rusia la semana que viene para la reunión del G-20, necesita más tiempo. El jueves pasado, Estados Unidos perdió a su más firme aliado, Gran Bretaña, cuando el Parlamento le negó al primer ministro David Cameron la autorización para participar en una misión contra Siria.
Ayer, el primer ministro británico fue el primero en reaccionar tras el discurso de Obama. “Entiendo y respaldo la posición de Barack Obama sobre Siria”, escribió en Twitter.
Paradójicamente, Francia, que se negó a apoyar a Estados Unidos en su intervención en Irak, es ahora la única gran potencia que permanece a su lado en el conflicto sirio.
Antes de hablar ante los norteamericanos, Obama llamó a su par francés, François Hollande, quien le “reafirmó su determinación a actuar para sancionar al régimen.
La que se opone firmemente a una intervención es Rusia. El presidente Vladimir Putin consideró ayer un “absoluto disparate” la versión norteamericana de que el gobierno sirio empleó armas químicas en suburbios rebeldes y le pidió a Obama que, como Nobel de la Paz, piense en las posibles víctimas antes de disponer una intervención militar.
Con el retraso de la intervención, además de buscar respaldo internacional, intenta ganar apoyo dentro de un país cansado de las guerras, luego de las fallidas misiones en Irak y Afganistán.
Por eso durante su discurso resaltó varias veces que la matanza del gobierno Sirio -que, según el gobierno norteamericano, dejó 1429 muertos- afecta la seguridad nacional.
Además, el mandatario reiteró que el ataque será una operación rápida, concreta, sin tropas sobre el terreno e imprescindible para defender los intereses de Estados Unidos. Lo que no dejó en claro Obama es si llevará a cabo la acción militar contra Siria aunque el Congreso no dé su autorización.
Obama podría gozar de un voto de confianza en el Senado, controlado por su Partido Demócrata, pero es imposible prever el voto de la Cámara de los Representantes, dominada por los republicanos.
El presidente sostuvo que lo ocurrido en Damasco el 21 de agosto fue “el peor ataque con armas químicas en el siglo XXI”. “Estados Unidos no puede hacer la vista gorda ante tal horroroso acto, en el que murieron miles de personas”, sentenció.
Antes del discurso del mandatario, el ataque a Siria parecía inminente a tal punto que fuentes del propio gobierno de Al-Assad reconocían que esperaban los bombardeos quirúrgicos para “cualquier momento”.
El Pentágono ya tiene desplegados en el Mediterráneo cinco destructores, cargados de dos docenas de misiles de larga distancia cada uno, varios submarinos y 300 marines en un barco con helicópteros para posibles evacuaciones.
Además, ayer se retiró de Siria el grupo de 12 inspectores de la ONU que estaba analizando los supuestos ataques químicos. Los investigadores se dirigieron a Holanda, donde está la sede de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. Desde allí enviarán las muestras -sangre y orina de las víctimas, así como muestras de tierra donde se produjeron los ataques- a varios laboratorios europeos.
La ONU aclaró que no quería establecer un plazo para la entrega de los resultados, pero fuentes diplomáticas estiman que estarán disponibles en un plazo de entre 10 y 14 días. De todos modos, el gobierno de Estados Unidos ya advirtió que las pruebas de la ONU serían “redundantes”, luego de presentar su informe de inteligencia.
Ayer, el diario británico The Guardian publicó que el responsable del ataque sería el hermano de Al-Assad, Maher, quien habría decidido usar armas químicas luego de una reunión con el presidente y tras la frustración del régimen de no poder recuperar los suburbios de Damasco, en manos de los rebeldes.
Agencias AP, Reuters, ANSA.
01/09/3
LA NACION
