“No queremos que quede un pasivo ambiental”

Esta fue la advertencia que efectuó un ambientalista mendocino respecto del destino que tendrán los volúmenes de cloruro de sodio que quedarán como residuo de la extracción de cloruro de potasio, en el sur de Mendoza, destinados al mercado brasileño. Sigue el debate por el proyecto potasio Rio Colorado.

Esta fue la advertencia que efectuó un ambientalista mendocino respecto del destino que tendrán los volúmenes de cloruro de sodio que quedarán como residuo de la extracción de cloruro de potasio, en el sur de Mendoza, destinados al mercado brasileño. Sigue el debate por el proyecto potasio Rio Colorado.

La necesidad de que el proyecto minero Potasio Río Colorado no genere riesgos de contaminación en esta cuenca fue puesta de manifiesto por Marcelo Giraud, docente de la Universidad Nacional de Cuyo e integrante de la Asamblea Mendocina por el Agua Pura.
 
El ambientalista disertó en dos ocasiones en la zona del valle bonaerense del Colorado, jurisdicción de CORFO, una en Villalonga y la restante en Ascasubi.

"Si se diera algún accidente o fenómeno natural extremo que arrastre los depósitos de sal a cielo abierto al Colorado, obviamente terminaría también afectada toda esta zona de producción", dijo Giraud.

Su disertación fue organizada por CORFO, el INTA, la Asociación de Productores de Villarino Sur (Aprovis), la Asociación Agrícola Ganadera de Villalonga y la Asociación Hortícola de Patagones.

Vecinos, productores agropecuarios, representantes de las comunas de Villarino y Patagones y de otros ámbitos respondieron a la convocatoria denominada "Proyecto minero Potasio Río Colorado (Río Tinto): impacto ambiental y económico en el Río Colorado".

Advirtió el disertante que el proyecto aún adolece de un plan de contingencia para eventos como vientos huracanados, no se presentó la ingeniería de detalle y tampoco se contrató el seguro ambiental.

Admitió también que por características del terreno, clima y ubicación del área de explotación, a sólo 5 kilómetros de cauce, el Colorado puede verse seriamente comprometido por la contaminación de residuos salinos.

"No hay que pensar en 40 o 50 años que es el tiempo que puede durar la explotación, sino a perpetuidad", apuntó.

Faltan varios pasos aún

Previo a sus charlas, Giraud dialogó con "La Nueva Provincia".

Estos fueron los conceptos más importantes:

–Hoy, como están las cosas, ¿es imposible que empiece la explotación?

–Todavía no está la declaración de impacto ambiental. Faltan varios pasos. En Mendoza se tiene que volver a reunir la comisión evaluadora interdisciplinaria ambiental minera. Pueden darse tres posibilidades: aprobación, aprobación con instrucciones modificatorias o rechazo, dándole a la empresa la posibilidad de efectuar correcciones.

"Yo creo que van a seguir todos los pasos correctamente. Tácitamente hay un acuerdo con Río Tinto de no acelerar los pasos, en ir a fondo en el diálogo con el Coirco, organismo que es el que está haciendo las objeciones de mayor peso.

–Pero el Coirco plantea la idea de llevar residuos a una cuenca que no fluya hacia el Colorado…

–Así es. No sé, exactamente, dónde podría ser. Quizás transportando la sal bastante lejos se podría encontrar un punto que no haga peligrar los caudales.

–¿Cuál es la sensación de la gente de Malargüe? ¿Está de acuerdo con esta radicación?

–Ven que esto generaría un ritmo económico importante. Los sectores de mayor peso están de acuerdo con el proyecto y con la explotación minera, en general. Ahora bien, el mayor impacto ambiental sería, sobre el Colorado, aguas abajo.

"En el departamento de Malargüe sólo se incrementaría el tránsito. Ahí no existen productores agropecuarios. Tengamos en cuenta que el proyecto está 270 kilómetros al sur de esa población y Mendoza no riega ni una sola hectárea con aguas del Colorado, por lo que la población mendocina está relativamente sensibilizada por el tema.

–¿Qué ocurrirá con el gas?

–Sensibilizará a los argentinos el extraordinario consumo de gas que demandará el proyecto. Se estima a razón de 1 millón de metros cúbicos por día, es decir, un tercio de lo que Argentina importa de Bolivia.

"No olvidemos que se absorbería un equivalente al total del consumo anual de la provincia de Mendoza en materia residencial más comercial".

–El impacto puede afectar a otras zonas…

–Por lo pronto, en 50 años, ese millón de metros cúbicos diarios supondrán que, al ritmo actual de consumo de gas de la Argentina, todo el país se quedaría sin ese producto seis meses antes de lo previsto.

Optimistas, a medias

–¿Ustedes son optimistas o pesimistas respecto del futuro del proyecto Potasio Río Colorado?

 –Somos optimistas en cuanto a que se aporten mejoras en el pleno estrictamente ambiental frente al proyecto original. De todas formas, es inadmisible que los empresarios hayan dicho que no sería rentable transportar la sal residual.

–¿Y qué se puede hacer con esos volumenes de cloruro de sodio?

