(FNM) Estaba hablando con el capitán de un buque tanque que operó unos meses atrás en las aguas infestadas de piratas del Océano Índico, acerca de cómo se preparaba mentalmente para el siguiente viaje, ya próximo a iniciarse. Es la misma sensación, dijo, que imagino que sentían los que iban a la guerra, 70 años atrás.
(FNM) Estaba hablando con el capitán de un buque tanque que operó unos meses atrás en las aguas infestadas de piratas del Océano Índico, acerca de cómo se preparaba mentalmente para el siguiente viaje, ya próximo a iniciarse. Es la misma sensación, dijo, que imagino que sentían los que iban a la guerra, 70 años atrás.
Y fue una guerra –aunque con otro nombre- para el Capitán Seog Hae-Gyun, quien en enero pasado estaba al mando del buque quimiquero “SAMHO JEWELRY” cuando fue abordado por una banda de piratas somalíes. La tripulación se puso a resguardo en la ciudadela dispuesta para el caso, pero los piratas –fuertemente armados- lograron vulnerarla y capturar a los marinos, recluyéndolos en el puente. Y así se abría para ellos, un largo período de horror frente a las costas de Somalia.
Pero los piratas no habían considerado el nivel de determinación del capitán surcoreano. Durante los dos siguientes días, él condujo el buque en un rumbo zigzagueante, ocultando a sus captores que su arrumbamiento general apuntaba a alejarse de Somalia, en lugar de ir hacia su costa. De algún modo se las arregló para contaminar el combustible de modo que fallaran los motores, fingir que algo funcionaba mal en el sistema de timón, y reducir la velocidad del barco de catorce a seis nudos, manteniendo el buque fuera de las aguas somalíes tanto como le fuera posible, de modo que las unidades navales de la Armada de Corea del Sur tuvieran tiempo de intentar un rescate. Sin embargo, los piratas comenzaron a sospechar y golpearon salvajemente al capitán, fracturándole sus piernas y hombros. Fue obligado a comunicarse con su compañía naviera en inglés, pero de alguna manera se las arregló para insertar información en coreano dentro de los mensajes, para informar a los buques de guerra sobre su situación real.
Cuando despuntaba el sol en la jornada del 21 de enero, un equipo del destructor “CHOI YOUNG” montó una operación de rescate, y para las 06.30 había logrado el control completo del buque. Pero quedaban tres piratas sueltos en la timonera, y a pesar de sus heridas, el capitán logró advertir la situación al grupo naval de asalto por VHF. Los piratas, enfurecidos, dispararon entonces cuatro veces al Capitán Seog, incluidos dos balazos en el abdomen, en un cruel acto de venganza cuando los comandos coreanos los cercaron. Ocho piratas resultaron muertos y cinco capturados. Los 21 tripulantes fueron liberados.
El capitán, gravemente herido, recibió un tratamiento de emergencia por parte del grupo de rescate, y fue evacuado en helicóptero a un hospital de Oman, y finalmente a Corea del Sur donde fue intervenido quirúrgicamente. Pasó cerca de un mes, antes de que este bravo marino mercante recuperara la conciencia. El Capitán Seog, cuyo entrenamiento y carrera no lo prepararon para una eventualidad armada y de tanta violencia, estuvo –efectivamente- en una guerra, en la que se desempeñó con gran distinción.
Al presentar el premio de la Organización Marítima Internacional al Valor Excepcional en el Mar al Capitán Seog, quien a diez meses del ataque todavía necesita de bastones para caminar, el secretario general de la organización, Efthimios Mitropoulos, dijo que el capitán “actuó con rapidez mental, coraje y extrema valentía para proteger a todas las vidas que dependían de él y de sus decisiones. Sus arrojadas acciones lo dejaron con serias heridas, y casi le costaron la vida”.
El accionar y las duras pruebas atravesadas por este bravo capitán, agregó Mitropoulos, tienen una particular resonancia este año, “en el que la piratería ha estado en el epicentro de nuestras actividades, sacudiéndonos y motivándonos a orquestar una respuesta creíble para esta amenaza”.
Este premio anual, que fue creado por el mismo secretario general próximo a dejar su cargo, en parte como una manera de despertar conciencia sobre la deuda de la sociedad hacia la gente de mar, y a reconocer las cualidades especiales que los marinos están frecuentemente llamados a demostrar, ha constituido una iniciativa realmente valiosa. La gente que pasa su vida de trabajo “sobre el horizonte”, y lejos del conocimiento del público general, tiene bien merecido este reconocimiento en un evento diplomático de alto perfil y ante la Asamblea de la OMI.
El hecho de que se hayan registrado 38 nominaciones para el premio de este año, parece sugerir que mucha gente valerosa está recibiendo finalmente un reconocimiento a su coraje.
Entre los que recibieron menciones especiales, se encuentran nadadores de rescate que rutinariamente ponen su vida en riesgo, tripulantes que fueron más allá de sus deberes para extinguir incendios en buques en llamas y rescatar a náufragos en medio de fuertes temporales, tripulantes de helicópteros de rescate, pescadores que salvaron a otros en un tifón y tripulantes de un barco “supply” quienes pusieron en riesgo sus vidas para rescatar sobrevivientes de la tormenta de fuego desatada en la plataforma “Deepwater Horizon”.
La gente recibe premios por todo tipo de cosas en estos días, en una suerte de ritual que parece haberse desprendido de los Oscar. Pero solo en algunas oportunidades uno se encuentra con una conducta realmente muy meritoria, muy humilde y que al mismo tiempo eleva todos los espíritus. El premio del Capitán Seog cae firmemente dentro de esta categoría muy especial. Esperamos que se recupere pronto.
Por Michael Grey
Adaptado al español por NUESTROMAR. Fuente: Lloyds List; 28/11/11
02/12/11
NUESTROMAR
