Doscientas casas, una gasolinera, una capilla, un hotel y dos faros tragados por el océano. Este es el resultado del fenómeno geológico conocido como transgresión marina o avance del mar que afecta al balneario de Atafona, al norte de Río de Janeiro.

Doscientas casas, una gasolinera, una capilla, un hotel y dos faros tragados por el océano. Este es el resultado del fenómeno geológico conocido como transgresión marina o avance del mar que afecta al balneario de Atafona, al norte de Río de Janeiro.

Víctima de una mezcla de factores atmosféricos y oceánicos que ganaron fuerza en los últimos tiempos gracias al cambio climático, Atafona ya ha perdido cerca de 500 metros de extensión.

Nada menos que catorce manzanas.

Fenómeno

Según la prensa local el fenómeno comenzó en 1974.

Hasta el año 2006, la transgresión marina hacía que las aguas del Atlántico avanzaran tres metros por año en dirección al pueblo.

Sin embargo, a partir de 2007 la velocidad del mar aumentó en 5,5 metros a cada doce meses y pasó a preocupar aún más a los científicos.

Según el profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro Gilberto Pessanha, que investiga el tema junto con más de 30 alumnos de los cursos de geografía e ingeniería cartográfica, dos motivos explican ese aumento de velocidad.

"El primero es que los cambios climáticos registrados en el Atlántico en los últimos años generaron vientos más fuertes y, en consecuencia, olas más agresivas".

Ubicado al lado de la desembocadura del río Paraíba do Sul, el balneario observa su propia desaparición.

Por no disponer de equipos suficientes para recaudar datos, Pessanha no se arriesga a prever la duración del fenómeno.

Sin embargo, apuesta a que no habrá cambios en los próximos quince años. La transgresión marina anterior duró más de un siglo.

"El riesgo ahora es que el mar llegue a una depresión que existe justo después de la playa. Es un área urbana con cerca de 30 mil metros cuadrados y ochenta casas de veraneo. El terreno, del tamaño de tres campos de fútbol, se inundaría", alertó.

Pérdidas

En abril, el mar se llevó el hotel que el empresario Julio Ferreira da Silva había construido en 1973 con el dinero de la venta de cuatro de sus cinco casas.

Su hija, Julia Maria de Assis, cuenta que el edificio, que ya estaba comprometido desde 2005, tenía cuatro plantas y 48 habitaciones.

"No tengo ni idea de lo que mi padre ha perdido. Lo peor es que, antes del hotel, que cuando se construyó estaba a unos 500 metros del mar, el agua se llevó la casa de tres habitaciones en la que vivíamos".

"El océano se llevó un total de cinco casas", añadió.

Según los cálculos de Pessanha, la próxima propiedad a ser tragada por el mar es la de la empresaria Sonia Ferreira.

En abril, el agua estaba a tan sólo cinco metros de su puerta.

"Todavía tengo fe de que seguiré aquí. Si me toca salir, el problema no será sólo la pérdida material. Será, sobre todo, la pérdida sentimental, que será demasiado grande", dijo la empresaria.

Sin entender el porqué del avance de las aguas, es común oír por las calles de Atafona que el fenómeno marino es un ejemplo claro de la ira divina.

Hace veinte años, una capilla en homenaje a Nuestra Señora de los Navegantes fue construida de espaldas al mar.

En 1991, las olas se la llevaron.

Por Cristina Tardáguila, para BBC

27/07/08
BOLSONWEB

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