Los helicópteros “Pesca” rescatan a 500 personas al año. A los mandos, un personal que acude cuando el mar pide ayuda.
Los helicópteros “Pesca” rescatan a 500 personas al año. A los mandos, un personal que acude cuando el mar pide ayuda.
Los guardianes del mar van por el aire. El primer servicio público de salvamento marítimo que se creó en España vigila el océano en helicóptero. Son los Pesca (1 y 2), dos robustos insectos mecánicos que cada año suben a los cielos a 500 personas abocadas casi todas a morir.
Esta tarde de noviembre despegamos de Peinador con bruma. El Sikorsky 76C+, una máquina precisa y delicada con cuya adquisición se reconoció que el Pesca 1 había sido esencial en la cruzada contra el Prestige, avanza hacia un rescate en Vilagarcía. La víctima se encuentra a bordo del Sebastián de Ocampo, uno de los tres buques sin base fija que la Xunta dedica a salvamento y lucha contra la contaminación. Tras un plácido viaje de veinte minutos, el helicóptero se sitúa sobre la popa del barco. El rescate de hoy es en realidad un simulacro. Y el herido, conocido como Manolito, es un muñeco embutido en un neopreno rojo con una ardiente caballera fucsia que le concede un aire punki.
Javier Díez, que en el ejercicio de hoy actúa de rescatador, se descuelga en el vacío. «Imagínate esto de noche, con maretón y lloviendo», observa Charlie del Campo, operador de grúa, protegido por un casco en el que asoma un Burt Simpson disfrazado de diablillo.
Los primeros
La que se propone desde el Pesca 1 no es ni mucho menos una foto desenfocada. En zonas como cabo Fisterra la mar está de marejada una media de 230 días al año. Como apunta Charlie en el completísimo blog que ejerce de cuaderno de bitácora del Pesca 1 (pesca1.blogspot.com), la intensidad del viento excede la fuerza 4 una media de trescientos días al año. Hay otros dos datos que aportan vigor al trabajo de los servicios de salvamento: una flota pesquera de 9.000 barcos -el 73% pequeños botes que pescan noche y día- y un corredor marítimo por el que transitan 50.000 buques, muchos con mercancías peligrosas. Todo un entramado de riesgo en potencia que desde 1990 vigilan los primeros servicios públicos de salvamento marítimo que se crearon en España, a iniciativa del ex conselleiro de Pesca Enrique López Veiga
Javier ha subido al fin a Manolito y reaparece en la cabina del helicóptero con el rostro empañado. A la vuelta de Ons, repetirán el simulacro, pero esta vez en la proa del barco. Los pilotos buscan el viento. «En el mar, el viento nos beneficia. Hay que aproarse al viento, porque así el helicóptero flota». El Pesca 1 queda suspendido con una delicadeza que disuelve cualquier temor a las turbulencias.
A pesar de estar adscrito al servicio de salvamento marítimo, el Pesca 1 no solo trabaja sobre el océano. Hay un destino interior que lo reclama con cierta frecuencia. Son los cañones del Sil, esa escarpada garganta salpicada de bancales dedicados a la viticultura en los que un accidente puede dejar aislado y desasistido a un agricultor que dé un traspié. «En tierra, el control del helicóptero se complica. El viento rebota contra las montañas y forma remolinos», explica Javier Díez, el rescatador más experimentado de todos los adscritos al servicio de salvamento gallego. Javier llegó a Galicia desde Algeciras, en donde trabajaba en control de Aduanas. "Es el abuelo, tenemos que cuidarlo para que no le dé el reuma", bromea con camaradería Charlie, compañero en el Pesca 1, y ex militar, como el 70% del personal que trabaja en Galicia en los helicópteros de rescate. "En realidad, nosotros llegamos a donde no llega nadie". Y a donde los reclaman.
Regresamos a Peinador. Lo de esta tarde fue una simulación, pero apenas veinticuatro horas después del ejercicio, el Pesca 1 sale para subir al cielo a un pasajero de un trasatlántico con pancreatitis aguda. Los 14 hombres adscritos a esta base se las componen para estar dispuestos las 24 horas del día los 365 días del año. Está prometida la ampliación de la plantilla, para que las guardias empiecen a ser presenciales y los demás dejen de vivir colgados del Pesca 1, aunque estén en tierra.
"Cuando me hablan de un sitio, lo veo desde el cielo", confiesa Javier, el rescatador.
06/12/08
LA VOZ DE GALICIA