–Hoy Argentina produce alrededor de 1 millón de toneladas de cloruro de sodio anuales. El proyecto Potasio Río Colorado, en plena explotación, dejará 3 millones todos los años. No hay mercado interno que pueda absorberlo, ni siquiera, creo yo, pensando en una hipotética planta de soda solvay en las inmediaciones.

–¿No se podría exportar?

–Habría que ver si se puede transportar ese volumen de sal, hasta el puerto de Bahía Blanca, de la misma manera que se hará con las 400.000 toneladas de cloruro de potasio. Lo que no debería admitirse es que Río Tinto responda que transportar la sal hasta el puerto no es rentable.

–¿Quiere decir que ambos productos van de la mano?

–No se puede medir la rentabilidad del cloruro de potasio por un lado y la del cloruro de sodio por otro. Es cierto que Bahía Blanca está a más de 800 kilómetros del lugar de extracción y, tal vez, transportar sal sea caro, aunque será un valor ínfimo si se compara con la rentabilidad del proyecto.

–¿Por qué?

–Cuando se presentó este proyecto, en 2006, se hicieron cálculos en base a un valor de 155 dólares la tonelada de cloruro de potasio. A fines de 2007 empezó a subir y siguió este año. En abril último cotizó a 525 dólares los mil kilos y en mayo algunos contratos con China e India, los dos grandes demandantes, junto con Brasil (comprador del potasio a extraer en Mendoza), llevaron el precio a 700 y hasta 1.000 dólares.

"A mi modo de ver, en el largo plazo tal vez no hablemos de un valor de 525 dólares, pero nunca caerá a los 155 dólares originales. Hay mucha demanda, particularmente de China, que cambia sustancialmente su dieta y requiere más proteínas por lo que hace falta cultivar más superficie y los fertilizantes serán fundamentales.

–¿Cuáles son los principales países productores?

–Entre Canadá, primer productor, Rusia, Bielorrusia y Alemania llegan al 70 por ciento. Son muy pocos los países productores. Con el proyecto de Mendoza, Argentina pasaría a ocupar el quinto lugar, a nivel mundial, con una sola mina.

–¿Qué significaría, económicamente, sacar la sal de esa zona en materia de costos?

–El costo de explotación no es extremadamente grande. Los principales insumos son gas y electricidad, que aumentaron y aumentarán más. Las perforaciones constituyen un componente esencial en los 1.500 millones de dólares que implica el proyecto y la mano de obra (850 empleados directos) no tiene gran relevancia.

"No creo que sea demasiado caro sacar la sal. Pensemos que en 40 o 50 años se pueden producir 100 millones de toneladas de cloruro de potasio que, a un valor intermedio, 350 dólares la tonelada, significarían 35.000 millones de dolares. ¿Cuánto puede significar exportar esa sal? Muy poco."

Nada sobre la superficie

–Ustedes insisten en que el residuo no quede allí…

–No queremos que quede un pasivo ambiental a perpetuidad, que se reinyecte el máximo posible en las cavernas (la empresa no lo promete porque no hay ensayos) y que el remanente no quede sobre la superficie.

–¿Qué hacen con los residuos salinos en otros países productores de cloruro de potasio?

–En Francia y España existen viejas minas de potasio que produjeron una contaminación espantosa de las aguas subterráneas. En Canadá se ven las pilas rodeadas de campos cultivados, pero claro las condiciones son diferentes a las de Mendoza.

"Ellos no tienen precipitaciones similares, tampoco el viento Zonda y explotan el producto en zonas sísmicas como la nuestra. Por ahora tienen minas activas, pero la pregunta es qué puede pasar a futuro. Si durante los 50 años de explotación algo pasa, obviamente que la empresa lo reparará, pero ¿quién asume el costo posterior de cualquier fenómeno natural?

El proyecto

El proyecto fue diseñado por la empresa angloaustraliana Río Tinto (por su magnitud, segunda del sector a nivel mundial).

La extracción de potasio se hará al sur de Mendoza mediante el sistema de minería por disolución. Consiste en bombear agua caliente hacia un yacimiento subterráneo (a unos mil metros de profundidad).

Se conseguirá una solución que, además, contendrá cloruro de sodio.

El cloruro de potasio se trasladará desde el punto de extracción, por camión, hasta un enlace que se hará con el ferrocarril Zapala-Bahía Blanca. Por este medio, se llevará hasta Ingeniero White, donde, a través de una nueva terminal, se exportará a Brasil, para la producción de fertilizante.

En principio, el residuo quedaría en las inmediaciones de la explotación, formando, al cabo de 40 o 50 años, una "meseta" de 210 hectáreas de superficie por 50 metros de alto.

Esta ubicación de los restos, a cielo abierto, es, precisamente, objetada por distintos sectores, entre ellos el Comité Interjurisdiccional del Río Colorado.

Ocurre que los residuos constituirán una gran amenaza de salinización para todo el cauce aguas abajo donde, precisamente, se ubican las zonas de explotación agropecuaria y las poblaciones que se abastecen, para consumo humano, de agua del Colorado.

Por David Roldán/"La Nueva Provincia"

26/06/08
LA NUEVA PROVINCIA – BAHIA BLANCA

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio