Miguel de Asúa contó la historia de la ciencia argentina

Miguel de Asúa contó la historia de la ciencia argentina

Doctor en medicina y en historia, especialista en filosofía de la ciencia, el disertante brindó en el INIDEP una conferencia basada en su último libro: “Una gloria silenciosa. Dos siglos de ciencia en Argentina”.

Doctor en medicina y en historia, especialista en filosofía de la ciencia, el disertante brindó en el INIDEP una conferencia basada en su último libro: “Una gloria silenciosa. Dos siglos de ciencia en Argentina”.

La historia de la ciencia argentina tiene quien la escriba: Miguel de Asúa publicó “Una gloria silenciosa. Dos siglos de ciencia en Argentina”, editada por Libros del Zorzal.

“Conocer la historia de la ciencia, en sus dimensiones académicas, sociales y políticas, nos ayuda a entender mejor de dónde venimos y a pensar con más fundamento a dónde vamos. Me parece importante tomar conciencia de la espesa matriz socio-cultural dentro de la cual tomó forma nuestro sistema científico, para apreciar sus fortalezas y sus debilidades, aprender de la experiencia y formular proyecciones más realistas”, explicó de Asúa los motivos de su trabajo.

El autor contó los capítulos más salientes de la investigación que abarca desde el siglo XVIII hasta nuestros días, en la charla que brindó ayer en el auditorio del INIDEP, promovida por la Asociación de Profesionales (API) con el auspicio de CeDePesca. En realidad el período analizado fue más corto, hasta la modernización y organización del sistema en la década del ´60.

Miguel de Asúa es todo un especialista en esto de contar la historia de la ciencia nacional. Doctor en medicina y en historia y especialista en filosofía de la ciencia, es autor y compilador de más de 50 artículos en los que combina sus campos de interés. Como algunos enfoques eran más profundos, cobraron forma de libros. Así editó “El árbol de las ciencias. Una historia del pensamiento científico”, “Ciencia y literatura. Un relato histórico” y “La ciencia de Mayo”, entre los más destacados.

“Es una mirada larga sobre la ciencia argentina”, comenzó diciendo para resumir la investigación que se despliega en más de 300 páginas y 140 ilustraciones, muchas de las cuales nunca habían sido publicadas del Archivo General de la Nación, que contiene “Una gloria…”. “Pero con una mirada integradora de todas las áreas”, aclaró este becario externo del CONICET, Wellcome Trust, British Council, KAAD y la Fundación Antorchas.

La historia está dividida en diferentes etapas, no sólo temporales, sino por logros o figuras destacadas de cada período, y comienza con la ciencia en tiempos de los jesuitas, ligada a la revolución científica del siglo XVII, pero combinada con la sensibilidad de los nativos.

La presentación estuvo acompañada de buena parte de las imágenes que ilustran el libro, como un mapa de la argentina hecho en 1773 por los misioneros o la foto de un reloj solar fabricado por guaraníes. También aparece la mención a Buenaventura Suárez, “el primer científico criollo” o a Ramón Termeyer y su apego a las anguilas “eléctricas” de agua dulce del litoral.

Actualmente De Asúa es miembro de la carrera de investigador de CONICET y profesor titular de historia de la ciencia y de la medicina (Universidad Nacional de San Martín). Académico titular de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y de la Academia de Ética en Medicina, también es miembro del comité editorial de Ciencia Hoy.

En su exposición en el INIDEP, el investigador repasó los hechos más salientes de “La ciencia de Mayo”, al servicio de la causa independentista, “la primavera científica de 1820”, con la creación de la Universidad de Buenos Aires y la Academia de Ciencias Naturales, en tiempos de Rivadavia. En todos los procesos la ciencia y los avatares políticos y sociales mantuvieron una relación estrecha.

“Durante la Confederación, Urquiza utilizó a la ciencia como medio para atraer capitales e inmigrantes”, contó De Asúa como resumen, antes de explicar que Sarmiento fue quien introdujo las ciencias modernas al país con el Observatorio Nacional de Córdoba, el Museo Público de Buenos Aires y la creación de la Sociedad Científica Argentina en 1872.

“La idea del libro es doble. Por un lado, tratar de poner de relieve cuáles fueron los logros más importantes de las ciencias en nuestro país y explicar en qué consisten. Pero a la vez, intenté relacionar esta ‘cadena de cumbres’ con el resto del paisaje, es decir, con el acontecer histórico que fue el sustrato social dentro del cual creció nuestra tradición científica”, indicó el disertante.

En ese sentido, remarcó que “el público suele haber oído hablar de nuestros Premios Nobel, pero son muy pocos los que entienden cuáles fueron los aportes de los grandes científicos argentinos al conocimiento universal.”

Pese a que De Asúa no pudo incluir a todos los hombres y todas las mujeres que forjaron la ciencia del país, el número de personajes mencionados supera los 400. “Este trabajo resume el cuarto de siglo de mi oficio en el tema y asocia temas de ciencia con temas de historia, es decir, que son dos libros en uno que están articulados con cuidado”, destacó el autor mientras pasaba imágenes de Florentino Ameghino, “la primera figura nacional de relevancia”, según lo calificó.

En la década de 1940 Bernardo Houssay ya discutía la cuestión del “drenaje de cerebros”, afirmó De Asúa. “Es un fenómeno global, no sólo argentino, aunque nuestro país sea uno de los que más lo ha sufrido, debido a la muy buena calidad de nuestra educación científica. Creo que el único método efectivo para luchar contra la fuga de cerebros es generar aquí un oferta competitiva desde el punto de vista salarial y de financiación del trabajo, con perspectivas profesionales en una atmósfera previsible”, puntualizó.

Muchos de los descubrimientos que motivaron el reconocimiento del Nobel fueron posibles a partir del cambio de modelo que encarnó el propio Houssay. “Con él aparece el científico a tiempo completo”, definió. Luego aparecen los aportes de fundaciones privadas que permiten estar a la misma altura que los países desarrollados.

Con el “éxodo de 1966”, año en que se fueron del país 1.360 investigadores, todo entró en un cono de sombras, pero que para De Asúa, no opaca todo lo hecho en estos dos siglos. “Creo que nos hemos ganado un lugar decoroso en la gran corriente de la historia de la ciencia moderna. Es por eso que podemos mirarnos a nosotros mismos en el límpido espejo de una gloria silenciosa.”

De Asúa escribe en la introducción de su libro: “A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la Argentina pudo construir el sistema científico más sólido y con mayores logros de toda Iberoamérica. Podremos mantenernos a esta altura o deslizarnos en el tobogán de la decadencia, pero lo que nos depare el porvenir no nos quitará nada de lo que hemos logrado”.

Para espantar cualquier pregunta vinculada a probables vaticinios, el autor cerró su charla con una frase que sonó a sentencia. “Los historiadores nos ocupamos del pasado, no del futuro”.
Por Roberto Garrone / Fotos de Diego Izquierdo

06/10/10
REVISTA PUERTO

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