No sabemos si el flamante secretario de Estado propondrá un cambio importante, pero es indispensable que lo haya.
No sabemos si el flamante secretario de Estado propondrá un cambio importante, pero es indispensable que lo haya.
La grave crisis económica, política y social que afecta a la Argentina plantea la necesidad de encontrar nuevas respuestas para revalorizar la deteriorada agenda ambiental, cuya constante politización la ha vaciado de todo contenido.
Con la reciente asunción de Homero Bibiloni como secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, en reemplazo de Romina Picolotti, es menester que se integren los aspectos ambientales del desarrollo en las decisiones del Estado y que el medio ambiente pase a ser una preocupación sincera de las autoridades nacionales.
Es que la protección y el uso sustentable de la naturaleza, junto con la erradicación de la pobreza y la modificación de modalidades insostenibles de producción y consumo, constituyen uno de los requisitos esenciales del desarrollo sustentable que nuestro país debe abordar de manera urgente. No es posible hoy despilfarrar los recursos naturales, ya que éstos, cada día más escasos, son imprescindibles tanto para las generaciones presentes -porque de otro modo se destroza la base sobre la cual se asienta la economía- como también para las generaciones futuras.
La gestión de la antecesora de Bibiloni ha sido ineficaz. Claro que hay que preguntarse si toda la responsabilidad le cabe a la ex funcionaria en un gobierno cuyas máximas autoridades han privilegiado cuestiones de neto corte político o intereses económicos particulares por encima de cualquier política en materia ambiental.
La desastrosa conducción del conflicto con Uruguay por la instalación de la pastera Botnia en Fray Bentos y el interminable corte de rutas; el sospechoso veto a la ley sobre protección de glaciares, y la falta de avances en el deplorable estado del Riachuelo o del río Reconquista son los puntos más oscuros de la gestión kirchnerista en temas ambientales.
Así, no son, por cierto, pocos los problemas que deberá enfrentar el nuevo secretario de Estado. La necesidad de provocar una discusión seria sobre las pasteras sin la prepotencia de los piquetes y los cortes de rutas; la conservación de los glaciares más allá de la rentabilidad inmediata; el sistemático avance de la deforestación; la pérdida de nuestras riquezas naturales y la importancia de insertar al país en un mundo donde los aspectos ambientales constituyen un aspecto medular para promover un adecuado desarrollo, deberán formar inexorablemente parte de los desafíos de la nueva gestión.
La agenda incluye cuestiones vinculadas con la conservación, recuperación, protección y uso sustentable de los recursos naturales; el ordenamiento ambiental del territorio; la gestión de los recursos hídricos; los residuos comunes y peligrosos; las cuestiones de infraestructura y su correspondiente evaluación de impacto ambiental; la definición de políticas vinculadas con la información y la cooperación internacional; la conservación de la biodiversidad; las relaciones con las organizaciones vinculadas con los temas ambientales y el desarrollo sustentable, y la aplicación de los tratados internacionales.
Son tan relevantes y complejas las tareas que deberá abordar Bibiloni, que su desafío no es meramente ambiental, sino ético. Lo que está en juego precisa de una sensibilidad con un sentido de mediano o largo plazo. Si lo que prepondera en adelante continúa siendo una respuesta coyuntural, no se habrá comprendido la magnitud del problema.
La forma en que se organiza una administración para abordar la problemática ambiental refleja el nivel de atención y prioridad que cada gestión le otorga. Es por ello que, sin desmerecer la idoneidad de quienes estarán a cargo de las decisiones, debe subrayarse la importancia de contar con un adecuado acceso a la información, que es una condición básica para una participación efectiva de la comunidad en cualquier proceso de toma de decisiones públicas. El amplio acceso ciudadano a la Justicia y el correcto funcionamiento de los tribunales son esenciales para garantizar el derecho al ambiente sano y controlar el cumplimiento del deber de preservarlo.
Se requiere una política ambiental seria, sincera y coherente. Sin planificación, el deterioro de la calidad de vida continuará siendo inevitable. Sin planificación, será imposible afrontar con éxito los problemas que ya hoy nos superan: ¿cómo alcanzar un uso sustentable de los recursos naturales?; ¿qué hacer con los residuos?; ¿cómo disminuir la producción de los gases de efecto invernadero que causan el cambio climático global?; ¿cómo evitar el consumo ilimitado de combustibles fósiles baratos?; ¿cómo evitar la degradación del agua y utilizarla de modo que esté al alcance de todos? y ¿cómo evitar que sea devastada la diversidad biológica? Estas son solamente algunas de las preguntas que deberemos analizar y responder si nos preocupa el porvenir.
Sin duda, el nuevo secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable ha sido convocado para algo importante. No sabemos aún si se propondrá un cambio importante en la política ambiental, pero es indispensable que lo haya.
10/12/08
LA NACION
